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Notas: /bla/ comunicación telepática

****

(algunos días después, en el sótano de la Koneko)

-Deberán recuperar los discos y deshacerse de Isabela Machado. Una vez hecho esto, le entregarán los discos a su contacto.-

La luz del monitor de computadora iluminaba débilmente los rostros de los cuatro asesinos.

-Y quien será el contacto, Manx?- Omi miró a la pelirroja inquisitivamente.

-Los datos se encuentran en el sobre. También están los planos de la mansión de Machado...pero no olviden que también deben deshacerse de ella. Si no, tendrán que volver.-

Yoji dejó la colilla de su cigarro en el cenicero. -Matar chicas no es mi estilo, además...-

-Yoji...es una traficante de drogas.- Aya no apartó su mirada del monitor. -Nos encargaremos, Manx.-

-Bien, pues entonces...buena suerte, Weiß!- La comunicación se cortó. Ken encendió las luces.

-Mañana mismo iremos. -Aya caminó hacia las escaleras de caracol. -Mientras, mi, revisa los discos que Manx nos entregó. Ken y Yoji, revisen bien los planos. Yo tengo cosas que hacer.-

Los otros tres asintieron.

*

(la noche siguiente, en una mansión estilo victoriano)

El salón principal estaba lleno de gente influyente en el negocio de las drogas. Sin embargo, el blanco era solo Isabela Machado, la reina del comercio de las drogas en Brasil. Aparentemente, proveía de sustancias ilegales (traídas desde Brasil) a medio Japón. Isabela estaba protegida por varios funcionarios de varios gobiernos, por lo que las autoridades internacionales no podían hacer nada en su contra.

-Miss Isabella...no se aleje demasiado...-

Crawford no estaba muy contento con venir aquí. Reiji Takatori le había ordenado que llevara a Schwarz a esta fiesta, pues temía que algo le pasara a Isabela. Por supuesto, Crawford no era tonto, y sabía perfectamente bien lo que había entre su jefe y la brasileña.

-No me des ordenes. No tienes porqué.- Isabela miró con ojos coquetos a Crawford.

-Solo lo hago por su bien.- Crawford no soportaba a una mujer tan altiva. Ya era suficiente el lidiar diario con Schuldig.

-Solo lo haces porque Reiji es tu jefe...no?-

Crawford suspiró, hastiado. Miro atentamente a Isabela. Era una bella mujer...alta y de buenas curvas, cubiertas por un vestido azul eléctrico. El pelo negro y ondulado le caía como una cascada sobre los hombros. Sus labios rojos contrastaban con su piel caramelo. Sus ojos verdes hipnotizaban a cualquiera. Increíblemente, había logrado calmar a Farfarello con su melodiosa voz. Crawford sospechaba que Isabela era más que una traficante de drogas y amante de Takatori. Pero, por supuesto, no podía decir nada.

/-Que crees que pretende esta belleza, Bradi?-/

/-Schuldig...Punto uno: Soy Crawford. Punto dos: no vinimos a hacer conjeturas sobre ella.-/

/-Farfarello le está tomado aprecio...-

/-Que?-/

/Encontró en su habitación unas muñecas que según el son de vudú. Ya ves, eso 'lastima a Dios...-/

/-Dile a tu lunático 'amigo' que no ande curioseando por ahí...-

/-Ok.-/

Crawford estaba harto de lidiar con esos dos. Por lo menos Nagi no se quejaba de nada.

De pronto, una visión le llegó al estadounidense.

-Naoe...

Nagi estaba mirando por la ventana.

-Nagi Naoe...

No hubo respuesta. El chico estaba completamente ausente. Crawford se acercó a él y le dio un pequeño empujón. Nagi lo miró muy extrañado.

-Decías algo?

-Vamos. Adivina quien viene a la fiesta.

-Weiß?

-Exacto.

*

Aya y Ken tomaron sus posiciones en el jardín, mientras que esperaban a Yoji y a Omi, quienes estaban en el despacho de Machado.

El lugar estaba completamente quieto. Todos los invitados estaban dentro de la casa, pues afuera hacía demasiado frio.

-Aya...estás seguro de que estás bien? Todavía no te curas. Deberías retirarte.- Ken le habló por el micrófono al pelirrojo.

-Estoy bien. Y ya no hables. Nos van a oir.- La comunicación se cortó. Aya tenía la costumbre de apagar el micrófono cuando algo le molestaba (lo cual no exteriorizaba, pero al menos parecía que le molestaba. Con alguien tan estoico es imposible saber que pasa por su cabeza.)

Mientras, en el despacho de Machado, Omi buscaba algún dato importante en la computadora o en los cajones. -Nada en el escritorio. Que encontraste tu, Yoji?

-Pues...que dices de esto?- Yoji le mostró a Omi una fotografía de Isabela en bikini (sin el top, por cierto). Omi se sonrojó al ver la foto, y Yoji se rió levemente.

-Una joya, no, Omi?

Omi no contestó y se dio la media vuelta para seguir buscando algo importante (no es que el hallazgo de la foto de Isabela mostrando sus atributos no le haya interesado, pero no era lo que buscaban. Además a Aya no iba a hacerle gracia...). Yoji dejó la foto y continuó buscando.

*+*+

En el jardín, Crawford y Nagi se sentaron a contemplar a la nada.

-Crawford...que vas a hacer con el líquido que te dio Isabela?- Nagi se sentó en una banca, justo frente a una enorme fuente con lirios. La luna se reflejaba en el agua y lanzaba destellos plateados hacia todas partes.

-Justo lo que tengo que hacer. Probarlo.- La mirada fria del estadounidense se clavó en Nagi.

-Porqué me miras así? Acaso vas a probarlo conmigo?- Nagi respondió molesto. De hecho, no dudaba en lo mas mínimo que lo hiciera. Crawford no era nada parecido a un líder cariñoso preocupado por sus seguidores. De hecho, Nagi sabía que Brad le inyectaría la droga en cualquier momento a quien fuera, solo por el placer de hacerlo.

Brad sonrió friamente. -No lo sé...tal vez...-

Nagi no respondió nada, y se limitó a tragar saliva.

Brad, por su parte, miró hacia el otro lado de la fuente. En cualquier momento, Yoji y Omi se pondrían en posición dentro de la casa, igual que Schuldig y Farfarello. Faltaba ver lo interesantes que se pondrían las cosas cuando el conejillo (o debía decir 'minino') de indias recibiera su dosis de la droga...