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Sirenas
GENERO: Antropozoo
Nombre Científico: Gynaves cantatrix
Hábitat: Costas rocosas
Longevidad: Desconocida
Medidas: 2m. de altura
Distribución: Mar Tirreno


En las numerosas historias que se cuentan de ellas, las sirenas adivinan el futuro, a veces coaccionadas; otorgan poderes sobrenaturales a las personas, o se enamoran de hombres a quienes atraen por su belleza y sus canciones, seduciendo a sus amantes mortales a seguirlas bajo el agua.

Las sirenas detentaban una voz de inmensa dulzura y musicalidad y se prodigaban en cantos cada vez que un barco se les acercaba, por lo que los marineros, encantados por sus sonidos, cuando no podían huir de ellas se arrojaban al mar para oírlas mejor pereciendo irremediablemente. Sin embargo, si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por ellas una de las sirenas debería morir.

Tanto la idea de un amor ideal pero fatal, como de la de una belleza femenina inalcanzable forman parte inherente de su leyenda, y a este respecto existen paralelismos entre las historias que se cuentas de ellas y las que aparecen en la mitología clásica.

Debajo de los ríos y los mares hay inmensas ciudades y reinos de ninfas y duendes del agua, pero principalmente se dividen en dos grupos: las Ondinas y las Nereidas.

Las Ondinas o hadas de los ríos son de una gran belleza y así como Ondinas se les denomina a las criaturas femeninas, el término masculino es Wallanos . Aman y gobiernan el agua y se encuentran en sus profundidades, dirigiendo grupos de Minutes , que trabajan continuamente, girando el agua por su cauce natural y hasta su salida al mar.

SIRENAS

El lugar predilecto por la Sirena es la isla Laitec, una de las más australes del archipiélago de Chiloé. Posee una playa de arenas grises, en partes blanqueadas por la cal de las conchuelas, que se alarga siguiendo la curva de una bahía, hasta la punta "Lile", en donde forma una angosta faja, que como pequeña rampa termina en un islote de rocas estratificadas, blancas, grises y rojizas; parcialmente cubiertas de verdosos matorrales y hierbas de múltiples colores, con vistosas flores, que se reflejan en el espejo de las aguas azules de la quieta ensenada.

En las noches tranquilas y protegida por el velo tenue de la niebla, sale desde el fondo del mar, la bella Sirena, a disfrutar de la placidez de este rincón maravilloso. Se posa en la más alta de las rocas que circundan el islote, haciendo bruscos movimientos de cabeza, para secar su cabellera, de gruesos cordones, parecidos a los tallos del sargazo. Su estatura y las curvas de su cuerpo plateado, que emite una suave y pálida luz, son comparables, tan sólo, a las de una mujer hermosa. La belleza extraordinaria de su rostro, se ve realzada por el color ligeramente rosado de sus mejillas, por sus grandes ojos pardos, ligeramente oblicuos, de tierno mirar, por su boca bien proporcionada de labios finos y rojos, que le añaden singular simpatía. Si bien, desde el tronco hacia arriba, no se diferencia fundamentalmente, de una mujer, sus miembros inferiores, muy bien formados en los muslos, se van confundiendo hacia el extremo distal de sus piernas, para terminar en una cola de pez.

Reposa largo tiempo, sentada sobre las rocas, contemplando la tierra y el mar, siempre atenta al menor ruido y cuando siente la presencia del hombre, se desliza, huye veloz, y se hunde en las profundidades del mar.

Un viejo poblador de la isla, cuenta que hace años, estando una noche en plena faena de pesca con otros compañeros, sintieron, de pronto, bruscos movimientos y sacudones en la red, la que una vez elevada, con grandes esfuerzos, hasta La embarcación, mostró envuelta en sus mallas a una hermosa Sirena. La contemplaron con admiración y éxtasis, por largo rato, pero aún no repuestos de la fuerte impresión, debieron dejarla en libertad, conmovidos por su amargo llanto y sus lamentos cuajados de emoción. La Sirena, es hija del Millalobo y de su esposa la Huenchula. Su misión, señalada especialmente por el padre, como en cuidar a los peces, como los pastores a su ganado. Ayuda a su hermana la Pincoya, a transportar los cuerpos de chilotes muertos en el mar hasta el barco fantasma, "el Caleuche".

La Sirena, suele acompañar, a distancia prudente, la barca de algún pescador de su agrado y al que proporciona abundante pesca. Algunos mozos han llegado a concretar sus amores con esta hermosa una ninfa; pero más tarde al formar su hogar con alguna niña de la aldea, ven con angustia como sus descendientes nacen con una cola de pescado.

SIRENAS

Hijas del dios Aqueloo y de una musa. De cintura para arriba poseían cuerpo de mujer, de cintura para abajo, cuerpo de ave. Tenían una maravillosa voz con la que compitieron contra las musas. Las ultimas ganaron y les arrancaron las plumas a las sirenas. Las sirenas avergonzadas, se retiraron a las costas sicilianas. Con su canto atraían a los marineros, que sin poder sustraerse a su encanto se estrellaban contra las rocas.

SIRENAS Circe a Ulises: Tu próximo encuentro será con las Sirenas, quienes hechizan a cualquiera que se acerca a ellas. No hay retorno para el hombre que navega cerca de ellas... con su clara y alta canción las Sirenas lo hechizan, como él se queda en un peñón muy alto con el montón de esqueletos de hombres, con su pálida piel que apenas se sujeta sobre sus huesos" (El libro de la Odisea 12, ll. 39ff trans. Rieu/Jones) Las Sirenas a Ulises: "Navega cerca, ilustre Ulises, hombre de muchas leyendas, gran gloria de los Aqueos, y trae tu barco a descansar de manera que puedas escuchar nuestras voces...nadie que nos haya escuchado ha dejado de existir ni se ha ido de esta forma un hombre más sabio. Conocemos todo por lo que los Arguivos y Troyanos tuvieron que pasar en la costa de Troya por el capricho de los Dioses, y conocemos todo lo que pasó en este bello mundo.' (Ibid., ll. 184 ff)

SIRENA. Su colocación es de frente o de perfil. Tiene la figura de una mujer, a la que se le sustituyen las piernas por una cola de pez sencilla, pero a veces doble. Suele pintarse esta figura sosteniendo en su mano derecha un espejo ovalado y en su izquierda un peine con el cual se está peinando. Es símbolo de elocuencia y seducción.


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