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EL ENGANCHE DE LOS HOLANDO-BOERS EN EUROPA

Trenes bóers. Arriba: foto de la época. Abajo: foto actual de un museo sudafricano.

 

 

Holando-bóers en la Araucanía

Las riquezas de Transvaal y Orange Libre (Oranjevrijstaat), permitieron que estas jóvenes repúblicas sudafricanas iniciaran significativas inversiones en infraestructura en las dos úiltimas décadas del siglo XIX. Ello implicó la construcción de vías de ferrocarriles 

Buscando mejores horizontes, muchas familias holandesas y alemanas, emigraron a esas pujantes repúblicas, que se habían originado producto de las migraciones holandesas de los siglos anteriores. 

La mayoría llegó a trabajar en la construcción de los ferrocarriles, reclutados por dos empresas, denominadas “Nederlansch-Zuid Afrikaanse Vereniging” (Asociación Holando-Sudafricana) en Amsterdam y Nederlansch - Zuid-Afrikaansche Spoorwegmaatschappij (Empresa de Ferrocarriles Holando-Sudafricana). Muchos de ellos adquirieron la ciudadanía transvaalesa, participaron activamente en la guerra y sufrieron los campos de concentración.

Terminada la Guerra de los Bóers, en 1902, regresaron a Holanda, muchos de los emigrantes que habían partido desde ese país a trabajar en la construcción de ferrocarriles en las repúblicas bóers.

Todo indica que la idea de traer holandeses fue de Víctor Lindholm (danés), representante chileno en Dinamarca, quien propuso al gobierno, llevar a Chile familias provenientes de Sud África. La política de inmigración chilena estaba orientada fundamentalmente al desarrollo del sur del país, especialmente en la agricultura. Chile contaba en 1885 con 2,5 millones de habitantes, de los cuales 87.000 (3,5%) eran extranjeros.  

El gobierno chileno encargó a V.Echaurren, Agente General de Inmigración de Chile en Europa, hacer las gestiones. Ello permitió tomar contacto con Fritz von Straaten y  Laura Hogewoning-Ruitenbach, activistas de la causa bóers en Europa, quienes desarrollaron las acciones para enrolar el medio centenar de familias, que conformaron el grupo que se embarcó en el puerto de La Pallice rumbo a Talcahuano.

Al emigrante se le ofrecía un préstamo a cinco años, transcurridos los cuales, se hacía dueño de la tierra. Se les proporcionaba, además de un terreno, ganado, herramientas, semillas, etc. En general, el gobierno chileno se obligaba a: entregar pasajes gratuitos; a pagar durante un año después del arribo un subsidio para la compra de alimentos, a suministrar “una pareja de bueyes o dos vaquillas preñadas”, así como “un caballo, 23 kg. de clavos o una casa terminada”, herramientas agrícolas; igualmente, un terreno de 70 hectáreas, más 30 hectáreas por cada hijo mayor de 12 años; asistencia médica gratuita durante los primeros dos años. 

El inmigrante estaba obligado a trabajar la parcela que se le asignaba durante al menos 6 años, sin abandonar la colonia y a pagar el préstamo recibido, debiendo efectuarse el primer pago parcial al cabo de cuatro años.