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Un Nuevo Ano
Un nuevo año
está por comenzar. Atrás quedan las alegrías vividas y las tristezas sufridas a
lo largo del año actual, para dar lugar a las expectativas de más alegrías y de
menos tristezas. Como creyentes en Cristo tenemos que hacernos el propósito de
no depositar nuestras esperanzas en lo que nos pueda ocurrir, sino en vivir el
nuevo año con los ojos abiertos para ver a Cristo y sus bendiciones en medio de
los días de luz, y en medio de aquellos dominados por las más oscuras nubes.
Tres clases de males debemos evitar, para el nuevo año que comienza, males que
nos harán no ver las bendiciones que Dios ponga a nuestro alcance y las oportunidades
para bendecir a otros: caminar mirando para atrás, caminar distraídos e ir con
la venda en los ojos.
El camino a
emprender en su totalidad, lo que implica que hay algo fresco y desconocido a
cada paso. Si vamos mirando todo el tiempo a lo que quedó atrás, sean alegrías
que añoramos o tristezas que nos atan al pasado, no veremos cuando la bendición
se encuentre delante de nosotros. Nada podemos traer del pasado, ni nada
podemos arreglar de él. Mira adelante porque allí está tu bendición. Si bien
tenemos, que ir atentos a todos los detalles que el camino para nosotros, pues
cada detalle puede en sí ser una bendición, tampoco debemos, distraernos en demasía
con ellos, pues nos iremos perdiendo otras bendiciones que aparecerán más
adelante. Podemos distraernos incluso con alguna bendición que recibamos, pero
que nunca tuvo el propósito de ser el centro de nuestras vidas.
Podemos ir por
el camino con una venda en nuestros ojos: la venda de la incredulidad. Alguna
cosa te ha pasado en este último tiempo y voluntariamente has cerrado tus ojos
poara no querer más nada sobre Dios. Te has detenido demasiado tiempo en lo que
te pasó, sin ver que Cristo estaba allí a tu lado. La venda de la incredulidad te
fue ofrecida por el enemigo y te la pusiste, pensando que así caminarías mejor,
pero lo único que lograrás será que te golpees aún más en al camino. Un nuevo
año comienza; tengamos pues los ojos bien abiertos para que cada día sea una
nueva aventura y una nueva expectativa de disfrutar de todo lo que Dios tiene
preparado para cada uno de nosotros. Finalizamos con la exhortación del apóstol
Pedro: Apártese del mal, y haga el bien; Busque
la paz, y sígala. Porque
los ojos del Señor están sobre los justos,
Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro
del Señor está contra aquellos que hacen el mal. (1 P. 3:11-12)
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