Presentación
del Monográfico
Por: AbdelQáder Muhammad ‘Alí
Hablar de los palestinos no
consiste en tratar una vez más los temas que sobradamente conoce el
lector; tampoco es hacer una historia detallada, una mera reflexión
cronológica, sobre la trayectoria seguida por el pueblo palestino desde la
creación en 1948 del Estado de Israel. Hablar de los palestinos, escribir
sobre ellos, es contemplar de qué forma han influido decisivamente en la
toma de conciencia de este pueblo las ocupaciones extranjeras y las
guerras que ha padecido en estos últimos cincuenta años. Guerras que
afectaron directamente a los pueblos árabes, pero que fueron sufridas y
protagonizadas primeramente por los palestinos. Porque, y ésta es una
primera constatación, no puede disociarse la causa palestina del resto de
la causa árabe y viceversa. Cierto que, en más de una ocasión, los
Gobiemos árabes pueden tener, y de hecho tienen, objetivos
individualizados, objetivos distintos; pero más cierto aún es que el
problema de los pueblos árabes, el problema de Oriente Medio, no hallará
una solución definitiva hasta que no la encuentre también el pueblo
palestino. Podría añadirse que la Revolución palestina irá casi
indefectiblemente acompañada por una revolución total árabe. Queremos
decir con ello que en tanto existan regímenes árabes reaccionarios,
dictatoriales, feudales, ajenos al sentir de la Umma Al-Muhammadia,
existirán obstáculos casi insuperables para la consecución de la
Revolución nacional palestina. El enemigo no se encuentra sólo en Tel
Aviv.
No despreciamos, ni mucho
menos, el protagonismo crónico del expansionismo criminal y despiadado del
sionismo. La Intifada Al-Aqsá que en la actualidad protagonizan
especialmente los niños palestinos, evidencia a todas luces la tragedia en
la que está instalado el pueblo palestino y por extensión la Umna. Pero
queremos insistir en el tema anterior, ya que frecuentemente se ignora, o
se silencia maliciosamente, que si los palestinos son víctimas directas
del imperialismo sionista y americano, lo son también de la política
equívoca, contradictoria, traicionera al fin, de algunos gobiernos árabes
muy concretos. A la postre el “oro negro” de determinados países árabes,
más allá de tener una repercusión en la causa palestina, árabe e islámica
en general, hasta ahora ha funcionado a modo de mecanismo diabólico y
destructor cuan boumerang.
En el anterior número, cuando
ya estaba cerrado, incluimos una pincelada urgente sobre los hechos que se
desarrollaban en Palestina. Hemos querido retomar este tema dada la
actualidad de este conflicto ancestral y sobre todo dada su trascendencia
en el estado de ánimo de la Umma. No obstante, por muy obvio que sea,
queremos decir que nuestra posición en la causa palestina, como no podía
ser de otro modo, es de absoluta solidaridad con esta causa y con todo lo
que ello entraña para el mundo musulmán y el Islam en general. Sin embargo
no está de más aclarar que nuestra identificación con el pueblo palestino
no es solamente afectiva, emocional..., hay dos factores inherentes a esta
causa; uno de orden ético: la justicia intrínseca de la reivindicación del
pueblo palestino y otro de orden político, ideológico: el constituir el
pueblo palestino la vanguardia de la lucha de liberación de los pueblos
árabes. Vanguardia que preconiza una solución más justa no sólo en el
plano internacional, sino también en el plano interno, solución que se
encuadra en una vía progresista, en una vía de justicia social. El
enraizamiento de la Resistencia palestina entre las masas se puede
explicar, entre otras causas, por una principal: la resistencia palestina
procede del pueblo y es el pueblo mismo. No se trata de una vanguardia
cosmopolita ajena a los problemas de su pueblo y atenta a orientaciones o
directrices exóticas. El movimiento de liberación de Palestina es un
movimiento eminentemente nacional que tiene un doble objetivo: patriótico
(en el sentido que la lengua árabe da al término patria) y de progreso
social. No quiere solamente recuperar su tierra; quiere instalar en esa
tierra, una vez liberada, un poder justo, social, respetuoso y consecuente
con la condición de ser guardianes del Quds Al-Aqsá.
