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El sol de la mañana entró por la ventana. Aya abrió los ojos lentamente, y buscó a su lado al chico de pelo castaño. Nagi dormía profundamente, su rostro lleno de una extraña inocencia, que no se esperaba estuviera en un asesino a sueldo. Nagi soltó un pequeño suspiro y se acomodó entre los brazos del pelirrojo.
Mientras miraba a Nagi, Aya escuchó que la casa comenzaba a tener actividad. Omi se acababa de levantar y estaba tratando de despertar a Yoji, mientras Ken bajaba las escaleras con paso lento. Aya volvió a mirar a Nagi, quien ya había despertado y lo miraba con ojos soñolientos.
-Que vamos a hacer?- La voz de Nagi apenas rasgó el silencio de la habitación; fue lenta y muy queda, como si no quisiera que Aya lo oyera.
-No sé. Supongo que...no es problema de nadie mas que nuestro...- Aya se levantó de la cama, dejando que los rayos dorados acariciaran su piel desnuda.
-Yo no estoy tan seguro. Crawford va a matarme si se entrera de que...- Nagi miró nervioso el techo.
-Si yo dejo que te ponga una mano encima. Y eso no va a pasar.- El pelirrojo miró decidio a Nagi, quien se sonrojó.
-No te parece que esto está llegando demasiado lejos? Es decir...todo empezó con la droga, y pues....- Nagi se sentó en la cama.
-Para mi no. Para mi todo comenzó con los sueños. Y creo que tu sabes de que hablo.- Aya se vistió apresuradamente.
-Sueños...los sueños son solo eso. Ilusiones que no significan nada.- Nagi miró hacia la ventana, triste.
El pelirrojo se sentó junto al jovencito, y lo abrazó. -Tal vez...pero a mi no me interesa. Yo te quiero a ti. Y no quiero que me dejes nunca.-
Nagi se aferró al cuello de Aya. -Y yo no quiero irme...-
Los dos se amaban como jamás habían amado a nadie (por lo menos en esta vida).
Sabían que les esperaban dificultades.
También sabían que, igual que con Gabriel y Santiago, habría quienes no entenderían.
Y sabían que querían intentar cambiar un pasado triste, que terminó en el fuego.
Pero no sabían lo que les deparaba el futuro. Porque eso uno jamás lo sabe.
Nagi y Aya se besaron, esperando que esta vez, si fuera para siempre.
*+*+*
Santiago se lanzó a las llamas, aferrándose al cuerpo de su amado, y sintiendo que las llamas lo consumían también.
Gabriel ya casi no respiraba, pero con su último aliento logró decirle a Santiago que lo amaba.
Y Santiago rezó por que se les diera otra oportunidad de estar juntos.

Fin.