POEMAS
La Frontera
Desde acá
la miro
añorando estar allá
estando allá
la miro
deseando estar acá
entonces comprendo
mi alma por la mitad
las ganas
las cartas
los amigos
los aromas
los paisajes
las banderas, por la mitad
comprendiendo
haber llegado
sin alternativas
a la última parada del tren
adonde todos bajan
y se quedan.
Paradoja
Somos desterrados
a batallas suicidas
maniobrando ideologías
propias y prestadas
lo buscado hoy con audacia
mañana se descarta por erróneo
en franca dualidad arrepentida.
La vida nos transcurre entre cima
y abismo sin condecorarnos ninguna vez
por la hidalguía de ostentar cicatrices
que hablarán con sinceridad relatando
nuestros desvaríos disfrazando
con gloria los fracasos pregonando
que hemos sido valientes hasta la
estupidez
ó estúpidos hasta el heroísmo.
MI CASA
Habrá de ser refugio con leños ardiendo
cohabitando caracoles nacarados,
traslúcidos prismas de cuarzo
y geodas de amatista.
Serán rugosas sus paredes de ciprés
para colgar lavandas y estrellas de mar,
inmensos sus ventanales soleados
para que la brisa entre sin anuncio
a ejecutar melodías
acunando mis campanas de viento.
Una mesa de algarrobo enorme
parirá navidades en familia.
¿Fotografías? de todos los tiempos
libros, música y álbumes
para insólitos momentos de soledad.
En el patio,
hortensias rosadas y azules
aconsejarán al limonero inexperto
mientras los gorriones del barrio
alborotan por las migas del mantel,
chocolates de Bariloche
permanecerán escondidos
para no pleitear con hormigas.
El techo,
obligadamente de chapa
para no perder el concierto de lluvias
prometido para este largo invierno,
En la quietud del cuarto
bastarán tres deseos :
un atrapa sueños
para ahuyentar fracasos
una virgen de Luján
para no olvidar mi origen
y mi amado,
irreemplazable,
para encender juntos
las noches sin estrellas.
© Diana Poblet- febrero 2001-
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Con la Boca Abierta
Me puse los jeans desgastados y un pulóver multicolor, sin tiempo para detalles tomé mi cartera colgándola en bandolera y partí apresurada. Miré de reojo el reloj del auto comprobando que faltaban cinco minutos para mi turno.
Llegando a la cita toqué el timbre del portero eléctrico y me extasié observando las hortensias blancas de la entrada; una voz metálica me sacó del deleite ingresándome a la odiosa realidad.
Los dentistas merecen un capítulo aparte en mi vida, en esos habitáculos de dos por dos el temor arrasa con la magia de las hortensias y lo soleado del día. Al ingresar, el clavo de olor y los desinfectantes variados forman un enorme ramo de flores medicinales agrediendo desde la puerta mis expectantes sentidos.
La sala de espera del dentista no es como la del pediatra ni la del ginecólogo; tal vez la diferencia radique en que todos los que esperan, aguardan con cara de pánico; como fondo, los chirridos del torno dimensionan los nervios, aunque todos asumen una mal lograda indiferencia; hasta el más osado, suele leer el diario al revés y recién están dispuestos a esbozar alguna sonrisa, cuando se marchan.
- Pase.
-¿Yo? -dije mirando en derredor en busca de voluntarios.
-Sí, usted.
Me levanté yendo como hacia el cadalso, la mirada resignada y unas locas e insatisfechas ganas de huir.
En la puerta me recibió él y su enorme sonrisa confiable. Sorpresa. Sus antiguos bigotes anchos habían desaparecido y su ex cabello corto formaba unos rizos que rozaban sus hombros.
Los cuarenta y cinco aparentados anteriormente se habían transformado en 35.
Bromeé sobre su nueva edad aparente y sabiendo que yo escribo, se interesó por saber la temática de mi novela.
-Es sobre Colombia, hasta ahora, es más lo que he estudiado sobre el argumento que lo escrito.
-¿Sobre los narcos?
-No, bueno, algo también, pero no específicamente, es sobre la violencia.
-Ah, sí, qué bárbaro ¿no?, ahí ya no se puede vivir.
-Sí, el problema es que hay clases sociales que no tienen opción de elegir adónde vivir.
-Cierto, qué lástima ¿no?, parece mentira. A ver, te voy a colocar una gota de anestesia así puedo trabajar mejor el conducto de esta muelita; sí que eres un ángel, te portas tan bien que uno nunca sabe si te duele o no.
-Te enterarás enseguida, te aseguro que si me duele te daré una piña que volará el torno y todos esos malditos tornillos al diablo...
-¡Eso es lo que me encanta de los argentinos!, ¡son divertidos!...
-Divertidos no sé, pero que decimos la verdad, la decimos.
-A ver, a ver, bien abierta la boca o no llegaré, es la última muela...
-Uhumm.
-Bien, perfecto, ¿duele?
-Mjomno.
-Bárbaro, mientras te acomodo estos algodoncitos para evitar la salivación, no cierres, no cierres, así, muy bien.
