Poesía
Humberto Garza
WEBMASTER: Jesús Herrera Peña
CANCIONES
de

Rafael de León
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INDICE
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Tu eres mi marío Almudena
No me quieras tanto La Zarzamora
Con divisa verde y oro ¡Mañana sale!
Cárcel de oro Romance de Valentía
Y sin embargo te quiero Romance de la Reina...
Triniá Tatuaje
Ojos verdes Chiquita la Piconera



TÚ ERES MI MARÍO

I
¿Por qué inclinas la cabesa?
¿Por qué llegas a la mesa
sin mirarme cara a cara?
¿Qué cavilas? ¿Dónde estás?
Como si un remordimiento
te amargara el pensamiento
y un delito me ocurtaras
que no puedes confesá.
¿Qué te pasa a ti, arma mía,
que despresias la comía,
que te está asomando er llanto
sin motivo ni rasón
y te pones amarillo
cuando miras er cuchillo
como si te diera espanto
de una mala tentasión?


ESTRIBILLO

Toma tu copita,
tu sigarro puro,
y anda y que te miren las niñas bonitas.
¡Te tengo seguro!
Que si ayer viniste
casi amanesiendo
fue por los amigos... Que te entretuviste...
¡Yo to lo comprendo!
Yo soy mu dichosa,
yo no desconfío...
Por más que le gustes a las buenas mosas...
¡Tú eres mi marío!

II
¿Por qué duermes intranquilo?
¿Por qué vives siempre en vilo
si yo no te pido cuentas
de ande vienes y ande vas?
¡Si es por mí por quien suspiras!
Lo demás sé que es mentira...
Ni le pasas una renta,
ni es tu amó, ni lo será.
Ni mereses un castigo
porque hablando tú conmigo
te equivoques y me suertes
otro nombre de mujé...
Son cosillas pasajeras
que, si yo me las creyera,
meresiera hasta la muerte
por dudá de tu queré.

ESTRIBILLO

Ese oló que llevas
a mí no me asusta...
Tú te has perfumado por hasé la prueba...
Pa ve si me gusta.
Toma, este pañuelo...
¿Quién te lo ha prestao?
No me gastes bromas para darme selos...
¡Qué susto m'has dao!
Vete a da una güerta,
tráeme argún regalo,
que yo no m'acuesto... Yo estaré en la puerta
por si vienes malo.

ESTRIBILLO (repetición)

No vivas pendiente
del murmullo ajeno,
ni de que me venga contando la gente...
¡Yo sé que eres bueno!
¡Yo soy mu dichosa!
¡Yo no desconfío!...
Son criticasiones de cuatro envidiosas...
¡Yo sé que eres mío!

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ALMUDENA

I

Yo iba vendiendo violetas
una tarde de mayo por la Plaza de Oriente,
y me encontré con sus ojos
que me dieron la vida y me dieron la muerte.
¿Me querrás un poquito?,
él me dijo bajito
con voz de primavera.
Te querré tanto, y tanto,
que puede que con llanto
no pague lo que te quiera.
Y aquella tarde clara
no vendí mis violetas en la Plaza de Oriente,
ni escuché aquel romance
que cantaban los niños enredor de la fuente.

ESTRIBILLO

Almudena, mi Almudena,
no te vayas tú de aquí,
que él es duque y tú una pobre
violetera de Madrid.
A ese hombre lo hemos visto
con el rey ir y venir,
con su sable y su plumero
y su capa carmesí.
Arroyo claro, fuente serena.
Si te vas con el duque,
¡pobre Almudena, pobre Almudena!

II

Ya no vendí más violetas
y viví entre damascos como reina y señora,
pero su amor fue cambiando
y ahora soy yo quien pide, quien suplica y quien llora.
Y papá ¿nunca viene?,
me pregunta quien tiene
derecho a preguntarme.
Y le digo: mañana.
Y miro a la ventana
para no delatarme.
Y ahora he vuelto de nuevo a pasar como entonces
por la Plaza de Oriente,
y he escuchado el romance que cantaban los niños
enredor de la fuente.

