Make your own free website on Tripod.com
Sistema de Inteligencia Weiß: Plantas Insumisas
Recuerdos del pasado 7; Ruby
Inicio
Que es Weiß Kreuz?
Weiß: Los cazadores blancos
Schwarz: pura energía psíquica
Otros personajes
Weiß Kreuz Glühen
Yaoi en Weiß??
Más allá de Weiß
Productos Weiß
Lyrics
Konekos y mas konekos
Florería Koneko no Sumu Ie
Projekt SIE
Fanart
Fanfiction
la colección de Daji
Encuestas
Sobre Daji Fujimiya Naoe
Links
Copyrights

Venganza, lagrimas de sangre

Los blancos y pulcros pasillos del hospital privado, a donde habían llevado a Schuldin, estaban completamente desiertos, era demasiado temprano y las horas de visita iniciarían hasta dentro de un par de horas.
Crawford, veía obstinadamente la puerta cerrada del quirófano, sin apartar la vista, de la luz que indicaba que la cirugía a un no terminaba, Schuldin estaba en cirugía hacia ya un par de horas y por lo que habían dicho los médicos, a un tardarían un par de horas mas, para terminar la operación.
-Será mejor que se vayan a casa, dijo Crawford con un murmullo de voz, su semblante frío estaba completamente destrozado, en su rostro solo se veía la preocupación que sentía por Schuldin.
-Pero..., intento replicar Nagi, pero se callo, al sentir la delicada mano de Farfarello en su hombro, giro su cabeza y clavo su vista en ese ojo color brandy.
-Será mejor marcharnos Nagi, no podemos hacer nada por Schuldin.
-Pero..., intento de nuevo replicar, pero al ver a su compañero de cabellos blancos tan serios decidió, mejor no decir nada, -Esta bien, vayámonos, dijo completamente resignado, sabía que no podía ganarle a Farfarello, cuando este parecía recuperar su cordura.
-Regresaremos mas tarde, declaro Farfarello, mientras se llevaba a Nagi consigo, pero el adolescente, se giro una ultima vez, para ver a su líder, que se veía completamente derrotado.
-Avísanos en cuanto salga de cirugía, dijo Nagi, el americano solo asintió con la cabeza, espero a que los dos se fueran, para dejarse caer, sobre una de las sillas blancas de la sala de espera, se sentía completamente derrotado.
-"Fue mi culpa, yo debí anticipar ese disparo, yo debí hacerlo", pensaba Crawford, completamente entristecido por pensar en que podía perder a Schuldin, para siempre.
-"Si, fue tu culpa, ¿Qué se siente lastimar al objeto de tu afecto?", dijo una voz, ya conocida en la mente de Crawford.
-"Calla", contesto mentalmente Crawford.
-"Me lo imagine, sigues sin responderme, no lo pudiste ayudar, en nada"
-"¿Quién eres tú para decir eso?, acaso estuviste hay para ayudarlo", contesto completamente furioso Crawford.
-"¿Quién soy?, eso ya lo sabes, o tan pronto te olvidaste de mí, si tan solo anoche me vistes en el parque", contesto mentalmente la voz de Alessandro, entablaba esa conversación con Crawford, solo para obtener los nombres de los culpables de que su pequeño estuviera así y de paso aprovechar para hacer caer a un mas bajo a la persona que hizo sufrir a su pequeño.
-"Eso lo sé, pero evades mi pregunta, ¿Por qué no estuviste hay para ayudarle?", Crawford intentaba recuperar la calma y así poner en su lugar al sujeto que le quería quitar a Schuldin, a su Schuldin.
Una gran carcajada, resonó en la cabeza de Crawford, tan real, como si se hubieran reído en su oído, -"Muy astuto, pero en eso tienes razón, no estuve hay para mi pequeño, pero eso a hora no importa, él estará fuera de peligro para cuando el sol caiga y derramaran lagrimas de sangre todos aquellos que le han hecho sufrir".
-"¿Lagrimas de sangre?" se preguntaba Crawford mentalmente, -"A que se refería con eso, ese sujeto y ¿por qué no dejaba de decirle mi pequeño a Schuldin?", le molestaba que alguien le dijera de esa forma a su Schuldin.
Pasaron un par de horas, el día apenas comenzaba, la luz del quirófano que indicaba que estaban en cirugía, se había apagado, la operación ala que estaba siendo sometido Schuldin había sido terminada, primero salieron un par de enfermeras junto con uno de los médicos. Él médico un hombre de edad avanzada, de cabellos canosos, gafas y una bata blanca, se acerca al americano, que no se había apartado un centímetro mas de lo necesario de Schuldin.