Me dejó inutilizada de lengua y se sentó en el vano de la ventana que daba al patio de las hortensias blancas mientras esperaba que la anestesia me inmovilizara la mitad de la cara. Mientras la tenue música funcional ejecutaba "Amor de mi vida", por Queen, y yo permanecía sentada mansamente con mi boca abierta de par en par, él comenzó sorpresivamente con su insólito monólogo:
-Yo pienso que sería tan fácil manejar la crisis, pero nadie está dispuesto, por eso descreo de todas las democracias, ahora me considero anarquista, defiendo a Pinochet porque económicamente hizo que el país anduviera por los carriles correctos... Es cierto que hubo desprolijidades en la llamada guerra sucia pero había estabilidad económica; si uno tenía plata, sus hijos la tendrían y sus nietos también. Ahora es un caos, no hay plata que alcance para las futuras generaciones, en Europa es distinto, si uno es rico, todos sus descendientes lo serán, no hay sobresaltos. A ver, sí, ya está, no cierres, ¡que has agrandado los ojos!, relájate, no dolerá nada, ahora pongo esto que parece un tornillo y comenzamos con el conducto...sí, yo ahora estoy aportando a la Fundación Pinochet, fíjate que antes no lo hacía, pero soy un convencido de que el General está pasando por un momento muy aciago y necesita de toda nuestra ayuda para reguardar las estructuras. ¿Duele?
-Mjumno.
-... es que agrandas tanto los ojos. Cualquier cosa, levantas tu mano y dejaré. Yo me acuerdo en aquellos años, aquí a la oficina venía gente de los dos lados... extremistas, militares, parientes de desaparecidos, pero yo, mudo, bien llevado con todo el mundo, uno nunca sabe, aparte, tampoco se sabía si había seguridad para uno mismo, por ahí te involucraban con alguien raro y tenías problemas. Pero yo, gracias a Dios nunca los tuve, es que si uno no anda metido en cosas raras no corre peligro... pero se equivocaron, no tendrían que haber dejado tantos cabos sueltos, hubo demasiadas desprolijades, lo peor es que el que se acostumbró a torturar, o a matar, imagínate, ¿duele? ¿sí?
-Mjumno.
-...esos hombres que fueron útiles en aquel momento, no cambian de empleo así como así, se acostumbran a su trabajo...como a cualquier trabajo, entonces siguen generando violencia, delincuencia... por eso estamos como estamos, que ya no se puede salir a la calle... es que de verdad sufres con el dentista, yo creí que exagerabas pero cada vez agrandas más los ojos. Esas fobias son problemas de infancia, los padres debieran preparar a los niños para afrontar situaciones así, al final termina siendo traumático una simple visita al odontólogo, algo tan sencillo...pero ya casi termino, por hoy, faltan al menos cuatro sesiones... tienes los conductos más pequeños que he visto en años... qué bárbar... ahora estoy tapando, ya puedes relajarte, no hay caso contigo, uno trata de distraerte y te pones más tensa... es inútil, no todas las terapias sirven para el mismo paciente ¿no?... enjuágate, ya estamos.
-...
-Y, ¿dolió?.
-...No.
-Cuánto me alegro, ¿has visto que no era para tanto?...
-Era para muchísimo más.
-Exageras.
-No.
-Dime, ¿y cuándo escribirás sobre el dentista?
-Hoy.
-¿En serio?... ¡qué bueno!... ¡Por fin seré protagonista!... nos vemos el viernes, ¿podré leerlo?...
-Ni lo dudes.
Enmudecida caminé hacia la salida, atragantada de palabras, saliva y con un amargo horrible en la boca del alma.
Casi a tientas, con la indignación palpitándome en las sienes, llegué hasta la puerta, tan descompuesta que olvidé sonreír para la platea que aguardaba su turno con cara de pánico. Seguramente pensaron que me has hecho ver las estrellas, y, la verdad, sí, las vi, y la luna y todos los planetas.
Y lo más tremendo fue quedarme sin palabras, con la boca y los ojos estúpidamente abiertos, tratando inútilmente de tomarle la temperatura a tu falsa dignidad, a tu soberbia rebosante, a tu humanidad ausente. Comprobando cómo mi termómetro y mis ojos se estrellaban ante tu indiferencia ciega y sorda.
Llegué hasta el auto con los ojos vidriosos, maquinando mi estrategia, tratando de adivinar adónde te dolería más mi contraataque.
Entonces mi angustia y yo, nos sentamos a escribir esto, que tal vez no sirva ni para relato porque a nadie le importará dejar su boca en manos de un sádico apolítico. Porque eso es lo que eres y ni siquiera torturas con genuino dolor físico. Lo tuyo es más macabro, más siniestro, aprovechas tu momento de bocas abiertas y nos pasas la picana por el alma, y en un último destello de humanidad, nos anestesias la muela, dejándonos la ciclópea tarea de reconstruir las treinta mil "desprolijidades", para que nuestros hijos logren afrontar el desafío de pensar distinto, sin tener que morir en el intento.
© Diana Poblet- mayo, 2001
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