Hoy, Palestina ha cobrado
nueva actualidad por razones que pueden parecer coyunturales, pero que en
el fondo evidencian una clara denuncia del fin de una etapa muy concreta
ya superada. La causa palestina siempre ha planeado en el consciente y
subconsciente colectivo del mundo musulmán, pero hoy más que nunca es el
estandarte que los musulmanes de todo el mundo enarbolan como símbolo de
una nueva energía vivificadora del musulmán de nuestros tiempos. Y ello,
por encima de la campaña de intoxicación ideológica que llevan a cabo
diariamente la mayoría de los medios de comunicación de masas del mundo
occidental en general y de determinados países árabes en particular. Los
palestinos, sus niños, sus mujeres, sus mayores, sus muyahidin, están
descolonizando la opinión pública mundial.
Los palestinos son hoy
historia viva, historia que se está haciendo. Nuestro propósito con las
páginas siguientes es contribuir mejor al conocimiento de su causa y de
los crímenes de sus verdugos, que como hemos dicho no siempre son
externos.
Finalmente decir que si bien
no somos amigos de dedicatorias concretas o exclusivas, en esta ocasión
entendemos que es de justicia dedicar nuestras reflexiones, nuestro empeño
a la memoria de uno de los mártires de la causa palestina. Nos estamos
refiriendo al niño Muhammad ad-Durra, un mártir que a cobrado
definitivamente la condición de símbolo de la liberación palestina.
Nuestro modesto esfuerzo va a la búsqueda del recuerdo de Muhammad
ad-Durra, mártir de resistencia a sus 12 años y ejemplo que perdurará
durante generaciones en nuestra memoria y en la de nuestros hijos. In cha
Allah.
EL PECADO ORIGINAL DE
ISRAEL
Por: Paco Peña
"Tengamos razón o no, de
todas maneras tenemos que vencer. Y cuando hayamos vencido, ¿quién nos
pedirá cuentas por los métodos empleados?"
Adolfo Hitler,
junio de 1941.
La matanza sistemática de jóvenes palestinos
a manos de las tropas de ocupación israelíes no cesa, cobrando cada
día nuevas víctimas ante la pasividad y connivencia de las grandes potencias.
Un nuevo paso en esta escalada fue la decisión israelí de bombardear
por aire y mar las ciudades palestinas. Este acto de guerra contra la
población civil hace aún más urgente acoger la demanda de Yasser Arafat
y de los países árabes relativa al despliegue de fuerzas de la ONU para
proteger a los civiles.
Israel tiene una larga experiencia
en materia de violación de derechos humanos. Pisotea desde hace décadas
elderecho internacional y los compromisos contraídos en la ONU, actuando
como si su condición de supuesto "pueblo elegido" lo situara por encima
de la legalidad internacional. Encabezadas por Estados Unidos, las grandes
potencias que en otras ocasiones imponen sanciones, embargos y boicots,
blandiendo el estandarte de la defensa de los derechos humanos y el
respeto de las decisiones de la ONU, callan o protestan débilmente cuando
se trata de Israel. El criminal embargo que hace diez años se mantiene
contra Iraq -provocando la muerte de decenas de miles de niños-, así
como la guerra en la ex Yugoslavia demuestran, entre muchos otros ejemplos,
la política de dos raseros aplicada por el llamado "mundo libre".
Desde 1947, las diversas
instancias encargadas de dictar y aplicar el derecho entre los Estados
miembros de la ONU han promulgado más de 450 resoluciones sobre el Cercano
Oriente que Israel no ha respetado ni aplicado. La resolución 181,
aprobada en la Asamblea General del 29 de noviembre de 1947, recomendaba
la división de Palestina en dos Estados. Como se sabe, los árabes
rehusaron aceptar un plan que entregaba la mayor parte de su territorio a
los colonos israelíes. Sin embargo, el texto de la ONU agregaba que
jurídicamente el titular de la soberanía sobre los territorios de
Palestina seguía siendo su pueblo. Ni los documentos emanados de la
Sociedad de Naciones, ni la resolución 181 de la ONU lo despojaron de ese
título. Aún cuando hoy los palestinos han tenido que ceder una parte de su
territorio "por razones de efectividad" (la ocupación de hecho por parte
de Israel), de acuerdo con el derecho internacional el pueblo palestino
sigue manteniendo el "título de propiedad inalienable sobre la tierra".