ESTRIBILLO

¿Dónde vas, pobre Almudena?
¿Dóde vas triste de ti?
Voy en busca de mi amante
que ayer tarde no lo vi.
Nosotros sí que lo vimos
con su capa carmesí.,
dando el brazo a una duquesa
más bonita que un jazmín.
Arroyo claro, fuente serena.
Olvídate del duque,
¡pobre Almudena, pobre Almudena!
__ __ __

(recitado)

Él me dijo que vendría
antes que llegase abril,
con un anillo de oro
para conmigo cumplir.

(cantado)

No lo esperes, Almudena,
porque nunca ha de venir,
que él es duque y tú una pobre
violetera de Madrid.
Arroyo claro, fuente serena.
Olvídate del duque,
¡pobre Almudena, pobre Almudena!

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NO ME QUIERAS TANTO

I

Yo tenía veinte años
y él me doblaba la edá.
En mis sienes había noche
y en las suyas madrugá.
Antes que yo lo pensara mi gusto estaba cunplío;
na me faltaba con él.
Me quería con locura, con tos sus cinco sentíos,
yo me dejaba queré.
Amor me pedía
como un pordiosero,
y yo le clavaba, sin ver que sufría,
cuchillos de acero.

ESTRIBILLO

¡No me quieras tanto
ni llores por mí!
No vale la pena que por mi cariño
te pongas así.
Yo no sé quererte
lo mismo que tú,
ni pasar la vida pendiente y esclava
de esa esclavitú.
¡No te pongas triste, sécate ese llanto!
Hay que estar alegre, mírame y aprende:
¡No me quieras tanto...!

II

Con los años y la vía
ha cambiado mi queré
y ahora busco de su labios
lo que entonces desprecié.
Cegaíta de cariño yo le ruego que me ampare,
que me tenga cariá.
Se lo pido de rodillas por la gloria de su mare
y no me sirve de na.
Como una mendiga
estoy a su puerta
y con mis palabras mi pena castiga
dejándome muerta.

(AL ESTRIBILLO)

ESTRIBILLO (Repetición)

De to lo del mundo sería capaz,
con tal que el cariño que tú me tuviste
volviera a empezar.
Por lo que más quieras sécame este llanto
maldigo la hora en que yo te dije:
"¡No me quieras tanto!"

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LA ZARZAMORA

I

En el café de Levante, entre palmas y alegría,
cantaba la Zarzamora.
Se lo pusieron de mote porque dicen que tenía
los ojos como la mora.
Le habló primero a un tratante, y olé,
y luego fue de un marqué
que la llenó de brillantes, y olé,
de la cabeza a los pié
Decía la gente que si era de hielo,
que si de los hombres se estaba burlando,
hasta que una noche, con rabia de celos,
a la Zarzamora pillaron llorando.

ESTRIBILLO

¿Qué tiene la Zarzamora
que a todas horas llora que llora
por los rincones?
Ella que siempre reía
y presumía de que partía
los corazones.
Del querer hizo la prueba
y un cariño conoció
que la trae y que la lleva
por la calle del doló.
Los flamencos del colmao
la vigilan a deshora,
porque están empesinaos
en saber del queré desgrasiao
que embrujó a la Zarzamora.

II

Cuando sonaban las doce, una copla de agonía
lloraba la Zarzamora,
mas nadie daba razones ni el intríngulis sabía
de aquella pena traidora.
Pero una noche al Levante, y olé,
fue a buscarla una mujé;
cuando la tuvo delante, y olé,
se dijeron no sé qué.
De aquello que hablaron ninguno ha sabío,
mas la Zarzamora lo dijo llorando
en una coplilla que pronto ha corrío
y que ya la gente la va publicando:

ESTRIBILLO

¿Qué tiene la Zarzamora
que a todas horas llora que llora
por los rincones?
Ella que siempre reía
y presumía de que partía
los corazones.
"Lleva anillo de casao",
me vinieron a desí,
pero ya lo había besao
y era tarde para mí.
Que publiquen mi pecao
y el pesar que me devora
y que tos me den de lao
al saber del querer desgrasiao
que embrujó a la Zarzamora.

