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Gracias, Presidente Bush. por Paulo Cohelo
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Nota de Daji: Este texto fue publicado en México el viernes 14 de marzo de 2003, en el periódico Reforma, en la sección Cultura. Son las palabras del gran escritor Paulo Cohelo.
Por favor, por nosotros y por el futuro, NO A LA GUERRA.
 
***
Gracias, Presidente Bush
Por PAULO COELHO
     GRUPO REFORMA

Gracias, gran líder George W. Bush.
 
Gracias por mostrarnos a todos el peligro que Saddam Hussein representa. Tal vez muchos de nosotros hubiéramos olvidado que él utilizó armas químicas contra su pueblo, contra los kurdos, contra los iraníes... Hussein es un dictador sanguinario, una de las más claras expresiones del mal de hoy en día.
 
Sin embargo, ésta no es la única razón por la cual le estoy agradecido. En los dos primeros meses del año 2003, usted ha sido capaz de mostrar muchas cosas importantes al mundo, y por eso merece mi gratitud.
 
Así, recordando un poema que aprendí en la infancia, quiero decirle: gracias.
 
Gracias por mostrar a todos que el pueblo turco y su parlamento no están en venta ni por 26 mil millones de dólares.
 
Gracias por revelar al mundo el gigantesco abismo que existe entre la decisión de los gobernantes y los deseos del pueblo. Por dejar claro que tanto José María Aznar como Tony Blair no conceden la mínima importancia ni tienen ningún respeto por los votos que recibieron. Aznar es capaz de ignorar que el 90% de los españoles están contra la guerra, y Blair no se inmuta con la mayor manifestación pública realizada en Inglaterra en los últimos 30 años.
 
Gracias porque su perseverancia forzó a Tony Blair a ir al Parlamento inglés con un dossier falsificado, escrito por un estudiante diez años atrás, y presentarlo como "pruebas contundentes recogidas por el servicio secreto británico".
 
Gracias por lograr que Collin Powell se pusiera en ridículo al mostrar al Consejo de Seguridad de la ONU algunas fotografías que, una semana más tarde, fueron públicamente impugnadas por Hans Blix, el Inspector responsable del desarme de Iraq.
 
Gracias porque su posición hizo que el Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Dominique de Villepin, en su discurso contra la guerra, tuviese el honor de ser aplaudido en el plenario. Honor que, por lo que sé, sólo había sucedido una vez en la historia de la ONU en ocasión de un discurso de Nelson Mandela.
 
Gracias porque a causa de sus esfuerzos por la guerra, es la primera vez que
las naciones árabes -generalmente divididas-, han condenado unánimemente una invasión, durante la reunión celebrada en El Cairo la última semana de febrero.
 
Gracias porque su retórica afirmando que "la ONU tiene una oportunidad de mostrar su relevancia", logró que hasta los países más reacios terminaran tomando una posición en contra del ataque a Iraq.
 
Gracias porque su política exterior ha hecho declarar al Ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Jack Straw, en pleno Siglo 21, que "una guerra puede tener justificaciones morales", y con esa declaración perder toda su credibilidad.
 
Gracias por intentar dividir una Europa que lucha por su unificación; es una
señal de alerta que no será ignorada.
 
Gracias por haber conseguido lo que pocos han conseguido en este siglo: unir a millones de personas en todos los continentes luchando por la misma idea -aun cuando esta idea sea opuesta a la suya-.
 
Gracias por hacernos sentir nuevamente que, aunque nuestras palabras no sean oídas, por lo menos son pronunciadas, y esto nos dará más fuerza en el futuro.
 
Gracias por ignorarnos, por marginar a todos aquellos que tomaron una actitud contra su decisión, pues el futuro de la Tierra es de los excluidos.
Gracias porque, sin usted, no habríamos conocido nuestra capacidad de movilización. Quizá no sirva para nada en el presente, pero seguramente será útil más adelante.
 
Ahora que los tambores de guerra parecen sonar de manera irreversible, quiero hacer mías las palabras que un antiguo rey europeo dirigió a un invasor: "Que su mañana sea hermosa, que el sol brille en las armaduras de sus soldados, porque durante la tarde yo le derrotaré".
 
Gracias por permitirnos a todos, un ejército de anónimos que se manifiestan por las calles intentando parar un proceso ya en marcha, conocer la sensación de impotencia, aprender a lidiar con ella y transformarla.
 
Por lo tanto, aproveche su mañana y la gloria que ella aún pueda traerle.
 
Gracias porque no nos escuchaste y por no tomarnos en serio. Pero sepa que nosotros le escuchamos y no olvidaremos sus palabras.
 
Gracias, gran líder George W. Bush.
Muchas gracias.