Pero el gobierno israelí, bastión de EE.UU. en tierra árabe, hace tabla
rasa de la opinión mayoritaria de la comunidad internacional y viola
sistemáticamente las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de la
ONU, a pesar que tienen carácter obligatorio para todos los Estados
miembros.
La resolución 194, del 11 de
diciembre de 1948, consagró el "derecho de los refugiados de retornar a
sus hogares" y, si eso no ocurría, debían ser indemnizados. Entre 1949 y
1967, más de veinte resoluciones de la Asamblea General reafirmaron ese
derecho. Varios historiadores israelíes, los llamados "nuevos
historiadores" -Tom Seguev, Benny Morris, Ilan Pape y Sternell, entre
otros- recuerdan que su país está marcado con el estigma de un "pecado
original": la expulsión de más de 800 mil palestinos en 1948. Los
historiadores sostienen que esa operación de "limpieza étnica" era parte
de un plan global tendiente a despojar a los palestinos de sus tierras
para luego crear asentamientos donde se instalarían colonos judíos
procedentes de EE.UU., Europa y Africa del Norte. En la actualidad, más de
un millón de palestinos se encuentran hacinados en campos de refugiados en
Gaza, en un territorio de 378 km2. Otro millón y medio vive en Cisjordania
(5.879 km2). A estas cifras habría que agregar los cerca de cuatro
millones que viven en el exilio, diseminados principalmente en los países
árabes, pero también en Europa, EE.UU., Canadá, Brasil, Argentina y Chile.
Teóricamente, todos aquellos que tienen el estatuto de refugiados podrían
volver a su tierra de acuerdo a la resolución 194 de la
ONU.
En la resolución 2442, de
diciembre de 1968, la Asamblea General de la ONU manifestó su inquietud
"por la violación de los derechos del hombre en los territorios ocupados
por Israel", transgresión que posteriormente ha sido denunciada en
repetidas oportunidades. Desde 1967, las tropas de ocupación israelíes han
violado todos los derechos en Cisjordania y Gaza. Y siguen multiplicándose
hasta nuestros días los asentamientos ilegales ("colonias de poblamiento")
que rodean las localidades palestinas, transformadas en verdaderos
"bantustanes" -como los que existieron en Sudáfrica- bajo el control de
las fuerzas de ocupación israelíes. Amnistía Internacional denunció al
gobierno israelí "de ignorar todas las recomendaciones de los órganos de
las ONU". Cada año se detiene un promedio de 1.600 palestinos, y en el
curso de los interrogatorios los prisioneros son maltratados y torturados.
Israel es el único país en el mundo cuya Corte Suprema ha justificado las
"presiones físicas" contra prisioneros sobre la base de una antigua
jurisprudencia, confirmada por la llamada Comisión Landau, en 1987. Israel
ha prestado su colaboración en diversas épocas a varios países de América
Central, como Guatemala, Honduras y El Salvador, para adiestrar esbirros y
escuadrones de la muerte en técnicas de interrogatorio en el marco de la
guerra antisubversiva. La dictadura de Pinochet estableció contactos con
Israel por intermedio del general José Berdichevsky, de la FACH, quien
inició conversaciones para comprar armas y obtener asesoría para combatir
la insurgencia.
Mediante la resolución 2535 B,
la Asamblea General de la ONU reconoció en 1969 los "derechos inalienables
del pueblo palestino". Es decir, derecho a ser reconocido como pueblo, a
un territorio y retorno de los refugiados. Luego, la resolución 2649
explicitó el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y declaró
nulos "los cambios efectuados por Israel en los territorios ocupados". En
1975, la ONU aprobó la resolución 3379 donde se hacía un símil entre el
sionismo y una forma de racismo, pero fue suprimida a comienzos de los
años 90 durante la Guerra del Golfo por presión de
EE.UU.
