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The Sleeping Weiß

(El Weiß Durmiente)

Por: Fujimiya Daji

Notas: Esta es, por mucho, la cosa mas estúpida que escrito, pero creo que es una historia graciosa. Está basada en la historia de la Bella Durmiente (lo cual es bastante obvio dado el título) pero los personajes y situaciones del cuento tradicional están distorsionados de manera tal que pudiera combinarlos con Weiß. Espero que les guste. Yo me divertí mucho escribiéndolo.

Advertencias: yaoi, lime, PWP

parejas: Yoji x Aya, Nagi x Omi

+++++++++++++++++++++++++

Érase una vez la lejana tierra de Weiß. En ese reino había un rey y una reina. El rey Fujimiya y la reina Fujimiya tuvieron un hermoso hijo al que llamaron Ran, y hubo una gran fiesta para celebrar su nacimiento. A esta fiesta acudieron los más respetables señores de toda la comarca y los más ricos reyes de otras tierras.

El castillo Fujimiya estaba decorado bellamente con sedas y piedras preciosas, el vino y la comida eran deliciosos y la música animaba a todos los invitados a bailar.

-Bien, pues es hora de que todos conozcan al pequeño Ran....- la reina dijo, y pidió a la nana del príncipe que lo trajera.

La nana trajo consigo a tres sirvientes, quienes cargaban una cuna de marfil, rodeada por cortinas de las más fina gasa. La reina abrió las cortinitas de gasa. Dentro de la cunita estaba el mas bello ángel del cielo. El bebé dormía plácidamente, y su cabello rojo como la sangre brillaba con la luz que entraba por los ventanales del salón.

De repente un gran barullo se escuchó en el salón. -Miren, arriba!- -Miren, ya llegaron!-

Toda la gente volteó hacia arriba. Ahí, en lo alto del salón flotaban las Tres Hadas Madrinas que habían sido invitadas al convite.

El hada Omi, el hada Ken y el hada Nagi descendieron al suelo y se pararon junto a la cuna.

-Bienvenidas, Hadas Madrinas!- la reina dijo, y todos los presentes se inclinaron para saludar a las hadas recién llegadas.

-Pues bien, es hora de hacer nuestro trabajo!- Exclamó felizmente el hada Ken.

-De acuerdo!-, asintieron las otras dos hadas.

El hada Omi levantó su varita mágica e hizo un pase mágico, que derramó lucecitas doradas sobre el príncipe Ran. -Con mis poderes yo te doy los regalos de la belleza y la inteligencia! Poseerás estos dones y los usarás para servir a los demás!-

El hada Ken levantó su varita mágica e hizo un pase mágico, que movió un vientecillo rojizo alrededor del príncipe Ran. -Con mis poderes yo te doy el regalo de la habilidad con la katana! Poseerás este don y lo usarás para servir a los demás!-

El hada Nagi levantó su varita mágica, pero justo cuando iba a hacer su pase mágico, un fuerte trueno resonó en los cielos.

-Como se atrevieron a no invitarme a la fiesta!- Todos miraron hacia la entrada del salón. Ahí, ataviado con su negro traje y llevando su báculo mágico, estaba el brujo Crawford, acompañado de sus fieles sirvientes Schu-Schu y Farfi. -No es justo! Yo también quería venir! Pero no me invitaron! Por ello...- el brujo Crawford levantó su mano derecha y apuntó hacia los reyes Fujimiya con el dedo índice. -...yo los maldigo!!!-

Toda la concurrencia soltó un grito de terror. Los reyes Fujimiya se abrazaron. -No, por favor, brujo Crawford!- exclamaron.

-Muahahahahaha! SÍ! Yo los maldigo...en 18 años...en 18 años el príncipe Ran se picará el dedo índice de la mano derecha con la punta de uno de los cuchillos de Farfi y caerá en el más profundo de los sueños, junto con este reino! Esa es mi venganza! Muahahahaha!- Una vez dicho esto, el brujo Crawford y sus fieles sirvientes Schu-Schu y Farfi desaparecieron en una nube de humo.

