Lluvias

Palestina difería de Egipto en que su vegetación dependía de la lluvia, y no de la irrigación regular. El clima de Palestina  se caracteriza por una división del año en una estación lluviosa y una estación seca. Hacia el final de octubre empieza a darse a intervalos una lluvia frecuentemente tormentosa, durante uno o varios días seguidos. La Biblia llama a esto lluvia temprana. Esta lluvia inaugura el año agrícola al esponjar el cielo endurecido y resquebrajado por la sequía del verano, y podía comenzar el labrado de la tierra, seguido de la sementera. Las lluvias tardías son los fuertes chubascos de marzo y a mediados de abril. Son particularmente apreciados, por cuanto caen antes de la siega y de la larga sequía de los meses de verano. El invierno mismo con la estación lluviosa, como lo dice el sabio Salomón: Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue. (Can. 2:11)

 

La lluvia es una gran bendición de Dios. De hecho, esa es una de las promesas que el Señor hace si le obedecemos.  Si obedecéis cuidadosamente a los mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová, vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma,  yo daré la lluvia a vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía, y tú recogerás tu grano, tu vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados, y comerás hasta saciarte. (Dt. 11:13-15) En ocasiones la lluvia es esperada con verdadera ansiedad, ya que su ausencia puede marcar un verdadero castigo puesto que también puede ser usada por el Señor para castigar la desobediencia. Recordemos que Dios castigó a los habitantes de la tierra cuando se corrompieron, y les envió un diluvio de aguas sobre la tierra. Génesis 7:12 dice que hubo lluvia sobre la tierra 40 días y 40 noches. Ante la continua desobediencia del pueblo de Israel, Dios les dijo: También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; hice llover sobre una ciudad y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió se secó. Venían entonces dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban. Con todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová. (Amós 4:7-8)

 

Es por eso que el profeta Jeremías exhortaba al pueblo que se apartaba de Dios a recordar la lluvia temprana y tardía: Pero este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se apartaron y se fueron. Y no dijeron en su corazón: “Temamos ahora a Jehová, Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la siega.” (Jer. 5:23-24) Esa lluvia temprana se refiere espiritualmente a la gran bendición de la salvación que  recibimos cuando reconocemos a Cristo como nuestro Señor y nos mantenemos en sus caminos. El escritor de la epístola a los Hebreos nos exhorta a recibir esa bendición: La tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida y su fin es ser quemada. Pero en cuanto a vosotros, amados, estamos persuadidos de cosas mejores, pertenecientes a la salvación. (He. 6:7-9)

 

Hoy le exhortamos a recibir la lluvia temprana que es, Cristo y la tardía que, viene sobre nuestras vidas cuando éstas son llenas de la presencia del Espíritu Santo. Dios desea darte hoy su amor, su presencia para que la lluvia no se convierta en castigo sino en bendición sobre tu vida. El Señor Jesús te invita hoy a edificar tu vida sobre Él que es la Roca de los Siglos: A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero a cualquiera que me oye estas palabras y no las practica, lo compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (Mt. 24-27) Así que edifica tu vida hoy sobre la Roca de los Siglos, sobre Cristo el Señor.

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Last Updated: 12 de agosto de 2012