El sionismo es un movimiento
político nacionalista que se originó en el nacionalismo europeo del siglo
XIX. Como doctrina colonial, fue denunciada por una de las más grandes
conciencias judías de este siglo, Martin Buber, quien dijo que el sionismo
político era "la degeneración e incluso la transformación e
instrumentalización de una religión, el judaísmo". Se funda en el rechazo
del "goyim" (no judío) y la sacralización de un Estado (Israel), inmune a
toda crítica proveniente de pueblos que no tienen la fortuna de haber sido
elegidos por Dios.
Estado Palestino y
Jerusalén
Desde el punto de vista del derecho internacional, la posición
palestina es intachable. Su Estado existe en derecho como expresión de la
soberanía inalienable de este pueblo sobre el territorio de Palestina. Y
ese territorio está delimitado desde que la SDN otorgó a Gran Bretaña un
mandato sobre Palestina. Por otra parte, el 15 de noviembre de 1988 se
declaró en Argel la independencia de Palestina, que ha sido reconocida
oficialmente por más de 130 Estados. El Estado palestino es resultado del
espíritu y de la letra de la Carta de Naciones Unidas y de la Declaración
Universal de los Derechos del Hombre, así como de innumerables
convenciones y resoluciones internacionales.
Es por eso que Israel ha
negado siempre, o minimizado, el alcance de las resoluciones de la ONU que
conciernen a ese país. Estados Unidos, pronto a pontificar sobre la
libertad y derechos del hombre en otras latitudes, permanentemente hace
causa común con el Estado sionista. Este no sólo representa una expresión
del colonialismo occidental en tierra árabe, sino que constituye una pieza
clave en la estrategia norteamericana de dominación
planetaria.
Uno de los puntos que motivó
la ruptura de las recientes conversaciones entre israelíes y palestinos en
Camp David fue el tema de Jerusalén, de Al Quods (La Santa). Al respecto,
también existen innumerables compromisos contraídos ante la comunidad
internacional que no han sido acatados por Israel. La resolución 181 de la
ONU, mencionada anteriormente, consagró el principio del estatuto
internacional de Jerusalén bajo una forma jurídica particular (corpus
separato), sometida a un régimen especial y administrada por la ONU. Esto
implicaba la desmilitarización de la ciudad y la prohibición de toda
discriminación religiosa, así como la igualdad de sus habitantes, y el
libre derecho de ir, venir y residir en su interior. En mayo de 1948, la
resolución 50 del Consejo de Seguridad invitó a gobiernos y autoridades
interesados "a tomar todas las precauciones posibles tendientes a la
protección de los Santos Lugares, permitiendo el acceso a todos los
santuarios..." Israel replicó con el anuncio de que el sector oeste,
controlado por sus tropas, quedaba bajo su jurisdicción, haciendo caso
omiso de la resolución de la ONU. En diciembre de ese año, las autoridades
israelíes de la parte occidental de Jerusalén pedían su anexión a Israel.
El dirigente sionista Ben Gurión declaró: "La ONU y el mundo han perdido
la ciudad... Israel la ha conquistado... no la abandonaremos
jamás".
A pesar de eso, el 11 de mayo
de 1949 la asamblea general de la ONU tomaba conocimiento de que "el
Estado de Israel acepta sin reservas las obligaciones contenidas en la
Carta de las Naciones Unidas y se compromete a respetarlas el día que sea
admitido como miembro de la ONU". Poco después Israel era acogido en la
ONU con la condición expresa de respetar sus disposiciones. En diciembre
de ese año, la organización mundial propuso nuevamente un proyecto de
internacionalización de Jerusalén. Semanas más tarde, las autoridades
sionistas la proclamaban como capital del Estado de Israel. Y en 1967,
luego de la Guerra de los Seis Días, el parlamento israelí decretó que
Jerusalén era la capital de Israel "por la eternidad".