-Oh, no! Ahora que haremos!- exclamó la reina Fujimiya. -No hay mucho que podamos hacer...- dijo el hada Omi, - ...el brujo Crawford es muy poderoso.- El hada Nagi levantó su varita de nuevo.

-Lo más que puedo hacer es esto...Con mis poderes yo te envió la protección de los seres superiores para que ellos te auxilien que cuando caigas en tu profundo sueño, Ran. Llegará un príncipe, el más valiente y atractivo de todos. Y este príncipe te rescatará de las garras de ese sueño con un beso de amor. Ese beso te despertará a ti y a todo tu reino.-

El hada Nagi hizo un pase mágico, y una luz rosada cubrió al príncipe Ran.

-Podemos llevarlo con nosotros,- dijo el hada Ken,- y así nos aseguraremos de que en veinte años no toque ningún cuchillo de Farfi y de que el brujo Crawford no se le acerque.-

Los reyes estuvieron de acuerdo y entregaron al príncipe Ran a las Tres Hadas Madrinas. Las Hadas tomaron al bebé y desaparecieron en medio de una luz blanca.

***

Los años pasaron y un día un joven rubio iba caminando por el bosque, su cable en mano. Estaba listo para cazar alguna fiera. El joven oyó de repente un ruido entre los arbustos.

-Vaya, vaya..algun ciervo está a punto de caer en mis manos...- el rubio alistó su fino alambre y lo lanzó al ciervo, atrapándolo. -Te tengo!-

El rubio jaló el cable para acercar a la presa y atestarle el golpe mortal con su daga de plata. Pero cuando jaló y sacó a su presa de entre los arbustos, se dio cuenta de que no había atrapado un ciervo, sino a un joven pelirrojo.

-Que te pasa, idiota! Suéltame!- El pelirrojo tenía cara de pocos amigos, pero el rubio lo miraba fascinado. -Hola, sexy!! Que hace una criatura tan bella y delicada como tú sola en el bosque? Alguien podría tratar de aprovecharse de ti...- dijo el rubio mientras sonreía lujuriosamente.

-Mira, estúpido. Suéltame o si no vas a arrepentirte.- El pelirrojo le lanzó

una mirada fría al otro joven. -De verdad? Cuál es tu nombre, sexy? Yo soy Yoji.- Yoji se acercó al pelirrojo, quien seguía tirado en el piso y amarrado, con solo un brazo libre.

Pero cual sería la sorpresa de Yoji cuando el pelirrojo sacó una filosa katana con el brazo que tenía libre. -No te acerques o te voy a meter esta katana ya sabes por donde...- Yoji sonrió de nuevo.

-Hazlo. No puedo esperar...- dijo Yoji con la voz aterciopelada.

-PERVERTIDO!- El pelirrojo gritó furiosamente. -No te acerques!-

Yoji se rió. -De acuerdo. Calma precioso, solo estaba bromeando. Como te llamas?- El rubio desató al otro muchacho, quien inmediatamente se incorporó.

-Aya. Me llamo Aya.- El pelirrojo guardó su katana.

-Aya? Ese nombre es de mujer!- Yoji no pudo ocultar su asombro. Aya gruñó ligeramente.

-Cállate. Por lo menos yo no uso un ridículo y femenino top que deja descubierto mi abdomen.-

Yoji sonrió.

-De acuerdo, Aya. Tu ganas.- Aya miró hacia el cielo. -Se hace tarde. Tengo que irme.-

Yoji vio su oportunidad perfecta para seducir...digo...acompañar a Aya.

-Te acompaño?-

Aya lo miró fríamente. -No. Ni se te ocurra seguirme o te parto en dos.-

Dicho esto, Aya desapareció entre los arbustos, dejando a Yoji perplejo. -Rayos! Como es que este ángel tiene la lengua de una víbora!-

*

Un rato después, en una casita en medio del bosque, Aya encontró al hada Ken preparando la comida.