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CON DIVISA VERDE Y ORO

I
Vino en un rayo de luna,
de luna del mes de enero;
era un chiquillo de Osuna
que quería ser torero.
-Ganadera salmantina,
yo la nombro por madrina,
que, el dinero y el cartel,
si algún día los consigo,
pongo al cielo por testigo
que me caso con usted.
Un ¡ole! en la tienta
por su valentía
y un duende en mis venas
que así me decía:

ESTRIBILLO

Ganadera con divisa verde y oro,
ten cuidado,
que el amor no te sorprenda como el toro
desmandado.
Por tu hacienda y tu apellío
se te guarda devoción,
y un clavel en tu vestío
llamaría la atención.
En tus ojos se adivina
la locura de un "te adoro".
Has de ser como la encina,
ganadera salmantina
con divisa verde y oro.

II

Ya es un torero de fama,
dinero y categoría;
ya es su pasión una llama
que me ronda noche y día.
Por tres veces me ha pedido
que lo tome por marido,
por tres veces dije ¡no!,
y la causa está en Osuna,
morenita de aceituna
que por mí se le olvidó.
Y son, en mis noches
de penas mortales,
cuchillos las coplas
de mis mayorales:

ESTRIBILLO

Ganadera con divisa verde y oro,
dueña mía,
cuánto diera por salvarte de ese toro
de agonía.
Con tu hacienda y tu apellío
ya te sobra en qué pensar
y hasta el luto del vestido
te lo debes de quitar.
Porque así no se adivina
que esterrastes un "te adoro"
bajo el tronco de una encina,
ganadera salmantina
con divisa verde y oro.

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¡MAÑANA SALE!

I

Tiene el color del semblante
de una virgen de marfil,
lleva en los labios un cante
y en la mano un QUINCE MIL.
De un coche de dos caballos
sale una voz con corona:
"Si quieres, rosa de mayo,
seré el vasallo de tu persona".
Palabras que lleva el viento
y luto en el corazón...
La calle del Sacramento
sintió el lamento
de su pregón.

ESTRIBILLO

¿A quién le vendo la suerte?
¡Mañana sale y está premiado!
(Mis ojos tienen que verte
por tres puñales atravesado).
¡La fortuna, pa mañana!
¿Quién me compra un QUINCE MIL?
(Te repiquen las campanas
a la hora de morir).
¡Cuatro series!, ¡qué bonitas!
¡Voy tirando los caudales!
¡Son de doña Manolita!
¿Quién me compra esta penita?
¡Mañana, mañana sale!

II

Yendo de juerga en su coche
con corona de marqués,

le dieron muerte una noche
en la calle Lavapiés.
Nadie el motivo sabía,
nadie conoce la clave.
La niña que le vendía
la lotería sí que lo sabe.
Quizás un mismo cuchillo
vengó una doble traición.
Envuelto en su mantoncillo
va el estribillo de esta canción:

ESTRIBILLO

¿A quién le vendo la suerte?
¡Mañana sale y está premiado!
(A mí me dieron la muerte
con los puñales que te han clavado).
¡La fortuna, pa mañana!
¿Quién me compra un QUINCE MIL?
(Que me doblen las campanas
y me entierren junto a ti).
¡Cuatro series!, ¡qué bonitas!
¡Voy tirando los caudales!
¡Son de doña Manolita!
¿Quién me compra esta penita?
¡Mañana, mañana sale!

ESTRIBILLO (final)

Y en el filo de la aurora,
desde Sol a Chamberí,
nadie sabe por qué llora
pregonando un QUINCE MIL.
¡Cuatro series!, ¡qué bonitas!
¡Voy tirando los caudales!
¡Son de doña Manolita!
¿Quién me compra esta penita?
¡Mañana, mañana sale!

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CÁRCEL DE ORO

I

Cuando tú me diste amparo no era más que una gitana
con un traje de volantes y una enagua armidoná,
y me vi por tu cariño, de la noche a la mañana,
convertía en una reina de brillantes coroná.
Pero a mí desde el principio me cansaba tu ternura,
me agobiaba aquel encierro que me impuso tu pasión,
y una noche en que tus celos me colmaron de amargura
con la hiel de mis palabras yo maté tu corazón:

ESTRIBILLO

Tanto decirme "te quiero", -te quiero-,
yo no lo puedo aguantá,
como un pájaro me muero, -me muero-,
necesito libertá.
Abre puertas y cerrojos
que me dé la luz del sol,
que están ciegos ya mis ojos
de tinieblas y doló.
Por mi mare yo te imploro y te lloro
que no pienses más en mí;
no te quiero, no te adoro,
y no sirvo pa viví
en esa cárcel de oro.