Veintitrés años después, la
resolución 476 de la ONU expresó: "Teniendo presente el estatuto
particular de Jerusalén y especialmente la necesidad de preservar y
proteger su dimensión espiritual y religiosa única (...) deplora que
Israel persista en modificar el carácter físico, la composición
demográfica, la estructura institucional y el estatuto de la Ciudad
Santa". Además, "confirma nuevamente que todas las medidas y disposiciones
legislativas y administrativas tomadas por Israel, la potencia ocupante,
con vistas a modificar su estatuto, no tienen ninguna validez en derecho y
constituyen una violación flagrante de la Convención de Ginebra relativa a
la protección de civiles en tiempos de guerra...". La respuesta a esta
declaración de principios no se dejó esperar. El mes siguiente, el
parlamento israelí aprobó una "ley fundamental" que declaraba "a Jerusalén
reunificada como capital de Israel". El Consejo de Seguridad de la ONU
reaccionó con la resolución 476 (1980), donde deja en claro que la
comunidad internacional "no reconoce la ?ley fundamental? y las otras
acciones que como consecuencia de esta ley tratan de modificar el carácter
y el estatuto de Jerusalén, y pide a los Estados que han establecido
misiones diplómaticas en Jerusalén, retirarlas de la Ciudad Santa". Como
tantas otras, esta determinación no pasó de ser un buen deseo y no hubo
sanciones para el Estado sionista. Israel, por su parte, aceleró el ritmo
de instalación de colonos, despojando de sus viviendas a los palestinos e
invirtiendo dinero en la construcción de nuevas colonias, gracias a la
multimillonaria ayuda norteamericana. Hasta hoy, ha seguido ignorando las
resoluciones de la máxima organización internacional. Luego de la última
condena mundial por la criminal represión contra los jóvenes palestinos,
el Estado israelí sólo logró concitar el apoyo de su simbiótico aliado
-EE.UU.- y de cuatro pequeñas repúblicas supuestamente independientes,
perdidas en algún ignoto lugar del Pacífico.
El derecho a
resistir
Para una aplastante mayoría de la comunidad internacional, no hay
dudas que el Estado de Israel se ha puesto fuera de la legalidad
internacional. Leila Shahid, representante de Palestina en Francia,
considera con razón que la mediación norteamericana llegó a su fin con el
fracaso de las conversaciones de Camp David, en las cuales, de consuno con
Israel, trató de imponer un acuerdo leonino a Yasser Arafat. "No
aceptaremos más ninguna lección de moral de una comunidad internacional
que ni siquiera es capaz de aplicar la décima parte de las 450
resoluciones relativas al problema palestino -dijo Shahid-. Exigimos que
se garantice, al menos, la seguridad de la población civil. Hace 33 años
que se nos promete una vida decente. Hace siete años se nos promete que el
proceso de paz mejorará las condiciones de vida de nuestro pueblo. No sólo
no ha habido ningún cambio al respecto, sino que ahora, además, somos
víctimas de una represión militar despiadada. La comunidad internacional
no protegió los campos de refugiados en Beirut en 1982, ni durante la
primera Intifada.
Tampoco ahora. No ha sido
capaz de hacer aplicar las resoluciones sobre los derechos que ella misma
ha reconocido a los palestinos, sea sobre la anexión de Jerusalén-este, o
en relación con la ilegalidad de los asentamientos y colonias israelíes.
Si hoy existe una situación tan explosiva, se debe en parte a la incuria y
a la cobardía de la comunidad internacional. Las guerras del Golfo y
Yugoslavia demostraron las posibilidades con que se cuenta cuando se
quiere aplicar una decisión sobre el retorno de los refugiados, o cuando
se decide tomar sanciones contra un país. Serbia es un ejemplo. ¡Se nos
niega el derecho a proclamar nuestro Estado, se nos niega toda protección
internacional! ¡No se toman sanciones contra Israel, y más encima se nos
exige que nos opongamos al legítimo derecho de nuestro pueblo a
resistir!".
Nada justifica la neutralidad,
la pasividad y el silencio. La resistencia del pueblo palestino, frustrado
en sus esperanzas a pesar de su sacrificio, merece ser recompensada con el
reconocimiento internacional, la soberanía efectiva ejercida sobre su
territorio y el derecho a decidir su destino.
