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La Sangre de Cristo
Tenemos que darle valor a la
sangre derramada por Jesús cuando por tus pecados y los míos. Veamos porqué: 1-
La sangre que sudó Jesús cuando oraba en el Monte de los Olivos, antes de ser
arrestado. Las Escrituras dicen que Jesús dijo: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa;
pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Entonces se le apareció un ángel
del cielo para fortalecerlo. Lleno de angustia oraba más intensamente, y era su
sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando el peso de
las cargas te hagan sudar, recuerda que el Señor está contigo. Él enviará
ángeles para fortalecerte. 2- La sangre derramada cuando se le colocó la
corona de espinas en la frente, y una caña en su mano derecha; e hincando la
rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: —¡Salve, rey de los judíos! La frente cubre la mente donde se albergan
los pensamientos del ser humano, que son de continuo al mal. Cuando Simeón
bendijo a Jesús porque sabía que era el Mesías prometido, dijo: Éste está
puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que
será contradicha
y una espada traspasará su alma,
para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. Dios nos da discernimiento para reconocer a Jesús como nuestro
Salvador. El apóstol Pablo dice: Pero el hombre natural no percibe las cosas
que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio, el
espiritual juzga todas las cosas, sin que él sea juzgado por nadie. ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién lo instruirá?
Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo.
3-: La sangre que
derramó Jesús cuando recibió los latigazos en la espalda. La Escritura dice: He aquí gran amargura me sobrevino en la
paz, pero a ti te agradó librar mi vida del hoyo de corrupción, porque echaste
tras tus espaldas todos mis pecados. Todos nuestros
pecados fueron cargados por Jesús en sus espaldas, y cuando él resucitó nos
justificó y nos salvó de la ira venidera, según el apóstol Pablo dice: el cual fue
entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. Con mucha
más razón, habiendo sido ya justificados en su sangre, por Él seremos salvos de
la ira. 4-: La sangre que derramó Jesús cuando le arrancaron la barba, según había
sido profetizado por Isaías: el
Señor, me abrió el oído, y yo no fui rebelde ni me volví atrás. Di mi cuerpo a los heridores y mis mejillas
a los que me arrancaban la barba; no aparté mi rostro de injurias y de esputos.
Porque Jehová, el Señor, me ayuda, no me avergoncé; por eso he puesto mi rostro
como un pedernal, y sé que no seré
avergonzado. Cuando te
humillen, recuerda que Señor nos
exhorta a poner la otra mejilla. Pero yo os
digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la
mejilla derecha, vuélvele también la otra. El profeta Isaías refiriéndose a Cristo dice: Despreciado y
desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimiento; y
como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. Cuando sientas que otras personas te desvalorizan y no te estiman como
mereces, recuerda que recibiste tu salvación de uno que fue menos preciado. 5-:
La sangre que brotó cuando clavaron las manos de Jesús preparó nuestras manos como
instrumentos de bendición a otros. Jesús dijo a sus discípulos y sus creyentes:
Tomarán serpientes en las manos y, aunque beban cosa
mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanará.n
6-: La sangre que brotó cuando clavaron los pies de Jesús abrió el camino
para que llevemos el mensaje de salvación a otros. El apóstol Pablo declara: ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como
está escrito: «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los
que anuncian buenas nuevas!» Y 7: La sangre que
brotó del costado de Jesús trajo la redención de toda la creación que había
recibido la maldición cuando Adán y Eva
pecaron, según Gé. 3:17: Por
cuanto obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del árbol de que te mandé
diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa”.Hasta el día en
que brotó la sangre del costado de Jesús, la tierra clamaba por su redención.
El apóstol Pablo dice: Por tanto,
también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la
libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que
toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.
Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que
tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros
mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Cuando cayó la primera gota de sangre de Jesús en la tierra no sólo
ésta recibió la redención sino también el ser humano. El apóstol Pablo lo
explica cuando dice: Cristo
nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues
está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»), para que en
Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por
la fe recibiéramos la promesa del Espíritu. Debemos siempre debemos
valorizar la sangre de Jesús derramada en la Cruz del Calvario que nos limpió
de todo pecado. Recordemos las palabras del apóstol Juan en Apocalipsis: Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de
los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama, nos ha
lavado de nuestros pecados con su sangre y
nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, a él sea gloria e imperio por
los siglos de los siglos. Amén
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