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Capítulo 2_... en el que la locura desapareció. Confesiones.

Está aquí, abrazado a mí, como un niño asustado. De todas las cosas que yo hubiese esperado de Aya, ninguna de todas ellas se parece ni remotamente a éste comportamiento. Es tan encantador. Se aferra a mi cuerpo como si fuera una especie de madera en el océano, mientras él había estado demasiado

tiempo nadando, solo, a la deriva. Ahora conmigo seguirá a la deriva, pero al menos no estará solo......

_Vamos, tenemos que ir a casa..._ murmuró Youji, mientras unas palmadas cariñosas le ofrecía a la espalda del desconsolado Aya, con su respiro espasmoso, después de tanto llorar en silencio.

_¿Un hogar?_ preguntó el pelirrojo, su voz ahogada por la ropa de su compañero, amigo...

_Nuestro hogar, Aya-chan...._.

_El hogar.... yo nunca tuve un lugar a donde ir_.

_Claro que lo has tenido, sólo que no te habías dado cuenta... todos nosotros te queremos, Aya-chan_.

Aya alzó la vista, su mirada acuosa se clavó el las esmeraldas de Youji, con cierta esperanza y desesperación. No se había equivocado, había hecho bien en volver a la realiadad... su torbellino interior no le había permitido ver. Ver que había gente a su lado. Tantos años de desprecio hacia los demás. Tanto. Y ahora, cuando creyó sería liberado de su tortuosa vida... descubrió con sorpresa que muchas personas lo querían, por más repelente que fuera su comportamiento. En sus pupilas se veían al verdadero Aya, al Aya que necesitaba cariño, a el Aya asustado.

_¿De verdad? me quieren...?_.

Es tan enternecedor... jamás habia experimentado sentimiento parecido por nadie. Ahora no es el líder suficiente que conocí durante tanto tiempo, el hombre frío y desconcertante. Era un hombre desamparado durante demasiado, soportó por lo visto más que cualquier ser humano. Y yo que lo odiaba por ser como era... y ahora me doy cuenta de que lo quiero...

_Por supuesto, qué creías?_.

El abrazo se profundizó. Youji sintió todos los músculos relajados del pelirrojo a la perfección, pegados a su cuerpo. No lo habían notado, pero se habían recostado en aquel techo... inolvidable. Cualquiera los creería dos jóvenes amantes. Ja, amantes........

_.... que me odiaban, eso creía..._.

Aya sintió toda la longitud bien formada de Youji. Ah, nunca antes había estado tan cerca de nadie.. siempre le había incomodado tanto la cercanía de cualquiera. Y ahora,.... ahora lo necesitaba, como nunca antes creyó que necesitaría a alguien. Ah, Youji, no sabes el bien que me haces... no tienes idea hasta qué punto te lo agradezco.... mi amigo.

_¿Por qué, Aya? ¿Qué te sucedió hace rato?_.

Aya sonrió. Cómo podría entenderlo Youji, si ni siquiera él lo comprendía a la perfección.De todas maneras, debía responderle, se lo debía.

_Para serte honesto..._ dijo, mientras sentía cómo los dedos de su amigo jugueteaban con sus cabellos. Ese contacto le produjo un leve escalofrío, aunque él estuviera acomodando su cabeza en el pecho de Youji, tan tibio._... no lo sé. Sólo sé que quería escaparme de todo. Desde... el 'incidente' de mi hermana, de mi familia.... yo..._ inconcientemente, se aferró aún más al cuerpo de Youji. Éste respondió._... yo estuve cegado de odio y dolor.... no podía ver otra cosa más que el momento de la venganza. Quise tanto a mi familia cuando ellos... vivían.... que decidí no volver a amar a nadie más. Todos los que se relacionan conmigo, terminan heridos de una u otra forma... y no deseo que ustedes se vieran perjudicados por eso.... ni ahora, ni nunca_.