-Hola, Aya! Como te fue en tu práctica de katana?- Aya lo miró fríamente.

-Mal. Un idiota me amarró con un alambre creyendo que yo era un cievo, y luego me dijo cosas demasiado subidas de tono.-

El hada Ken miró con preocupación a Aya. -Ten cuidado. Saber que no debes

hablar con extraños...Es peligroso.-

Aya miró al hada Ken. -Ya lo sé.-

Ken abrió la boca para decir algo más cuando un grito extraño lo sorprendió a el y a Aya.

-MÁS, NAGI! POR FAVOR! MÁS!- Ken y Aya se miraron sabiendo que pasaba.

-HEY! NAGI! OMI! Bajen el volumen! No tienen que publicar "eso" por todo el bosque!- el hada Ken gritó mientras una enorme gota de sudor aparecía junto a su rostro.

Aya suspiró. -Déjalos. Siempre les dices lo mismo y no hacen caso.-

Ken asintió.

-NAGI!! OH, NA-GIIII!!-

Ken y Aya se miraron de nuevo y decidieron ignorarlos.

-Hada Ken...porque no puedo visitar a mis padres?- Aya preguntó con la voz triste.

-Ya sabes. No hasta que cumplas diecinueve años. Entonces el peligro habrá pasado...príncipe Ran.-

El príncipe Ran asintió. El peligro. La maldición. Ya lo sabía.

**

Días después, el príncipe Ran caminaba por el bosque cuando escuchó un grito.

-AYUDA! ALGUIEN AYÚDEME! POR FAVOR!-

Aya corrió al lugar de donde venían los gritos. Un anciano estaba tendido en el piso y tenía una daga clavada en una pierna. La herida hecha sangraba profusamente.

-Calma. Yo sé primeros auxilios!- Aya se acercó al anciano y cuidadosamente lo curó y vendó, usando trozos de su propia ropa.

Aya acercó sus dedos para tocar la hoja de la daga, pero sin querer se pinchó la punta del dedo.

-Ay! Diablos...- dijo, y se chupó la punta del dedo índice para quitarse la sangre.

-Bien...gracias, muchacho! Con esto puedo llegar a mi casa! Eres muy amable...-

Aya ayudó al anciano a ponerse de pié.

*

Un rato después, Aya llegó a la casita en el bosque.

-Hola, Aya!- lo saludó el hada Omi.

-Hola, hada Omi...-

Omi miró a Aya. Estaba más pálido que de costumbre. -Te sientes bien, Aya?- Aya miró al hada de pelo rubio.

-No...- Aya perdió el equilibrio y se desplomó.

-Aya! AYA!!!- Omi gritó con desesperación. El hada Nagi y el hada Ken fueron a ver que pasaba.

-Omi, que pasa!- gritó Ken.

-No sé! Algo le pasa a Aya!- Omi se arrodilló junto a Aya y trató de despertarlo. Nagi se acercó y entonces supo que pasaba.

-No...no puede ser...! Su dedo! Miren!-

Las otras dos hadas miraron el dedo índice de la mano derecha de Aya.

-NO!- gritó Ken.

Omi derramó lágrimas de dolor, y Nagi supo que el Reino Fujimiya caería también en un profundo sueño.

Las hadas llevaron al príncipe al Castillo Fujimiya, donde le explicaron a los padres de Ran lo sucedido. El rey y la reina no podían culpar a las hadas...y sabían que todo su reino caería en un profundo sueño.

Los reyes y las hadas llevaron al príncipe a su habitación. Lo recostaron en su cama, y le pusieron una rosa roja entre las manos, cuidando quitarle todas las espinas antes. Aya no tenía suerte con las cosas que podían picarle los dedos.

Las hadas se fueron, sabiendo que ahora solo podían esperar a que el príncipe llegara a rescatar a Aya.

