El Cielo Si Existe

Hermanos, he leído muchos libros sobre distintos temas. La Biblia, sin lugar a dudas es el libro número uno. Ningún libro se puede comparar con la Biblia. En este libro Dios habla a los  que se interesan en leer su Palabra. El Señor Jesús dijo que en las Sagradas Escrituras encontraremos la vida eterna. Pero fuera de la Biblia, el libro más impactante que hemos leído se titula 90 Minutos en el Cielo. Este libro es el testimonio de Don Piper, un ministro de Texas ordenado desde 1985. De regreso a su casa, luego de una conferencia, el automóvil de Don Piper fue aplastado por un camión que se cruzó de carril. En el prólogo del libro, Don Piper dice: “Fallecí, el 18 de enero de 1989.Los paramédicos llegaron en minutos al lugar del accidente. No me encontraron pulso y me declararon muerto. Me cubrieron con una lona para que los curiosos no me estuvieran mirando mientras atendían a los demás heridos. Yo no tenía conciencia alguna de los paramédicos ni de nadie más. Inmediatamente al morir fui directo al cielo. Mientras yo estaba en el cielo llegó un predicador bautista a la escena del accidente. Aunque él sabía que yo estaba muerto, se acercó a mi cuerpo sin vida y oró por mí. [...] 90 minutos después de que los médicos me declararon muerto, Dios respondió a las oraciones de ese hombre, y regresé a la tierra”

 

Pero veamos cómo fue la experiencia de Don Piper durante los 90 minutos que estuvo en el cielo. Él narra: “Cuando morí no avancé flotando por un túnel oscuro [...] En el momento de mi último recuerdo de la tierra me envolvió una luz con un brillo que no puedo describir con palabras, y de momento me encontré en el cielo. No vi a Jesús, pero sí pude ver a muchas personas como familiares y amigos, gente que desde que era niño me habían ayudado y me habían guiado por los caminos del evangelio. De una puerta salía un brillo más fuerte que la luz que nos rodeaba. La luz me envolvía y tuve la sensación de que me estaban guiando a la presencia del Señor. Entonces me envolvió un temor santo; pero percibía que con cada paso que diera todo sería cada vez más maravilloso. Entonces oí la música; era el sonido más placentero y hermoso que haya oído jamás. Mientras me acercaba a la puerta había alabanzas por todas partes: ¡Aleluya!, ¡Gloria a Dios!, ¡Alabado sea el Rey! Mi corazón se llenó del más profundo gozo que haya experimentado. Estaba en casa; aquí era donde yo pertenecía; quería estar allí más que en cualquier otro lugar de la tierra. No vi a Dios; pero sabía que Él estaba allí. Me detuve justo fuera de la puerta y pude ver hacia adentro. Era como una ciudad, para mi asombro, con calles de oro. Entonces yo formaba parte del coro y había llegado a un lugar donde quería quedarme. Luego, tan repentinamente como había llegado a las puertas del cielo las dejé”.

 

Dick Onerecker, el ministro bautista que oró por él, le contó que Dios le mandó a orar por Piper. Dick entró al auto, puso su mano sobre el hombro derecho y oró fervientemente, para que Piper fuera librado de lesiones en sus órganos internos. Al terminar de orar, comenzó a cantar el himno ¡Oh, que amigo nos es Cristo! Entonces Piper comenzó también a cantar, a la vez que sentía una mano fuerte que se aferraba a la de Piper. Mucho tiempo después del doloroso proceso de recuperación supo que la mano que se aferraba a la de Piper no era la de Dick porque éste lo más cerca que pudo llegar fue a su hombro; esa mano era la del Señor, quien promete: “Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano” (Sal. 139:5) Finalmente Piper entendió que el propósito de Dios al permitir esa experiencia es para llevar el mensaje de que el cielo es real, y que necesitamos estar preparados para la eternidad. El apóstol Pablo nos recuerda: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de mano, eterna en los cielos” (2 Co. 5:1)

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Last Updated: 23 de septiembre de 2012