Los Asesinatos

Sabes cuál es el principal problema en Puerto Rico? No es el alcoholismo, ni la drogadicción, ni los asaltos; no son los divorcios, ni el adulterio, ni la pornografía; tampoco es la economía ni la corrupción. El problema mayor en nuestra sociedad son los asesinatos. Vemos a diario asesinatos de toda índole: por violencia doméstica, por robos, por hostigamiento sexual; por celos, por resentimientos, por drogas y por muchas otras causas. Los suicidios también han aumentado. Pero, las víctimas reales de estos crímenes son los familiares de los que mueren: hijos, padres, cónyuges y parientes; víctimas inocentes.

 

Uno de los mandamientos de Dios es no matarás. (Dt. 5:17) Cuando ocurrió el primer asesinato de la historia, Dios –entre otras cosas- dijo al asesino: “Ahora, pues, maldito seas tú. [...] Cualquiera que matare, siete veces será castigado.”  (Gn. 4:11-15) El que mata no sólo tiene que enfrentar la justicia de los hombres -la cárcel-, sino también el juicio eterno de Dios. El Señor Jesús dice: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio”. (Mt. 5:21)

 

Pero, éste como cualquier otro pecado cometido por una persona puede ser perdonado por Dios, si en arrepentimiento genuino lo confiesa. Moisés y David cometieron ese delito: Moisés mató a un egipcio que abusaba de un hebreo; David mandó a matar a Urías para tomar a su mujer Betsabé. El asesino pagará las consecuencias que la sociedad impone, pero puede librarse de la culpa al recibir el perdón de Dios. Moisés tuvo que huir al desierto donde estuvo por 40 años; David sufrió la muerte del hijo que tuvo con Betsabé. Luego de pagar las consecuencias de su asesinato, Dios restauró a estos dos hombres. Moisés fue llamado por Dios para liberar de Egipto al pueblo de Israel. David escribió el salmo de arrepentimiento e implora perdón a Dios: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado” (Salmo 51:1:2)

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Last Updated: 30 de noviembre de 2008