**

Las hadas, claro, no podían quedarse con los brazos cruzados y las varitas guardadas, así que decidieron usar los conocimientos de Omi en computación para que este mandara mails a todos los príncipes de la comarca. El mensaje enviado era el siguiente:

Estimado príncipe:

Solicitamos sus heroicos servicios para poder salvar a un bello príncipe y a su reino, quienes han caído bajo un hechizo del malvado brujo Crawford y sus fieles sirvientes Schu-Schu y Farfi. Si usted logra rescatar al príncipe Ran, obtendrá su mano y por lo tanto, el reino.

Los interesados, favor de mandar un mensaje a omi@treshadasmadrinas.com, con todos sus datos.

Gracias.

Atentamente,

Las Tres Hadas Madrinas

Cientos de príncipes mandaron su mensaje. Los elegidos fueron citados por las Tres Hadas Madrinas y recibieron instrucciones y una serie de advertencias sobre los malvados secuaces del brujo Crawford.

Los príncipes se dirigieron al castillo Fujimiya, ahora custodiado por terribles criaturas: dragones malvados, plantas carnívoras y grupos anti-yaoi.

Los príncipes lograron sortear estos peligros...sí! Aún a los grupos anti-yaoi! Pero tuvieron un fatídico encuentro con Farfi, quien los ensartó en estacas en un solo movimiento.

El brujo Crawford se rió estruendosamente frente a su caldero mágico, que le mostraba la escena, como si fuera una pantalla de televisión.

-JAJAJAJAJAJAAAAAAAA! Que bueno! Eso se ganan por excluirme de todas las fiestas! Esas hadas madrinas no lograrán despertar al reino, y entonces

seré yo quien haga las fiestas y quien decida a quien invitar!! JAJAJAAAAA!-

El fiel sirviente Schu-Schu se acercó al brujo Crawford. -Vamos, Bradley...has estado trabajando demasiado frente a ese caldero. Necesitas distraerte...- Schu-Schu le dio al brujo una sensual sonrisa.

-Ven, Bradley...yo te ayudo a distraerte...- El brujo se acercó a Schu-Schu y se besaron. Vaya! Schu-Schu no era un simple sirviente, después de todo!

(Y bueno...esta historia no es gráfica, así que pueden imaginarse que aquí va una escena de yaoi serio...)

**

El tiempo pasó así, hasta que fueron dos años. En un reino a varios días y varias noches del reino Fujimiya, un príncipe abrió su correo electrónico.

-Vaya...este mensaje tiene mas de dos años...veamos que dice...-

El príncipe Yoji leyó el correo. -Que! Y yo no leí mi correo en dos años! Espero que pueda entrar a esto todavía...- Yoji mandó a omi@treshadasmadrinas.com un mensaje con sus datos.

*

Omi estaba revisando su correo electrónico. -Nada...nadie quiere ayudarnos a rescatar a Ran...-

Nagi le llevó una taza de café a Omi. -Es lógico que estén asustados...después de saber que Farfi ensartó a todos como paletas cualquiera se espantaría...pero calma. Mis hechizos no fallan. Verás que algún príncipe interesado se comunica.

Ken asintió. -Sí. Tengamos fé.-

En ese momento, se oyó una voz electrónica. -Tienes un E-mail....-

Las tres hadas se emocionaron al ver que era de un príncipe. De inmediato respondieron para hacer la cita con él.

Algunos días después, el príncipe Yoji acudió a la casita del bosque para hablar con las hadas.

-Bienvenido, príncipe Yoji! Es un gusto que usted esté aquí!- Ken dijo al abrir la puerta.

-Gracias, hada Ken.-

Ya adentro, las tres hadas le explicaron a Yoji la situación.

-...y los últimos veinte que fueron...pues...están chamuscados como carbón afuera del castillo...no será fácil vencer a Farfi y a Schu-Schu.- Nagi terminó de dar su explicación.

-Crawford es solo un payaso!- Yoji exclamó. -Y bueno...no tienen una foto de príncipe? Igual y así me decido.-

Omi asintió y le dió una foto donde estaban ellos (las tres hadas) con Ran.