-¿Cómo esta?, pregunto Crawford, con toda la seriedad que logro acumular, en los breves segundos que tardo él medico en llegar a donde él estaba, él medico se quito sus lentes, los guardo en una de las bolsas de su bata, miro al joven de cabellos negros que tenia enfrente, le sonrió con amabilidad.
-Su amigo llego aquí con una herida por arma de fuego, bastante grave, pero hemos logrado extraer la bala y salvarle la vida, por a hora se encuentra fuera de peligro, solo hace falta esperar a que le pase el efecto de la anestesia.
-¿Él se pondrá bien?
-No se preocupe mas por su amigo, dijo él medico, dedicándole una sonrisa cálida y amigable al preocupado joven, que a un que no lo demostraba mucho, el doctor sabía que si estaba muy preocupado por su amigo, -Él estará bien, a hora baya a casa, descanse un poco, su amigo aun tardara varias horas mas en salir del efecto de la anestesia.
Las puertas del quirófano se abrieron, y varias enfermeras sacaron una camilla, con Schuldin en ella, se veía tranquilamente dormido, con una media sonrisa en sus labios, sus cabellos naranjas dibujando una mancha de color, sobre las sabanas blancas. La camilla se detuvo un minuto, junto a Crawford y él medico.
-"Schuldin..., té vez tan inocente, tan débil, tan indefenso y todo por mi culpa", pensaba Brad, mientras veía, como las enfermeras se llevaban al pelirrojo.
-Váyase tranquilo, Él no despertara a un, descanse y después venga a verlo, sus otros amigos, devén de estar preocupados por no tener noticias suyas.
-¿En que habitación estará?, dijo Brad, se había dado, por vencido, y en cierta forma estaba de acuerdo con el doctor, no podía hacer nada, y de nada servia que él estuviera cansado y todo sucio, a un tenia que decirle a Nagi y a Farfarello, sobre el estado de Schuldin y aun faltaba hablar con Takatori, con respecto a lo de la noche anterior y eliminar el problema llamado Alessandro.
-En el cuarto 669, respondió él medico, esperando que ese joven terco se marchara de una vez, a descansar o en lugar de haber solo un paciente, tendría dos.
*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*~*-*
Una campanilla anuncio la entrada de un joven de cabellos completamente negros hasta sus caderas, vestía con un traje de fino corte de color gris oscuro, una camisa blanca y una corbata de color tinto, a la florería, estaban a punto de cerrarla, pero aun así los 4 chicos que atendían la tienda, estaban aun en ella.
Él más pequeño de los cuatro se encontraba barriendo tranquilamente, Youji acomodaba junto con Ken algunas macetas, mientras que Aya estaba haciendo un hermoso arreglo floral, que no tardarían en recoger.
-Buenas noches, saludo Omi, que era él más cercano a la puerta, -¿Puedo ayudarle en algo?, pregunto con la cortesía que lo caracterizaba.
-Buenas noches, saludo de regreso, el recién llegado, -Si, por favor, voy a visitar a un amigo enfermo, y quisiera llevarle flores.
-¿Alguna en particular?, cuestiono de nuevo Omi, dejando de lado la escoba y prestándole toda su atención a su atractivo cliente.
-Ho si, deseo unas rosas rojas y blancas, gencianas, freesias y orquídeas de las mas exóticas que tengas, por favor, dijo el joven, dedicándole una gran sonrisa a Omi.
-En un momento, armare su arreglo, dijo el pequeño y se dirigió, hacia donde estaba Aya, el cual ya había terminado el arreglo florar que estaba realizando, de la mesa tomo unas tijeras y se dedico unos minutos a cortar las flores que le habían pedido, las cuales dejaba cuidadosamente sobre la mesa donde Aya, a pesar de haber terminado el arreglo, seguía con unas tijeras de podar en la mano y buscando algún defecto en las flores.
-Mmmm, creo que estas serán suficientes, dijo Omi y se puso a hacer el arreglo que le habían encargado, mientras que él joven de cabellos negros, veía la florería con completa calma, llego hasta donde estaban Youji y Ken, los cuales ya habían terminado de acomodar las macetas, con unas bonitas flores, de pétalos bicolor, apegados al centro blanco y en las partes finales, de colores vivos.
-Disculpen ¿Qué clase de flores son esas?, dijo él joven de cabellera negra, mientras miraba hacia las macetas que acababan de acomodar Youji y Ken.
-Son pensamientos, respondió Ken, él joven dejo de ver las flores, para dedicarle una gran sonrisa a Ken y a Youji.
-Pensamientos, bonitas flores, creo que tendré que comprar algunas para mi jardín, dijo él joven se dirigía hacinad donde estaba Omi, pero de paso tomo 4 flores en sus manos, una rosa blanca, una orquídea muy sencilla de color lila, una genciana y una freesia, al llegar a la mesa donde estaba Omi, este ya había terminado de acomodar y dar forma a un bonito arreglo, las flores estaba acomodadas dentro de una canasta, con algunas cuantas ramitas verdes, para darle mas vida y en el asa de la canasta un gran listón blanco formando un moño simple.