II

Y con prisa por dejarte yo me fui por los caminos,
con mis coplas y mis sueños y mis ansias de viví
y ar momento mis volantes se enredaron entre espinos
y los nardos y las rosas fueron cardos para mí.
Del vinagre que ahora bebo la curpita es sólo mía
y mardigo hasta la hora que probé la libertá.
Pordiosera de cariño te suplico noche y día
que en la cárcel de tus brazos tú me vuelvas a encerrá.

ESTRIBILLO

Vuelve a decirme "te quiero", -te quiero-,
vuelve a decirlo, por Dio,
sin oirlo yo me muero, -me muero-,
como un nardo sin oló.
Pa borrarte los agravios
que te hice padecé,
si pudiera de mis labios
me arrancara hasta la piel.
Vale más que los tesoros del moro
tu cariño para mí.
Por tu madre yo te imploro
que me encierres pa viví
en esa cárcel de oro.

ESTRIBILLO (final)

A una fragua yo me echara
pa salí purificá,
si de nuevo tú en mi cara
te volvieras a mirá.
Vale más que los tesoros del moro
tu cariño para mí.
Por tu madre yo te imploro
que me encierres pa viví
en esa cárcel de oro.

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ROMANCE DE VALENTÍA

I
Era muy poco en la vía,
tan poco, que nada era.
Por no tener no tenía
ni mare que lo quisiera.
Era un triste afisionao
que buscaba la ocasión
de dejar en un cercao
frente a un toro el corazón.
Romance de valentía,
escrito con luna blanca
y gracia de Andalucía
en campo de Salamanca.

ESTRIBILLO

Embiste, toro bonito,
embiste por cariá.
Morir se me importa un pito
pues nadie me iba a llorá.
Aquí no hay plaza ni nombre
ni traje tabaco y oro,
aquí hay un niño muy hombre
que está delante de un toro.
En matarme no repares,
te concedo hasta el perdón,
y como no tengo mare,
la Macarena me ampare
si me cuelgas de un pitón.

II

Todas las noches saltaba
sin miedo la talanquera
y a cara y cruz se jugaba
al toro la vía entera.
Quizá fuera colorao
el buré que lo embistió
y mordiendo su costao
malherido le dejó.
Romance de valentía
teñido con luna blanca
y sangre de Andalucía
en campo de Salamanca.

ESTRIBILLO

¡Adios, plaza de Sevilla,
ya nunca me habrás de ve
pisar tu arena amarilla
con tanto que lo soñé!
¡Adios, capote de sea,
que fuiste mi compañero,
morir en esta pelea
es cosa de buen torero!
Ya vestío de alamares
no ha de verme la afición,
y como no tengo mare,
la Macarena me ampare
y me dé su bendición.

(Recitado)

Allí quedó ante la fiera,
ninguno lo vio caé,
nadie rezó tan siquiera
un padrenuestro por é.

(Cantado)

Por él ninguna serrana
lloró de luto vestía.
Por él ninguna campana
dobló amaneciendo el día.
Pero, en cambio, entre asusenas
y entre velas enrisás,
en San Gil la Macarena
sí que lloraba de pena
por la muerte del chavá.

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Y SIN EMBARGO TE QUIERO

I
Me lo dijeron mil veses,
mas yo nunca quise poner atención.
Cuando vinieron los llantos
ya estabas muy dentro de mi corazón.
Te esperaba hasta muy tarde,
ningún reproche te hasía;
lo más que te preguntaba
era que si me querías.
Y bajo tus besos en la madrugá,
sin que tú notaras la cruz de mi angustia
solía cantá:

ESTRIBILLO

Te quiero más que a mis ojos,
te quiero más que a mi vía,
más que al aire que respiro
y más que a la mare mía.
Que se me paren los pulsos
si te dejo de queré,
que las campanas me doblen
si te farto arguna ve.
Eres mi vía y mi muerte,
te lo juro, compañero,
no debía de quererte,
no debía de quererte
y sin embargo te quiero.