-Aya...?- Yoji sintió que su corazón saltaba de emoción. Aya. Era Aya, el pelirrojo de quien se había enamorado hacía dos años. -Es Aya?-

Omi, Nagi y Ken se sorprendieron. -Lo conoces?- preguntó Ken. Yoji sintió oyó a su corazón decirle que debía rescatar a Ran.

-Nos conocimos en el bosque hace dos años. Por accidente lo atrapé con mi alambre, pensando que era un ciervo...- Yoji miró la foto y recordó a Aya tan claramente como si lo hubiera visto ayer.

Ken hizo memoria. -Tu fuiste el pervertido que trató de aprovecharse de él en el bosque!-

Yoji sintió una enorme gota de sudor brotar junto a su rostro. -NO! Era un juego. Nunca hubiera atentado contra la honra de Aya...- dijo Yoji, con toda la caballerosidad en su voz varonil.

-Debo rescatarlo y vencer al brujo Crawford...no importa que pase. Voy a ganar su amor!-

Las hadas sintieron una felicidad enorme. Por fin, el príncipe mas valiente y atractivo de todos rescataría a Ran.

-Antes de irte, te daremos un traje que te protegerá del fuego de los dragones, unos lentes que te permitirán ver en la obscuridad del castillo de Crawford y un alambre mágico que te ayudará a vencer a Farfi y a Schu-Schu. Pero vencer a Crawford tendrá que ver solo con tu habilidad.- Omi le entregó a Yoji su nuevo atuendo.

Yoji fue a cambiarse, y cuando estuvo listo se miró al espejo. Vestido de negro, con sus lentes obscuros y su alambre mágico, parecía un atractivo asesino a sueldo.

Yoji se despidió de las hadas y les prometió una vez más que salvaría a Ran.

**

Después de varios días con sus noches, Yoji llegó al castillo. No le fue difícil vencer a los dragones malvados, a las plantas carnívoras y a los grupos anti-yaoi. Farfi y Schu-Schu tampoco fueron problema, ya que el alambre mágico los venció de inmediato.

Yoji continuó su camino dentro del castillo Fujimiya, que ahora pertenecía a Crawford. Después de caminar mucho encontró al malvado brujo, en una de las torres del castillo. El brujo había observado todo a través de su caldero mágico.

-TU! Tu te atreviste a lastimar a Schu-Schu! No te lo perdonaré!- Crawford se preparó para atacar a Yoji, pero justo cuando iba a hacerlo, se tropezó con su propio caldero, y regó todo el líquido por todas partes. Yoji no pudo evitar reírse.

-Ya sabía que eres un payaso...- Yoji se alistó para atacar a Crawford, quien se convirtió en Crawford chibi y comenzó a llorar como un niño pequeño.

-No es justo! Yo solo quería ir a las fiestas! Buaaaaaah...!-

-Calma. Prometo invitarte a mis fiestas si te calmas y me dices donde está Ran.- Yoji habló con tono tranquilizador.

-En serio? Voy a poder ir a tus fiestas?- A Crawford chibi se le llenaron los ojos de felicidad.

-Si, en serio...-

Crawford recuperó la compostura y regresó a su forma original. -En ese caso, supongo que ya no tiene caso pelear...El príncipe Ran está en la habitación que está sobre ese pasillo, al fondo a la derecha.-

Yoji miró extrañado al brujo. -En el baño? Lo has tenido todo el tiempo ahí? Acaso está enfermo del estómago?-

Crawford no pudo evitar gruñir ante el comentario estúpido de Yoji. -No, tarado.

Es su habitación. Ve antes de que me arrepienta.-

Yoji asintió y se dirigió a la habitación de Ran. Cuando estuvo frente a la puerta, se acomodó la ropa y revisó si tenía buen aliento. Abrió la puerta. Ciertamente no era un baño.

Ahí había un solo mueble, una cama con sábanas de seda y almohadones de plumas, todo en blanco.

En la cama, una figura de piel blanca y aterciopelada estaba recostada, con una rosa roja entre las manos. La rosa estaba fresca, como si la hubieran cortado esa misma mañana. Junto a la figura durmiente, estaba una katana en su funda.

