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Las gotas de sudor corrían por su rostro cansado, agitado y temeroso, se encontraba en medio de una oscuridad inmensa que lo cubría todo, apenas podía verse a si mismo.

-Sólo, estoy completamente sólo. ¡Omi!, ¡Youji!, ¡Aya! - llamaba con desesperación.

-Mierda! Estoy sólo. - se decía a si mismo.

El ambiente empezaba a ponerse denso y el aire se hacía cada vez más pesado, Ken permanecía expectante a cualquier cosa que pudiera rodearlo, pero aparte de la niebla y la oscuridad no había nada; el silencio era totalmente aterrador y el ambientetendía a enrarecerse más a cada momento.

-No debo dejar que esto me afecte.

Entonces cerró lentamente los ojos y respiró profundamente como si tratara de aclarar su mente, de pronto escuchó algo, eran pasos, sí pasos que se acercaban a toda prisa.

-¡Aya!, ¡Omi!, ¡Youji!

gritó de nuevo, pronto una silueta oscura se detuvo frente a él, aquel sujeto avanzó hasta hacerse visible a los ojos de Ken.

-AAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHGGGGGGGGGGGGGG!!!!!!

Un grito desgarrador salió de su interior al encontrarse frente a frente consigo mismo, pero este Ken que se hallaba frente a él estaba totalmente cubierto de sangre, con los ojos desorbitados y lamiendo sus garras de metal mórbidamente.

-Noooooooooooooooo!!!!!!!!!!!

Gritó y cayó sobre sus rodillas, estrujando sus cabellos y agitando su cabeza de un lado a otro, de sus ojos muy apretados brotaron lágrimas. Ken apoyó ambas manos en el suelo y mirando hacia abajo notó como sus manos eran cubiertas por sangre.

* * *

Entonces volvió a cerrar los ojos, pero al cerrarlos su mente se llenaba de imágenes macabras, sin sentido; sangre y oscuridad,

más sangre y una cruz destrozada cubierta de más... Sangre, los gritos en su cabeza daban vueltas junto con las imágenes y todo parecía mezclarse formando más y más manchas de oscura sangre, fue entonces cuando abrió los ojos y se encontró en medio de escombros.

-¿Dónde estoy?

Se preguntaba sollozante ante tanta tortura visual, caminaba sin rumbo entre escombros, de pronto tropezó con algo y fue a dar al suelo de cara.

-¿Qué mierda está pasando?

Más lagrimas brotaron de su interior y su voz se quebrantaba cada vez más, era demasiado para él, demasiado para su mente sensible, Ken no podía entender porque estaba viendo todas esas cosas, no entendía porque estaba allí, y ¿dónde era allí?, él se enredaba cada vez más en ese escenario que a ciencia cierta no sabía si era todo producto de su imaginación o si es que estaba en el infierno, porque otro apelativo no hallaba su mente para describir ese lugar tan horrible y tan confuso a la vez. Alzó  un brazo para tratar de agarrase de los escombros, pero su mano resbaló, pues aquellas paredes estaban salpicadas de sangre.

Llevaba mucho tiempo tendido en el suelo viendo hacia un cielo negro con la mirada perdida, desde que cayó y resbaló no quiso volver a intentar pararse, estaba muy cansado, había caminado tanto que había perdido la noción del tiempo, así que decidió permanecer ahí tendido y perdido en la nada, creyó que era mejor estar así y esperar a que todo esto terminara.

* * *

De pronto sintió el calor de un cuerpo apretándose contra él, los ojos de Ken volvieron de vagar por la nada para encontrarse con el rostro de un hombre que tenía un ojo cubierto con un parche mientras el otro era de color dorado e inexpresivo, sus ojos se llenaron de pánico al percatarse de que aquel que estaba sobre él no era otro que Frafarello que lo estudiaba con detenimiento. Ken abrió la boca para gritar lo más fuerte que pudiera pero era imposible pues la voz no le salía.