Te ves tan pequeño, Aya-chan. Si no fuera porque te conozco, te trataría como a la más hermosa de las criaturas, te trataría como a una mujer. No eres una mujer, y yo no soy un pervertido... pero... quiero amarte.

¿Será desde hoy que en que me dí cuenta... de que ya no te odio...? No lo sé.

¿Debe ser porque somos tan diferentes? ¿O tan iguales? A fin de cuentas, los dos sufrimos por la pérdida de alguien.

......Asuka.......

El olor a pétalos de cerezo, la humedad de la sangre en el abrigo de Aya. La luna y el cielo negro. Ah, la sangre que se impregna en mí como su dulce aliento. La sangre que siempre estuvo presente, ni hoy fue la exepción. Ni hoy en el que tú te abres a mí, me cuentas secretos profundos, dedicados solo a tí.

¿Cuánto tiempo has guardado silencio? ¿El mismo que yo, durante las noches?

Eres como el canto de los grillos.

Como la luz de las estrellas.

Como la profundidad de los océanos.

Como la luminiscencia del ardiente fuego.

Y como el frío del más inquebrantable de los témpanos.

Eres tan extraño. Único.

_Pero... por qué hoy?_ ya no más juegos con el cabello, ahora eran perfectas caricias en el rostro.

Aya sonrió nuevamente. Ahora se sentía libre de poder hacer cualquier cosa, inclusive sonreír. Se sentía con las confianzas suficientes como para hacerlo... además, no estaba solo. Alguien al menos, lo comprendía, lo escuchaba.

_Cuando supe a quién teníamos que asesinar, y las razones...... recuerdas que salí a caminar? a pesar de la lluvia.... pues, ése día vagué por las calles de los desamparados. He visto la miseria que ése hombre creó, imaginando. Imaginando sus derroches descomunales de dinero, mientras los niños se contentaban con una simple hogaza de pan...... he visto llorar a ésas criaturas, y algunos cuerpos muertos y putrefactos en callejones vacíos. ¿Sabes? Mi hermana tenía ojos verdes... al igual que una niña de mirada triste y adulta. Cuando asesiné a ése sujeto yo... sentí el mismo odio y rencor que con los asesinos de mi familia. Ví en mi mente la mirada de ésa niña, la mirada tierna de mi hermana, volví a imaginar los lujos y los cuerpos putrefactos.... y fue todo lo que pude soportar......._.

Las lágrimas asomaban de nuevo. Recorrían el desgastado camino una y otra vez. De ojos tibios a labios finos, pasando por la piel más tersa y suave. Lágrimas que eran tiernamente secadas por un dulce pulgar ajeno. Tan suave. Se comportaba como un niño... quién lo hubiera creído? Necesitaba consuelo.

_En el silencio y torbellino de mi interior...... decidí quedarme allí, no volver para no sentir...._.

El dulce aroma de la colonia de Youji adormecía la conciencia de Aya, sus párpados caían cada vez más. Que paz se sentía. El concierto de los grillos, acompañados por el canto del agua, por el sonido de hojas al viento y por pétalos de cerezo. El tranquilo abrazo y el martilleo de un corazón estridente. Tan distinto. ¿Que hacía abrazado a un hombre? ¿Y por qué no? Era el único que escuchaba sin prejuicios. ¿ Por qué contaba sus secretos? ¿Y por qué no? El dolor no le había dejado ver que no era el único que sufría, Youji también sabía de pérdidas dolorosas. ¿Por qué se sentía tan bien? ..............................

_Pero volviste! Volviste al sitio de donde querías escapar! ¿Por qué?_.

Si yo hubiese sabido antes de tus tantos tormentos, si yo te hubiese entendido....... Aya, si sabes que en el mundo sufres, porqué vuelves? Sé ahora, que no quiero que te alejes, pero... tampoco quisiera verte sufrir otra vez. ¿Por qué?.

_Fueron tus ojos, Youji... los que me hicieron volver...._.