-Listo, espero le guste, dijo Omi al ver a su cliente mirando detenidamente las flores.
-Gracias, también llevare estas, dijo él joven, mientras mostraba las cuatro flores en su mano, Omi se encargo de cobrarle y entregarle el arreglo ya terminado, él joven tomo la canasta con flores y se dirigió a la salida, al llegar a la puerta, se giro a ver a los floristas -Lastimaron a quien más amo, por ello derramaran lagrimas de sangre, dijo en un susurro y salió de la tienda, a fuera el sol apenas terminaba de ponerse, los 4 floristas no escucharon lo que había dicho y después de su partida cerraron la florería.
Después de cerrar la florería, los cuatro chicos de Weiss entraron a lo que era su vivienda, no paso mucho tiempo antes de que se fueran a dormir, inexplicablemente les había dado mucho sueño, Youji cancelo una cita por ese motivo, intento quitarse el sueño con una gigantesca taza de café bien cargado, pero no lo logro y muy a su pesar, realizo una llamada y cancelar la cita que tenia con una linda chica, Ken le hecho la culpa de su pesado sueño al largo día que había tenido, Aya no se pregunto nada, solo se puso ropa floja y se tiro a su cama y Omi ni siquiera prendió su computadora, se quedo dormido con toda y la ropa que llevaba puesta.
Todas las luces de la casa de los chicos de Weiss estaban apagadas, todos sus habitantes estaba profundamente dormidos, soñando con lo que para ellos es su mundo feliz. Por el largo pasillo donde están las habitaciones de los cuatro florista, se pasea un joven de cabellos negros, con gran tranquilidad, cuatro flores en una de sus manos, se detiene justo en la puerta del final del pasillo.
-"El primero será, Él menor de los cuatro", pensó Alessandro, el cual abrió la puerta, de la recamara de Omi, -"Tan indefenso y tan vulnerable", pensó Alessandro, mientras veía al chico de escasos 16 años, con su rostro de ángel, dormía con completa calma, su respiración tranquila y su rostro sin la más mínima perturbación, él vampiro se recostó junto a Omi, -Tan hermoso y pequeño, guardas un gran secreto dentro de tu mente, pero no te preocupes no tocare esa parte de tu cabeza, pero eres culpable de hacer sufrir a lo que mas amo y cuando despiertes sentirás como real, lo estas viendo en tus sueños, tu cuerpo lo siente y sufre por ver perder lo que amas, eso es lo que yo sentí por ver a mi pequeño en ese estado, susurro el vampiro al oído del dormido, le acaricio los cabellos un par de veces.
No pasaron mas que un par de minutos, Omi se encontraba soñando tranquilamente, se veía envuelto en unos cálidos y delicados brazos, se sentía sumamente feliz, su mirada perdida en los ojos cafés de Ken, de su amado Ken, ambos se encontraban viendo el mar y un magnifico atardecer, el sol se pone y deja paso a la luna, Ken y Omi comienzan a besarse apasionada mente, acariciándose con pasión, la escena era el inicio del perfecto sueño húmedo de cualquier joven de 16 años, el sueño tranquilo que estaba teniendo Omi se desvanece, su cuerpo en la realidad comenzó a temblar, a sudar frío, su rostro se desfiguro por el terror que le estaba causando el cambio tan abrupto de su placido sueño, su pesadilla había comenzado al ver como Ken era arrancado de sus brazos y sustituido por el peso de otra persona, esta tiene un largo cabello negro, tan negro como sus ojos, la mirada de Omi se clava en el mar, la luna ilumina las aguas, las cuales estaban teñidas de rojo por la sangre de Ken. Omi se contrae de dolor, ya que el joven de cabellos negros le a penetrado sin consideración, le duele, lo toman salvajemente, con ira, con furia y con una fuerza excesiva, y su vista solo esta clavada en el cuerpo sin vida de su amado, al cual las olas comienzan a cubrir, las envestidas terminan, el joven de cabellos negros desaparece, dejando al pequeño solo, llorando y abrazando el cuerpo de Ken, su sueño se había convertido en su peor pesadilla.
Él vampiro se retiro de la cama de Omi, lo miro un segundo mas, se sonrió por su trabajo bien hecho, tomo la freesia que tenia en su mano y la dejo en la mesita de noche de Omi, junto con una tarjeta blanca que decía.
~ Todos los que hagan sufrir a mi pequeño, derramaran lagrimas de sangre ~
Alessandro se retiro de la habitación de Omi, la siguiente puerta en el orden de aparición era la de Aya, abrió la puerta sin hacer ruido, miro solo por un segundo al pelirrojo, se dirigió hacia la ventana de la habitación y la abrió por completo, dejo una rosa blanca, atorada en la ventana abierta, junto con una nota igual ala que había dejado en la habitación de Omi.