NUEVA ETAPA DE LA LUCHA POR LA LIBERACIÓN DE
PALESTINA
Por: Abu
Bilal
Desde septiembre del año
pasado en adelante, hemos podido ver de nuevo los ataques brutales de los
colonos israelíes, el salvajismo del ejército sionista, la perfidia de
Ehud Barak, autores y responsables de matanzas de niños y adolescentes, de
destrucciones de casas y cultivos, los cuales han tenido por objeto
humillar al máximo al pueblo palestino y a todos los musulmanes. Contra
esta nueva fase de la agresión se ha levantado la Intifada al-Aqsa y se ha
generalizado la solidaridad de toda la Umma. Gracias a los EE.UU., ninguna
de las resoluciones de la ONU contra la entidad sionista se ha cumplido.
El “boicot económico popular” a la economía americana, en marcha en muchos
países musulmanes, ha dañado y preocupa a los Estados Unidos. Todo
ello supone un nuevo escenario en el conflicto del sionismo contra
Palestina.
Este nuevo escenario, distinto
al de la otra intifada y a la anterior política de la resistencia palestina,
cuenta de manera innegable con nuevos elementos.
Al contrario que en otras
ocasiones, la resistencia esta vez se ha identificado con el pueblo, tanto
por la movilización masiva de los jóvenes, como por la participación en
ella de casi todas las instancias del pueblo palestino. La Intifada
al-Aqsa no ha sido el efecto de una educación política, de la acción
disciplinada de gente encuadrada en organizaciones políticas o de la
propaganda de regímenes hostiles al israelí, sino que ha surgido
espontánea de la desesperación popular. La política de alcanzar acuerdos
con el enemigo seguida por Yaser Arafat, se ha visto, de esta manera,
invalidada. No se persiguen acuerdos, sino el fin de la ocupación, el
retorno de los 4.500.000 refugiados y la devolución de las tierras. Con un
acuerdo se daría legitimidad a las dos partes. Israel busca el
reconocimiento de los musulmanes en general y especialmente de los
palestinos. Este es el objetivo de su falsa “política de paz”. En 53 años
se ha visto claro que el único objetivo sionista ha sido levantar una
nación, con elementos muy heterogéneos, a expensas de la dignidad de los
habitantes legítimos de un territorio. Cada período de tranquilidad ha
sido una excusa para construir nuevos asentamiento, destruir casas
palestinas, traer inmigrantes y expulsar a los autóctonos. La paz en
Palestina existirá cuando desaparezca el sistema sionista y se sustituya
por el que libremente decida el pueblo palestino.
Otro factor nuevo es la
conciencia y la solidaridad desarrollada por todo el mundo musulmán. Los
medios de comunicación no dominados por el sionismo han llevado a los
hogares de centenares de millones musulmanes la realidad cotidiana bajo la
ocupación sionista. La respuesta solidaria ha sido el apoyo y la simpatía
generales por los palestinos y su causa. Grandes sabios musulmanes (el
Sheij del Azhar, Seyyed Tantawi, Sheij Yusuf al Qaradawi, Seyyed
As-Sistani, Seyyed Muhammad Hussein Fadhlal-lah, y Seyyed Jamene’í, entre
otros) han emitido fatwas y comunicados en los que aprueban la revuelta
palestina y en los que piden al resto de musulmanes del mundo la
solidaridad con dicho movimiento, y en los cuales se condena la política
de alcanzar acuerdos con el sionismo. El resultado ha sido convertir la
causa palestina en causa islámica.
En el capítulo de nuevos
factores hay que incluir la unidad de musulmanes y cristianos en Palestina
frente a los intentos sionistas de dividir por religiones al pueblo. Los
dirigentes cristianos árabes y palestinos en particular se han sumado a
las protestas y han aprobado la Intifada a pesar de que empezó por la
profanación por parte de Ariel Sharón de la explanada de las mezquitas. Es
evidente que la opresión en Palestina afecta tanto a musulmanes como a
cristianos, y los líderes de ambas religiones han sabido estar a la altura
de los acontecimientos. El enemigo es el sionismo.