II

Vives con unas y otras
y na se te importa de mi soledá;
sabes que tienes un hijo
y ni el apellido le vienes a da.
Llorando junto a la cuna
me dan las claras del día;
¡mi niño no tiene pare...
qué pena de suerte mía!
Anda, rey de España, vamos a dormí...
Y, sin darme cuenta, en ve de la nana
yo le canto así:

(AL ESTRIBILLO) ...y Fin.

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ROMANCE DE LA REINA MERCEDES

I
Una dalia cuidaba Sevilla
en el parque de los Mompansié,
ataviada de blanca mantilla
parecía una rosa de té.
De Madrid con chistera y patillas
vino un real mozo muy cortesano
y a Mercedes besó en las mejillas
pues son los niños primos hermanos.
Un idilio de amor empezó a sonreir...,
mientras cantan en tono menor
por la orillita del Guadalquivir:

ESTRIBILLO

María de las Mercedes,
no te vayas de Sevilla,
que en nardo trocarse puede
el clavel de tus mejillas.
Que quieras o que no quieras
y aunque tú no dices nada
se nota por tus ojeras
que estás muy enamorada.
Rosita de Andalucía,
Amor te prendió en sus redes
y puede ser que algún día
amor te cueste la vía,
María de las Mercedes.
II

Una tarde de la primavera
Merceditas cambió de color
y Alfonsito, que estaba a su vera,
fue y le dijo: "¿Qué tienes, mi amor?"
Y lo mismo que una lamparita
se fue apagando la soberana,
y las rosas que había en su carita
se le volvieron de porcelana.
Y Mercedes mirió empezando a vivir,
y a la plaza de Oriente, ¡ay dolor!,
para llorarla fue todo Madrid.

ESTRIBILLO

María de las Mercedes,
mi rosa más sevillana,
¿por qué te vas de mis redes
de la noche a la mañana?
De amores son mis heridas
y de amor mi desengaño
al verte dejar la vida
a los dieciocho años.
Adiós, princesita hermosa,
que ya besarme no puedes.
Adiós, carita de rosa,
adiós, mi querida esposa,
María de las Mercedes.

ESTRIBILLO (final)

En hombros por los Madriles,
cuatro duques la llevaron
y se contaron por miles
los claveles que la echaron.
Te vas camino del cielo
sin un hijo que te herde.
España viste de duelo
y el rey no tiene consuelo,
¡ay, María de las Mercedes!


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TRINIÁ

I
Al Museo de Sevilla
iba a diario Juan Miguel
a copiar la maravillas
de Murillo y Rafael.
Y por las tardes, como una rosa
de los jardines que hay en la entrá,
pintaba a Trini, pura y hermosa,
como si fuera la Inmaculá.
Y decía el chavalillo:
"Pa que voy a entrar ahí,
si es la Virgen de Murillo
la que tengo frente a mí".

ESTRIBILLO

Triniá, mi Triniá,
la de la Puerta Real,
carita de nazarena,
con la Virgen Macarena
yo te tengo compará;
algo tu vida envenena,
qué tienes en la mirá
que no me pareces buena,
Triniá, mi Trini, ay... mi Triniá.

II

El Museo sevillano
un mal día visitó
un banquero americano
que de Trini se prendó.
Y con el brillo de los diamantes
la sevillana quedó cegá
y entre los brazos de aquel amante
huyó de España la Triniá.
Y ante el cuadro no acabao
así decía el pintor:
"Tú me has hecho desgraciao,
sin ti qué voy a hacer yo".

(AL ESTRIBILLO)

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TATUAJE

I
Él vino en un barco de nombre extranjero,
lo encontré en el puerto un anochecer
cuando el blanco faro sobre los veleros
su beso de plata dejaba caer.
Era hermoso y rubio como la cerveza;
el pecho tatuado con un corazón.
En su voz amarga había la tristeza,
doliente y cansada, del acordeón.
Y entre dos copas de aguardiente
sobre el manchado mostrador
él fue contándome entre dientes
la vieja historia de su amor:

ESTRIBILLO

Mira mi brazo tatüado
con este nombre de mujer.
Es el recuerdo del pasado
que nunca más ha de volver.
Ella me quiso, y me ha olvidado,
en cambio, yo no la olvidé,
y para siempre voy marcado
con este nombre de mujer.