El vampiro frunció el seño, había mirado su reloj, y ya era tarde, había perdido mucho tiempo con el niño, así que se apresuro a hacer su trabajo, era momento de convertir los dulces sueños de Aya en pesadillas.
El pelirrojo líder de Weiss, se encontraba soñando, Takatori había muerto hacia tiempo y Aya-Chan había salido del coma, se veía viviendo feliz en un bonito departamento, su vida era perfecta, había recuperado la sonrisa que había perdido por culpa de Takatori, pero su sueño al igual que el de Omi cambio en tan solo un segundo, Ran y Aya-Chan, se encontraban comiendo tranquilamente, conversando y riendo como antes, pero de la nada apareció un joven de cabellos negros, el cual sin decir una sola palabra sin siquiera mirarlo a él, le quebró el cuello a Aya-Chan, Ran no podía hacer nada, simplemente no se podía mover, él joven de cabellos negros había tomado la katana de Ran, la cual había aparecido de la nada, y con esta había destajado a la hermana del pelirrojo, sin la menor consideración, dejando todo el lugar cubierto de sangre.
-Van 2, faltan otros 2, dijo Alessandro, mientras dejaba a Aya en un estado lamentable, lagrimas en su rostro, su cuerpo frío, tanto por sentirse tan impotente, por lo que veía y por la ventana abierta, era muy probable que le diese una pulmonía, el clima ya era demasiado frío.
El siguiente en la lista era Ken, de nuevo la misma operación, una genciana y la misma nota que en las habitaciones anteriores, y Alessandro se introdujo en sus sueños, los cuales eran más inocentes, Ken soñaba con un gran campo de fútbol, donde él jugaba junto con muchos niños un partido, Omi con su gigantesca sonrisa viéndolos jugar, pero de repente el cielo se nubla y comienza a caer una gran tormenta, el partido se detiene, las luces que usualmente debían encenderse en cuanto no hubiera luz, no se prendieron, un relámpago callo iluminando todo, un joven de cabellos negros había aparecido en medio de la cancha, a Ken no le pareció extraño ver a alguien hay, pero no se alcanzaba a ver casi nada, otro rayo mas ilumino el lugar y a hora todos los niños, con Omi incluido estaban muertos, las luces se encendieron y Ken pudo apreciar la masacre que había, todos los niños muertos, sangre sobre todo el pasto verde, Ken no pudo soportar ver eso, callo de rodillas en el pasto, llorando y la lluvia lavando la sangre que parecía no querer acabarse.
-Tranquilo mi pequeño, uno mas y estaré contigo, él vampiro se dirigía al cuarto de Youji, a Ken lo había dejado en el mismo estado que a Omi y a Aya, llorando, temblando de miedo y sudando frío.
Entro a la habitación del mayor de los Weiss, lo miro un minuto, se acerco hasta él y dijo -Por tu culpa, mi pequeño esta así, tú eres el mayor responsable, debería de matarte a hora mismo, pero..., eso seria acabar con todo rápidamente y debes de pagar por hacerle sufrir, una sonrisa sádica apareció en el rostro tranquilo del vampiro, dejo una orquídea y la misma nota que en los demás habitaciones sobre una almohada que había tirada en el suelo.
El sueño de Youji, era demasiado similar a los demás, el se veía de nuevo con Asuka, la hermosa chica que una ves fue su, socia, novia y amante, Youji tiene a Asuka en sus brazos, se estaban besando, retirando lentamente sus ropas, querían tener una noche agitada, pero Alessandro apareció en lo que seria un espléndido recuerdo, le quita a Asuka de sus manos, arroja a Youji sobre un sillón y no puede moverse, como si hilos invisibles le ataran, y así tubo que ver, como el vampiro clavaba sus colmillos sobre la blanca y delicada piel de la joven, hasta desangrarla por completo, para después dejarla caer como un bulto inservible en un rincón de la habitación en donde estaban.
-No debiste haber lastimado a mi pequeño, y por ello, esta y otras pesadillas no te dejaran dormir Youji Kudou, le dijo él vampiro a Youji en el sueño, para después desaparecer y dejar así a los 4 floristas sumidos en pesadillas, las cuales se repetirían una y otra vez, hasta que él se cansara de que eso pasara.
A las afueras de la tienda y casa de los chicos de Weiss, estaba Alessandro con un arreglo floral en sus manos, este veía su obra culminada, se sonrío como usualmente lo hacia, y se dirigió hacia el hospital donde estaba Schuldin, tenia que entregarle las flores que había comprado para él.
-Ya voy mi pequeño, ya voy, pronto jamás te separaras de mí.