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LEYENDAS...¿urbanas?

En esta seccion recopile algunas leyendas locales y de el estado de Guanajuato, asi que si eres facil de sugestionar o asustadizo....no entres....tal vez se te aparezcan los personasjes de estas leyendas

Espantan en el Puente de Santa Ana
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Todos los automovilistas -cada quien de diferente manera- cuentan que al pasar por el puente de Santa Ana, a las doce de la noche, han visto un abominable espectro.
Por cierto que el puente de Santa Ana se encuentra a unos veinte kilómetros de la capital de Guanajuato, sobre la carretera que va a Silao y atraviesa el arroyo del mismo nombre para dar paso a los vehículos y a los peatones.

Hecha esta pequeña aclaración vayamos al asunto.

Los viandantes al cruzar el puente, a la hora que hemos mencionado, les sorprende una luz potentísima, a corta distancia; tanto así que les obliga reducir la velocidad hasta casi detenerse y salirse de la carretera, pues en lo primero que se piensa es en un camión, o un autobús que no quiere hacer el cambio de luces.

Pero al percatarse de que es sólo un faro y no dos, y de que la luz no avanza, la sorpresa aumenta hasta llegar al asombro, pues de súbito aquel faro enorme que deslumbra por instantes, desaparece sin dejar huella. Los viajeros no aciertan a comprender tal fenómeno, ni nada que revele la presencia de objeto alguno.

Qué significa entonces esa luz, a esa hora y de tan extrañas proporciones?

Hay otros testigos que refieren sus impresiones de modo bien distinto. Afirman que en ese sitio y que a esa hora, inmediatamente que pasan el puente, descubre a mitad de la carretera la sombra de una figura que corresponde sin duda a la de una mujer.

Naturalmente que detienen la marcha y lo primero que sienten es el deseo de auxiliarla, al ver que esta sola en el camino y en a esas horas de la noche. Paran el auto, la mujer sube y cuando poco más adelante voltean hacia el asiento trasero, su sorpresa es mayúscula, pues la figura desaparece.

Y otros más nos dicen que hace poco menos de medio siglo, en u camiómon que iba al arroyo por viajes de arena, bajo uno de sus macheteros a quien se le antojó bañarse en las frescas aguas de la corriente, en la temporada de lluvias, y que inesperadamente vino la creciente y el muchacho, que no sabía nadar, se ahogó, precisamente a las doce de la noche.

Ahora, cuando pasa por allí un auto, el fantasma hace la seña para detenerlo, sube y sigue hasta llegar a Marfil (un pueblo cercano), donde se baja, puesto que allí vivía con su familia.

Cual versión es la verdadera y la que puede creerse?

Para salir de la duda lo mejor es correr la aventura en circunstancias propicias y pasar por el puente precisamente a las doce de la noche.

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La Llorona
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Una de las más viejas leyendas de estos contornos, que no por antigua pierde actualidad, sino por el contrario se reproduce con inaudita frecuencia, es la aparición de una mujer de cabellera desordenada y abundante que llora sus penas en medio del silencio de la noche, cuando todo parece estar en la más absoluta quietud.
Desde los tiempos de la dominación española, nuestros más insignes poetas, y escritores se ocuparon del tema y hasta hubo alguien que lo llevó al teatro Manuel Carpio, Juan de Dios Peza, Vicente Rivapalacio y otros más, dieron espacio y escenario en sus letras a la mujer en pena.

Y, sobre todo, qué trasnochador que la haya visto y oido no refiere la fantástica aparición con riqueza de detalles que hacen temblar de espanto?

Horrible y aterradora, nos decía hace poco un amigo nuestro que, pese a su innegable valor y bien probada hombría, sufrió encrespamiento de nervios al narrar el suceso.

Con decir a ustedes que hasta se alejó de la parranda por varios meses, nada más por llevar muy hondo el impacto de aquella visión.

En estas retorcidas callejas de Guanajuato, el gemido largo y lastimoso ha tenido eco en los rincones más callados, después de las once de la noche, cuando no hay en los callejones más alma que el minero que viene del turno de noche, cansado de rendir la jornada o bien trasnochador, que a esas horas, ya sin encontrar donde seguir la juerga, ve obligado al retorno al hogar.

Lo curioso es que el motivo de tanto dolor difiere de lugar en lugar y de persona a persona.

