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Elecciones
Durante el tiempo preeleccionario, escuchamos
todo lo que los candidatos dicen, y las promesas que nos hacen; pero todos
estamos cansados de escuchar las mismas promesas y los engaños de los
políticos, sin importarle nuestro futuro. Algunas personas no confían en ningún
candidato, y deciden no votar; pero nuestro deber es votar; votar por los que
no pretenden gobernar para lucrarse, sino por los que realmente quieren lo
mejor para nuestro país. La mayoría del pueblo, al momento de emitir su voto,
lo hace según la tradición. Unos son rojos, otros azules, algunos verdes; y los
hay hasta melones: verdes por fuera y rojos por dentro.
Pero esto no
es cuestión de colores, sino de valores. Así que al tomar la decisión final,
tenemos que hacerlo responsablemente, pensando que nuestro voto puede ayudar a
elegir al mejor o al peor de los candidatos. Y de la manera en que cuando en
los tiempos bíblicos era Dios el que quitaba y ponía a los reyes de Israel, y
lo hacía con sano juicio; considerando la integridad y la dignidad del
candidato, asimismo nosotros ahora, no miremos si es católico o protestante, no
miremos su ideal político; ni su apariencia; pensemos en quienes reúnen las
mejores cualidades para ejercer las funciones para las cuales serán elegidos.
Tenemos que
hacer un análisis concienzudo para elegir hombres y mujeres que sean
pacificadores, que no mientan, que sean personas de conducta intachable. Por
tanto; antes de emitir su voto, cada elector debe orar a Dios para que su
Espíritu Santo lo dirija en ese momento
tan importante. Oremos para que la mayoría del pueblo que ahora ejerce
la función del Señor en el Antiguo Testamento, actúe conforme a lo establecido
en las Sagradas Escrituras al escoger nuestro gobierno. Terminamos con las
últimas palabras del rey David como gobernante de Israel: “El Dios de Israel
ha dicho: me habló la Roca de Israel, habrá un justo que gobierne entre los
hombres; que gobierne en el temor de Dios.”(2 Sam. 23:37)
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