Novedad es el movimiento de
solidaridad llamado “boicot económico popular”, cuyo origen han sido las
fatwas de los sabios diciendo que, en protesta por la brutal opresión, hay
que abstenerse de comprar productos del principal aliado de los sionistas,
Estados Unidos, y de los productos israelíes. El Sheij del Azhar incluso
se reunió con representantes del mundo empresarial egipcio para que cesara
el flujo económico hacia los Estados Unidos e Israel. En Arabia Saudí, la
cadena Macdonald’s ha prometido que una parte de sus ingresos se
invertirán en misiones humanitarias en Palestina, a causa del descenso en
las ventas. En la prensa árabe salió un mensaje interceptado de la CIA, en
el cual se exponía la preocupación estadounidense por el boicot. La
protesta no violenta y masiva empieza a tener efectos.
Así las cosas, tanto el
gabinete de Yaser Arafat como el de Ehud Barak han tenido que replantear
sus políticas. La Autoridad Palestina ha interrumpido las negociaciones,
mientras que el gobierno sionista ha sido disuelto. Parece ser que éste
último pretende lanzar unas operaciones de imagen ante su población para
parecer firme frente la Intifada. Lo cierto es que la población israelí
tiene mucho miedo y se toma muy mal cualquier pérdida de vida humana de
los suyos. Ante la revuelta generalizada y la situación psicológica de
encontrarse en un callejón sin salida, rodeados al norte por un Líbano que
los expulsó; al este por una Siria hostil y una Jordania con la mayoría de
población palestina; y al oeste por un Egipto en crisis; los israelíes se
han vuelto violentos y radicales políticamente.
Estados Unidos, ante el cambio
de gobierno, no ha reaccionado en toda su plenitud. Ha lanzado unas
propuestas para que ambos contendientes se sienten a negociar, pero no han
satisfecho a nadie. Al contrario que Bill Clinton, el presidente Bush no
cuenta con judíos entre sus cargos de confianza e incluso tiene a un
asesor de origen libanés. Estas circunstancias (presidente republicano,
gabinete sin judíos) podrían llevar a una atenuación en el apoyo americano
a Israel, algo que preocupa a sus dirigentes.
La guerra ha empezado. Nuevos
elementos configuran el escenario. Varias de las incógnitas quedan
suspendidas en el aire y tenemos que ver cuál va a ser el resultado de la
Intifada y de los distintos agentes de este drama.
LA TRAMPA DEL PLAN
CLINTON
Por: Michel Warchawski
(Rouge)
De camino a Washington, Yasser Arafat
puede esperarse una reunión difícil con el presidente saliente, Bill
Clinton. Tras haber sufrido el asalto de las capitales europeas, del
presidente Mubarak, de dirigentes árabes y rusos para que acepte el
"plan de mediación" americano, es en Washington donde va a tener que
resistir al padrino de esta mediación trucada. ¿Podrá hacerlo?.
Una vez más, la comunidad
internacional saluda unánimemente los "enormes compromisos" aceptados por
Israel gracias a la mediación de Clinton, y hace como si no comprendiera
como los palestinos pueden rechazar una propuesta tan generosa. Sin
embargo, evidentemente, no hay nada de eso. La propuesta americana es
inaceptable, y rechazada por el conjunto de las corrientes políticas
palestinas, incluso si las más lúcidas de ellas saben que no será fácil
decir no a una coalición que comprende a Clinton, Putin, Chirac, Mubarak,
el jordano Abdallah, y muchos más.
