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El alma dinámica de Ionesco, en PuertoLuna
Jorge Arias La República (23 / 6 /
98)
Cuando escribimos a propósito de "Payasos", de Timochenco
Wehbi (La República, 17 de mayo), sobre la energía y el fervor por el arte teatral de
Ruben Coletto, estábamos lejos de esperar una tan rápida confirmación: y precisamente
los dos términos que empleamos allí nos parecen la mejor definición de la labor de
Coletto, ahora como director, en "La improvisación del alma", de Ionesco, que
acaba de estrenarse en el siempre renovador ámbito de PuertoLuna. Sea cual fuere el
juicio del espectador sobre Ionesco, todo el autor y seguramente algo más se encuentran
en esta puesta en escena: su afición por el orden en la construcción de mundos
alternativos, su sentido del humor, la idea del arte como una operación combinatoria, la
naturalidad para abrir puertas desde la vida cotidiana a los embates del sinsentido, su
gusto un tanto loco por los juegos de palabras, retruécanos, repiques y simetrías del
lenguaje. En este sentido, es dable comparar a esta "La improvisación del alma"
con las mejores versiones de Ionesco que se han dado últimamente, como "El porvenir
está en los huevos", adaptación de Curi y Rein, que dirigió Jorge Curi en el
Teatro Circular (abril de 1995) o la reciente puesta en escena de "La cantante
clava" (1996, con dirección de Mario Ferreira, Teatro de La Candela).
Con una imaginación incendiaria, Coletto
ha transformado el recinto de PuertoLuna en el ámbito de un aquelarre, poblado de tanques
tan vacíos como ruidosos. La acción es continua y errática, con Ionesco mismo (Fabio
Zidán, en una muy buena interpretación) sumergido en sus papeles y confinado en una
bañera, cosa que no parece impedirle una afanosa actividad. El interés de la obra no
decae un minuto: lo alimentan el brío de los intérpretes, siempre comunicativos, y del
director, siempre atento para no dar tregua al espectador. |