Debemos agradecer los favores que nos hacen las demás personas; pero nuestro principal agradecimiento debe ser a Dios. Existen muchos motivos por los cuales dar gracias al Señor. A través de las Sagradas Escrituras se expresa que debemos, agradecer su provisión, su protección, sus beneficios; la misericordia, la justicia y el amor eterno de Dios. El Salmista lo resume así: “Entrad por sus atrios con acción de gracias [...] porque Jehová es bueno, para siempre es su misericordia”.
La Biblia también nos exhorta a dar gracias a Dios, a pesar de las circunstancias adversas. Así que debemos dar gracias si estamos pasando por momentos difíciles, por enfermedad, por escasez porque sólo Dios sabe porqué estamos pasando por esas situaciones. El profeta Habacuc declara que aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya fruto, él se alegrará en el Dios de su salvación. En momentos así, el apóstol Pablo exhorta: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. (Fil. 4:6)
Dios no tolera la ingratitud de los hombres hacia los demás. Él desea que seamos agradecidos con el prójimo y que devolvamos bien por mal. El Libro de Jueces menciona que el pueblo no se mostró agradecido con Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel. Pero Dios tampoco tolera la ingratitud hacia Dios. Cuando el Señor Jesús sanó a los diez leprosos, reprochó que nueve de los que fueron limpiados no regresaron a darle las gracias. No necesitamos un día al año para agradecer a Dios todo lo que hace por nosotros; es deber nuestro agradecerle por lo que Él hace, y por quién es él. “Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado”. (Ap. 11:17)