Un plan sin
contornos
En una editorial publicada por el periódico palestino "El Ayyam",
su redactor jefe, Akkram Haniyeh, un íntimo de Arafat, que había hecho el
viaje a Camp David el pasado julio, explica porqué, tal cual, esta
mediación no puede obtener el apoyo de los palestinos. En primer lugar,
porque no es un plan, sino a lo m s una segunda declaración de principios
que "crea más problemas de los que resuelve. Tales principios generales
van a necesitar docenas de acuerdos suplementarios para ser puestos en
marcha. Fueron necesarios diez meses de negociaciones difíciles sobre un
asunto tan menor como la calle de los mártires de Hebrón (un acuerdo que,
tras 5 años, no ha sido puesto en marcha por Israel!). Imaginemos entonces
cuantos años serán necesarios para llegar a un acuerdo sobre las fronteras
entre las diversas zonas en Jerusalén, o entre las colonias y las aldeas
palestinas vecinas. ". Pues, al contrario a lo que quieren hacernos creer
algunos periodistas, el plan Clinton no comporta ningún mapa sino ideas
generales y porcentajes: en Jerusalén, los barrios judíos serán israelíes,
los barrios árabes serán palestinos; del 5% al 8% de Cisjordania será
anexionado a Israel; habrá intercambio de territorios; tres bloques de
colonias serán anexionadas a Israel, etc. Nada se dice sobre los
mecanismos de arbitraje en el caso en que, una vez más, Israel intentara
imponer una lectura maximalista del acuerdo, o hacer que las cosas se
queden sin resolver indefinidamente. En el plan Clinton, como tras la
firma de la declaración de principios de Oslo, los palestinos están a
merced del veto israelí, pero esta vez han comprendido la trampa, y no
están dispuestos a aceptar caer en ella una segunda
vez.
La segunda razón del rechazo
palestino es que este plan, al aceptar el principio de anexión de
territorios ocupados, al legalizar las colonias, y al rechazar el derecho
al retorno de los refugiados, desafiaría al derecho tal como ha sido
numerosas veces expresado por las resoluciones de las Naciones Unidas.
"Las innumerables declaraciones palestinas según las cuales todo acuerdo
deberá ser conforme a la legalidad internacional son la expresión de una
posición de principio, no declaraciones de cara a la galería". En lo que
concierne a Jerusalén, Haniyyeh explica: "Sugiriendo una soberanía israelí
sobre el subsuelo de Haram el Sharif, los americanos prueban que no han
sacado ninguna lección del fracaso de Camp David y de la Intifada. Tales
sugestiones alimentan el fuego y pueden provocar una guerra de
religiones".
Olvidado el derecho al
retorno
Más
inaceptable aún es la negativa del derecho al retorno de los refugiados.
"La propuesta sobre la cuestión de los refugiados -que es el corazón del
problema palestino- viola la resolución 194 que reconoce explícitamente el
derecho a volver a sus casas, y lo reemplaza por una reinstalación, una
vuelta al estado palestino y compensaciones
financieras".
No hay ninguna duda de que el
propósito mayor de la mediación Clinton es imponer a los palestinos la
renuncia al derecho de los refugiados a reintegrarse a su país y a
recuperar sus propiedades inmuebles. Para hacerlo, Clinton está dispuesto
a pedir a Israel que renuncia al sueño demente de una soberanía judía
sobre el conjunto de Jerusalén-Este y sobre todo sobre Haram el Sharif.
Pero para Yasser Arafat, es como si se le propusiera, tras haberle
secuestrado sus dos hijos, firmar un acuerdo según el cual se le
devolvería uno de ellos, amputado de un brazo, a condición de que aceptara
matar al segundo con sus propias manos.
Y el redactor de "El Ayyam"
concluye: "Para los palestinos, lo importante es llegar a un acuerdo final
que tenga verdaderamente un carácter final. Es decir un acuerdo en el que
todos los detalles estén arreglados, incluso con mapas, un acuerdo que no
necesite una docena de acuerdos suplementarios para poder ser aplicado en
los hechos, y que no contenga ningún tipo de trampas. La amarga
experiencia de los siete últimos años exige que todo acuerdo final sea
verdaderamente final".
Bien dicho, y justa conclusión
de siete años de manipulaciones y trampas. Pero ¿tendrá la dirección
palestina la fuerza de imponer esta posición, que no es de hecho más que
la expresión del sentido común? La guerra de guerrillas que poco a poco
reemplaza a la Intifada le da los medios para ello. E incluso si no es
suficiente para arrancar rápidamente el Derecho, tiene al menos una
capacidad de desgaste sobre la sociedad israelí, cuyos signos se hacen
cada vez más evidentes, y que tarde o temprano obligará al nuevo gobierno
Barak-Sharon a revisar a la baja sus exigencias.
Extraído de Revista Islámica
Al Qibla