Unos dicen que es la casta novia que en vísperas de casarse perdió al bienamado galán y enloqueció ante el desgarramiento que le produjo el fracaso amoroso.

Otros cuentan que es la sombra doliente de una viuda que a la muerte del esposo y quedar desamparada, llora por la angutia de ver a sus hijos hambrientos, falleciendo en su presencia, sin poder remediar su situación y con gritos desgarradores llora su miseria.

Otros refieren que es la mujer dulce y buena a quien el marido quitó la vida en un arrebato de infundados celos, que viene a probar su inocencia.

Aquí en Guanajuato hay una versión particular que voy a referir a quien estas líneas leyere.

Tiempos de bonanza minera, cuando el dinero se gastaba con esplendidez. Se trataba de una hija de noble familia, rica y opulenta, con todos los atributos que hacen bella y codiciable a una mujer.

Sus padres la procuraban con singular esmero, pero los hombres la cortejaban con incansable galantería.

En medio de esta lucha callada vivía esta linda criatura, hasta que un día, !oh sorpresa!, del balcón de su alcoba colgada encontraron una soga hacia la calle.

La doncella de la bella joven es la primera en dar las voces de alarma. El lecho estaba intacto pero la alcoba vacía...

Mil conjeturas se hicieron en torno al suceso.

Pasó el tiempo y de una de las casas que dan a lo que fue el río de Guanajuato, hoy calle Hidalgo, a las doce de la noche, vistiendo un camisón blanco que llega hasta el suelo, sale una mujer que en brazos lleva un bulto pequeño envuelto en harapos, y caminando por Cantarranas llega a la plaza del Hinojo; allí, en el quicio de una puerta, lo deposita. Entonces, como espantada de su propia acción, exhala un alarido desgarrador, hondo y largo, que perfora los oidos y se posesiona de quien lo escucha...

Ya el lector se habrá percatado cuál habra sido la inocente travesura de la Llorona

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El Callejón del Beso
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Aportacion de:             Marlet. de León,GTO...Gracias!!

Se cuenta que Doña Carmen era hija única de su padre, un hombre intransigente y violento, pero como suele suceder, siempre triunfa el amor por infortunado que este sea. Doña Carmen era acortejada por su galán Don Luis, en un templo cercano al hogar de la doncella, primero ofreciendo de su mano a la de ella el agua bendita. Al ser descubierta sobrevivieron al encierro, la amenaza de enviarla a un convento, y lo peor de todo, casarla en España con un viejo y rico noble, con el que, además, acrecentaría el padre su mermada hacienda

La bella y sumisa criatura y su dama de compañía, Doña Brígida lloraron e imploraron juntas. Así, antes de someterse al sacrificio, resolvieron que Doña Brígida llevaría una carta a Don Luis con la nefasta noticia.

Mil conjeturas se hizo el joven enamorado, pero de ellas hubo una que le pareció la más acertada. Una ventana de la casa de Doña Carmen daba hacia un angosto callejón, tan estrecho, que era posible, asomado a la ventana, tocar con la mano la pared de enfrente.

Si lograra entrar a la casa frontera podría hablar con su amada, y entre los dos, encontrar una solución a su problema. Preguntó quién era el dueño de aquella casa y la adquirió a precio de oro.

Hay que imaginar cuál fue la sorpresa de Doña Carmen, cuando, asomada a su balcón, se encontró a tan corta distancia con el hombre de sus sueños. Unos cuantos instantes habían transcurrido de aquel inenarrable coloquio amoroso, y cuando más abstraidos se encontraban los amantes, del fondo de la pieza se escucharon frases violentas. Era el padre de Doña Carmen increpando a Brígida, quien se jugaba la misma vida por impedir que su amo entrara a la alcoba se su señora.

El padre aventó a la protectora de Doña Carmen, y con una daga en la mano, de un solo golpe la clavó en el pecho de su hija. Don Luis enmudeció de espanto...la mano de Doña Carmen seguía entre las suyas, pero cada vez más fría. Ante lo inevitable, Don Luis dejó un tierno beso sobre aquella mano tersa y pálida, ya sin vida.

Es por eso que en este lugar, sin duda uno de los más típicos de la ciudad de Guanajuato, se le llama El Callejón del Beso.

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