-Conozco tus hechos... ¡La salvación!, ¡La salvación!

Farfarello gritaba incoherencias, frases sin sentido y se reía de Ken

-La perdición.

Seguía diciendo mientras lamía un cuchillo y la sangre corría por sus labios, esta pronto salpicó el rostro de Ken, entonces Farfarello pasó sus dedos sobre la sangre que manchaba al muchacho dibujando cruces en su rostro. Ken sólo lo miraba aterrado e incapaz de moverse, pues Farfarello lo mantenía aferrado al piso, además sentía el cuerpo pesado.

-¡Misericordia a los hijos del hombre!.

Le susurró el hombre de los cabellos blancos al oído mientras empezaba a lamer la sangre en su rostro tembloroso.

-Yo soy el único que puede salvarte pequeña prostituta.

La respiración de Ken se aceleraba más a cada momento y por más esfuerzos que hacía no podía zafarse de su captor.

-¿Tienes... Miedo?.

Le susurró mientras daba de lengüetazos a su lóbulo izquierdo, Una mano le aferraba ardientemente el cuello para luego incrustar sus uñas en él, la sangre corría por el cuello de Ken y se mezclaba con el sudor de su cuerpo, esto empezó a excitar a Farfarello.

-Contesta! ¿Tienes miedo?

Le aferró los cabellos con la mano que tenía libre y tiró fuertemente de ellos enviando hacia atrás la cabeza de este, más lágrimas corrieron por las mejillas de Ken, normalmente él hubiera luchado contra Farfarello como ya lo había hecho en varias ocasiones pero se sentía débil, indefenso y muy aterrado, él mismo no podía explicarse porqué estaba así, que había pasado con sus ganas de pelear, en donde estaba su instinto de autoprotección, lo único que sabía era que todo estaba muy confuso y aterrador como para tratar de entenderlo. Su cuerpo se estremeció de sobremanera cuando Farfarello empezó a lamer su cuello, acariciándolo y aliviando de alguna forma el dolor que el chico sentía.

-Sé lo que hiciste hace un rato con ese hombre... Sé que lo destrozaste con tus garras... Sin piedad.

-Hmh!

Ken se pilló a si mismo disfrutando de las caricias de Farfarello y eso lo hizo sentir culpable, sucio, enfermo. Entonces las imágenes de sangre que hacia un rato había visto en su mente lo asaltaron de nuevo, haciendo que su respiración junto con su corazón se agitaran en forma descontrolada.

-También yo lo hubiera hecho... ¡Los pecadores deben morir! ¡La gente pura debe morir! Este mundo no es más que una cosa llena de podredumbre ¡Todos deben morir! Porque todos son hijos de Dios.

-¡Basta! Bas... ta por... favor.

La voz de Ken se oía suplicante, mas sus ruegos eran ignorados. De pronto pudo sentir como la lengua de Farfarello penetraba entre sus labios, esto le produjo cierto asco pero sentía al mismo tiempo la necesidad de llegar más allá y satisfacer la curiosidad que en ese momento se apoderaba de él.

-Todos los hijos de Dios deben morir - Le decía mientras se desprendía de él por breves instantes. - Todos esos hijos de perra deben morir.

La lengua de Farfarello resbalaba con libido por el cuello de Ken entre tanto empezaba a buscar contacto con otras zonas del cuerpo del muchacho, resbalando una mano dentro de sus pantalones y haciendo presión en donde mejor se sentía, un quejido nervioso escapó de los labios de Ken cuando Farfarello lo acariciaba profundamente en sus partes íntimas, entonces el muchacho buscó los labios del hombre del parche, mordisqueándolos y sintiendo, sólo sintiendo, puesto que era mejor sentir que pensar en esos momentos.

-Este mundo es una mentira... No eres más que otro hijo de perra que se deja llevar por sus retorcidos instintos... perro. Sí...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... perro perro perro JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA perro de mierda...

Y posó su mano sobre mí y dijo:

No temas yo soy el primero y el último.