II

Él se fue una tarde con rumbo ignorado
en el mismo barco que lo trajo a mí,
pero entre mis labios se dejó olvidado
un beso de amante que yo le pedí.
Errante lo busco por todos los puertos;
a los marineros pregunto por él,
y nadie me dice si está vivo o muerto
y sigo en mi duda, buscándolo fiel.
Y voy sangrando lentamente,
de mostrador en mostrador,
ante una copa de aguardiente
donde se ahoga mi dolor.

ESTRIBILLO

Mira tu nombre tatüado
en la caricia de mi piel,
a fuego lento lo he marcado
y para siempre iré con él.
Quizá ya tú me has olvidado,
en cambio, yo no te olvidé,
y hasta que no te haya encontrado
sin descansar te buscaré.

(Recitado)

Escúchame, marinero,
y dime: ¿qué sabes de él?
Era gallardo y altanero,
y era más dulce que la miel.
Mira su nombre de extranjero
escrito aquí, sobre mi piel.

(Cantado)

Si te lo encuentras, marinero,
dile que yo muero por él.

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OJOS VERDES

I

Apoyá en er quisio de la mansebía
miraba ensenderse la noche de mayo;
pasaban los hombres y yo sonreía
hasta que a mi puerta paraste el caballo.
"Serrana, ¿me das candela?"
Y yo te dije: "Gaché,
ven y tómala en mis labios
que yo fuego te daré".
Dejaste er caballo
y lumbre te di,
y fueron dos verdes luceros de mayo
tus ojos pa mí.

ESTRIBILLO

Ojos verdes, verdes como la albahaca.
Verdes como el trigo verde
y el verde, verde limón.
Ojos verdes, verdes, con brillo de faca,
que están clavaítos en mi corazón.
Pa mí ya no hay soles, luceros ni luna,
no hay más que unos ojos que mi vía son.
Ojos verdes, verdes como la albahaca.
Verdes como el trigo verde
y el verde, verde limón.

II

Vimos desde el cuarto despertar el día
y sonar el alba en la Torre la Vela.
Dejaste mis brazos cuando amanecía
y en mi boca un gusto de menta y canela.
"Serrana, para un vestío
yo te quiero regalá".
Yo te dije: "Estás cumplío,
no me tienes que dar na".
Subiste ar caballo,
te fuiste de mí
y nunca una noche
más bella de mayo
he vuelto a viví.

(AL ESTRIBILLO)

(... y Fin)

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LA CHIQUITA PICONERA

I

El pintor la respetaba
lo mismo que algo sagrao
y su pasión le ocultaba
porque era un hombre casao.
Ella lo camelaba con alma y vía
hechisá por la magia de su paleta
y al igual que una llama se consumía
en aquella locura negra y secreta.

ESTRIBILLO

Y cuando de noche Córdoba dormía...
y era como un llanto la fuente del Potro,
una voz decía:
¡Ay, chiquita piconera,
mi piconera chiquita!
Esta carita de cera
a mí el sentío me quita.
Te voy pintando, pintando
ar laíto der brasero
y a la vez me voy quemando
de lo mucho que te quiero.
¡Várgame San Rafael,
tener el agua tan cerca
y no poderla bebé!

II

Ella rompió aquel cariño
y le dio un cambio a su vía,
y el pintor iguá que un niño
lloró al mirarla perdía.
Y cambió hasta la línea de su pintura,
y por calles y plazas lo vió la gente
deshojando la rosa de su amargura
como si en este mundo fuera un ausente.

ESTRIBILLO

Y cuando de noche Córdoba dormía...
y era como un llanto la fuente del Potro,
el pintor gemía:
¡Ay, chiquita piconera,
mi piconera chiquita!
Toa mi vía yo la diera
por contemplar tu carita.
Mira tú si yo te quiero
que sigo y sigo esperando
ar laíto der brasero
para seguirte pintando.
¡Várgame la Soleá,
haber querío orvidarte
y no poderte orviá!

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