Yoji se acercó cuidadosamente, como si no quisiera estropear la pureza del ambiente. La figura estaba pálida. Parecía que no era un sueño, sino la muerte, la que lo había postrado en esa cama. Yoji se sentó junto al príncipe Ran y lo miró. -Que bello eres, Aya...no...Ran. Ran Fujimiya, príncipe del Reino Fujimiya.-

Yoji se agachó para besar a Ran. Sus labios rozaron los de Ran, y los sintió tibios. Supo que no era la muerte, solo un profundísimo sueño el que mantenía así al pelirrojo. Yoji besó a Ran, primero tiernamente, luego más apasionadamente... luego pensó que no tenía nada de malo tocar un poco, ya saben, aquí y allá...total, Ran estaba dormido, no?

Justo cuando Yoji iba a poner las manos donde no debía, una fría hoja de acero le tocó la garganta. -Ni se te ocurra, Yoji. Eres un pervertido...-

Yoji se movió hacia atrás y vio que Aya estaba despierto, sosteniendo la katana contra el cuello del rubio. -Como hiciste eso sin que yo me diera cuenta?! Y como es que eres tan bello...- Yoji estaba fascinado con los ojos de Ran.

-Bueno, el hada Ken me dio el don de la katana y el hada Omi el de la belleza y la inteligencia...- Ran quitó la katana del cuello de Yoji y la enfundó. -Y el hada Nagi? Qué don te dio?-

Ran miró a Yoji. -Ninguno. El me dio otra cosa...el destino de casarme con aquel que me besara para despertarme de este sueño. Ese eres tu...y me alegra, porque desde que te conocí...-

Yoji sonrió. -Yo también. Te amo.- Los dos sonrieron y se besaron. Y Yoji tuvo que mantener su promesa de no atentar contra la honra del príncipe hasta después de la boda.

***

Algunos días después, el reino Fujimiya entero estaba de fiesta de nuevo, esta vez para celebrar la unión de Yoji y Aya, y al mismo tiempo, la del hada Nagi y el hada Omi y la de Schu-Schu y Crawford.

-Ya ves, Crawford! Ahora tu eres protagonista de la fiesta!- Yoji le dijo a Crawford.

-Ya sé. Gracias, Yoji. Gracias a todos por perdonarme...-

Y desde ese momento, las tres parejas vivieron felices para siempre.

*******************

-CORTE Y QUEDA!- Manx gritó desde su silla. -Muy buen trabajo, chicos! Aya chan, esa narración estuvo fabulosa!-

-Gracias, Manx!- Aya-chan sonrió, mientras todos se dirigían a sus camerinos para cambiarse.

-Felices para siempre! Esto es lo más estúpido que he hecho en mi vida!- Farfarello no podía dejar de gritar.

-Ya, Farfarello! Tu no tuviste que vestirte de hada con un tú-tú moradito y danzar por todo el set!- Nagi gritó.

-Pues parece que no te la pasaste tan mal...Omi se oía muy divertido!- Schu

se atacó de la risa.

-Claro que no! Solo estaba actuando.- Omi replicó molesto, todavía en su

tú-tú azul pastel.

Crawford se miró al espejo. -Y que dicen de la escena del caldero! Eso sí fue estúpido!-

-Nagi tiene razón. Nada es peor que los tú-tú...-Ken no podía esperar para quitarse el trajecillo rosa pastel. -Y tú, Omi...no estabas fingiendo! Sé que Nagi y tu se la pasaron bien!-

Omi se dio la media vuelta y se fue, mientras Nagi tosía nerviosamente.

-Ya, ya. Dejen de discutir.- Manx puso orden. -Aya! Yoji! Donde est...-

Todos miraron hacia el set.

Aya y Yoji se besaban apasionadamente.

-Bueno, creo que eso NO es actuación...- replicó Manx.

y bueno...este si es el

FIN...

(donde por lo menos Aya y Yoji si estaban felices...en fin...)