El que es, el que era y el que viene.

* * *

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhh! Sí, sí, sí más fuerte.

Farfarello jadeaba de placer cuando Ken le incrustara sus garras en la espalda, dejando la sangre correr por toda su piel blanca y manchando las manos de Ken. Esto era extraño y delicioso al mismo tiempo, sentía placer desmesurado al estar con otro hombre.

-Esto no es normal... esto no está bien. - Pensaba Ken mientras se dejaba arrastrar cada vez más.

-Todos los hijos de Dios son unos perros... Todos sus hijos fornican como perros...

Ambos semi desnudos en medio de la tierra y manchas de sangre por todas partes laceraban sus cuerpos mutuamente, al principio esto a Ken le parecía monstruoso, pero dentro del dolor y la sangre empezaba a encontrar placer... sí placer, oscuro

placer... delicioso placer, mórbido placer...

-Sí, sí forniquemos como perros, forniquemos entre hombres para herirlo, sí él sufre cuando sus hijos fornican entre hombres

Ahhhhhhhhhhhhhhhhh!

Oh! Sí esto se sentía bien, ¿bien?, Más que bien, era extraordinario sentir las manos de Farfarello rodeando su pene y estrujándolo con violencia, era doloroso pero placentero, entonces Ken situó su cabeza entre las piernas del otro hombre, para

recibir cálidamente su pene y succionarlo frenéticamente mientras Farfarello le estrujaba los glúteos con mucha fuerza, separándolos y buscando contacto más profundo.

-Oh! Sí, sí, sí, sí... mmmmsí...

Gemía Ken desesperadamente mientras sentía dos dedos dentro de él, entonces decidió adoptar una posición más adecuada, levantó el trasero y apoyó su mentón contra el piso apretando fuertemente los ojos y dejando escapar lágrimas cuando Farfarello lo cogió por detrás y lo empaló violentamente como si hubiese sido atravesado por una espada, entonces se quejó y lloró de dolor y de vergüenza, pronto Ken se hizo al ritmo del otro y se movían al unísono, uno sobre el otro como dos...

perros.

-AAAAAAHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!

Lanzó un gemido muy profundo cuando Farfarello empezó a correrse dentro de él llenando su interior con un cálido fluido, en aquel momento también Ken se corrió, esparciendo su semen por todas partes sin control debido a los ardientes movimientos de ambos, entonces abrió los ojos, tenía las pupilas dilatadas cuando ambos estaban por llegar al límite.

Poco a poco ambos fueron cediendo y se dejaron caer uno sobre el otro, saboreando los últimos segundos de placer, sólo temblando, sólo jadeando y estilando gotas de sudor y sangre, Ken volvió a cerrar sus ojos muy fuerte, mientras respiraba

frenéticamente...

* * *

colofón

-Ken kun!, ne! Ken kun! ¿te encuentras bien? - Era Omi quien lo sacudía fuertemente al ver que este tenía una pesadilla.

-Omi?! - Ken se sobresaltó al ver a Omi.

-¿Estas bien? Al parecer tenías una pesadilla o algo así.

-Pesadilla... s- sí - le dijo vacilante, luego de percatarse de que Omi estaba solo cubierto por una toalla entorno a sus caderas estrechas, entonces Ken se mordió el labio inferior, mientras un mórbido fulgor iluminaba sus ojos.

-Escuché tus gritos y decidí venir a ver si estabas bien... ¿Todo bien?

-Si, descuida - Mientras estudiaba la anatomía de su compañero que aún estaba semi húmedo, entonces sintió miedo, miedo de si mismo, miedo de sus pensamientos, miedo de ser descubierto, miedo de sus nuevos y oscuros deseos...

 

Los sueños... reflejo de nuestros miedos.

La mente... el verdadero trono del alma.

Un sueño... ¿el espejo de nuestra alma?.

Un sueño... ¿un pasaje más del laberinto de la mente?

Das ende