Menguar para que El Crezca

¿Quién fue Juan el Bautista? Para muchos, Juan fue ese profeta excéntrico que vestía ropa de piel de camello, que vivía en los lugares desiertos y se alimentaba de saltamontes endulzados con miel silvestre. Ése que fue enviado por Dios antes que Jesús comenzara su ministerio terrenal a preparar el camino al Señor. Como profeta, cuando se vio en la necesidad de declarar el pecado público del rey Herodes, no se amedrentó, no buscó excusas ni pensó en las consecuencias, y le declaró a Herodes que no podía relacionarse sexualmente con la esposa de su hermano. Por este evento pagó con su muerte su obediencia al Señor. Pero lo más sorprendente de todo lo ocurrido en la historia de Juan el Bautista es que Cristo apuntó el hecho de que los hombres nacidos de mujer (incluidos Moisés y Abraham), no había nacido otro profeta mayor, ni más grande que Juan el Bautista.  

 

Cristo se refirió a Juan en los términos más hermosos jamás expresados sobre un ser humano. Jesús indicó que Juan no era una caña sacudida por el viento, como una veleta, ni se vestía con vestiduras delicadas, ni que su lugar estaba entre los reyes de la tierra, sino que públicamente exaltó su carácter como uno de verdadero profeta y hombre d Dios. Ésa era la opinión que, Jesús tenía de Juan el Bautista. Sin embargo, lo interesante de todo esto es que el mismo Juan nunca pensó de sí mismo de este modo. Al contrario, al ser cuestionado e indagado por personas acerca de quién era él: “Yo soy una voz que clama en el desierto. Detrás de mí viene aquél de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado”. (Jn. 1:23, 27) Y finalmente, refiriéndose a Jesús dijo: “Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe”. (Jn. 3:30)

 

Los tres principios bíblicos de lo que implica menguar para que Él crezca los establece el Señor Jesús. Primero: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. (Mr. 8:34)  Segundo: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mt. 10:39) Tercero: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo”. (Lc. 14:33) Amados, necesitamos hombres y mujeres con el corazón y carácter de Juan el Bautista, de quien Jesús tuvo la opinión más elevada. Cristianos mansos y humildes con un corazón contrito y humillado, dispuestos a menguar para que Él crezca. Es necesario morir a nosotros mismos, e imitar al apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. (Ga. 2:20)

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Last Updated: 9 de septiembre de 2012