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Biografía de Simón Díaz:

Simón Díaz nace en una fresca mañana del 8 de Agosto de 1928, en un pueblito ribereño del río Guárico, del Estado Aragua, llamado Barbacoas. Allí transcurre su infancia, pobre pero a la vez rica en ambiente, paisaje y tradición. Simón Díaz fue becerrero en el Hato Guabina. Su padre el maestro Juan y su madre Doña María, deciden sacar a su " prole " de aquel pueblito azotado por las enfermedades y la desolación. La familia recorrió Turmero, Maracay, Magdaleno y Villa de Cura, buscando una mejor vida y mejores momentos; pero el destino le llegó al viejo maestro Juan, quien muere en Villa de Cura y es cuando el joven Simón, asume la figura de hermano mayor y junto a su madre, trabajan duro para levantar a la familia. Se mudan a San Juan de los Morros y allí comienza una nueva etapa de Simón, realizando estudios en la universidad de la vida, la calle...

 

"Mi vida en Coplas"

 

A mí que era el mayor

me llamó antes de morir

y me dio nobles consejos

que aún yo conservo aquí.

 

"Se queda jefe de la casa,

señalándome, me dijo:

sé padre de tus hermanos

y con tu madre un buen hijo".

 

Trabajo con dignidad

hicimos mi madre y yo,

ella lavó ropa ajena

mientras yo serví de "pión".

 

En al cabeza el rollete

y un azafate colmao

majareta, tequiche

de arepa de "mai pilao".

 

Y mi madre se doblaba

a orillas del río San Juan,

lavando ropa ajena

para redondear el pan.

 

Fue becerrero en Santa Isabel, muchacho de mandado de casa de familia, repartidor de una bodega, vendedor de chucherías y granjerías que Doña María preparaba. Y poco a poco va demostrando su inclinación por la música al ser atrilero y acomodador de micrófonos y cornetas de una orquesta de baile, donde llegó a ser cantante de boleros. Cuando tenía 20 años se muda a Caracas buscando expandir sus conocimientos musicales se inscribe en la vieja casona de la Santa Capilla (la Escuela Superior de Música) bajo la dirección del maestro Vicente Emilio Sojo. Allí adquiere importantes conocimientos que le servirían mas tarde para realizar sus composiciones. De todos es conocida la trayectoria de Simón como creador de hermosas páginas llenas de encanto y sabor venezolano.

 

Simón Díaz: padre de la tonada llanera.

 

Tratar la personalidad y la trayectoria de Simón es emocionante. A medida que uno profundiza en su estudio como padre de la tonada llanera, se encuentran elementos de interés general, que representan aspectos relevantes en el período de la Venezuela rural que se remonta a la colonia, donde existe el indígena, el hombre autóctono, a quien se le impone un nuevo sistema de vida, se le viste de franela, pantalón, sombrero y alpargatas, surgiendo así el campesino, el llanero, el protagonista de las composiciones de Simón Díaz.

 

En la actualidad, presenciamos la extinción del campesino por la aparición del petróleo y la maquinaria agrícola que lo obligan a trasladarse a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida, lo cual trajo como consecuencia transformaciones y circunstancias que influyen en las manifestaciones folclóricas y aquellas relacionadas con el canto de trabajo, especialmente, la tonada llanera.

 

Venezuela fue durante la colonia y parte de la primera década del siglo XX, un país de cría y agricultura; entrando en decadencia la tonada, por cuanto el trabajo de ordeño y de arreo que la sustenta estaba desapareciendo, así ese canto se resiente, languidece....

 

El trabajo artístico y cultural de este autor nos ayuda a encontrar los puntos de enlace y la clave que descifrará al hombre de hoy, surgido en la periferia y en los centros de las ciudades tecnificadas, influenciado por otras culturas.

 

Las tradiciones son conductas y valores que conforman lo que una comunidad es; en cierta medida no facilitan innovaciones en su propio plano. Por esta razón sucede que, cuando se producen cambios muy profundos en una situación cultural (una revolución radical, un largo dominio extranjero, como el caso de la colonización o la penetración de valores foráneos en la actualidad), esta situación hace que perduren algunas tradiciones, pero que se reactiven otras y se produce una reestructuración de los lazos de continuidad, a falta de lo cual la identidad colectiva en cuestión se transforma con riesgo a desaparecer.

 

Para Simón, de todos los ritmos y tendencias musicales de nuestra tierra, la que está mas peligrosamente amenazada es la tonada llanera o cantata de trabajo, porque esencialmente se inspira en el hombre que trabajando el llano se entretiene cantándole, silbándole e improvisando coplas, llenas de sentimientos, vivencias y sabiduría. Ya no se ven madrinas de ganado, no se escucha ese cabrestero cantándole y ajilando el arreo entre el polvo.

 

Ya no se escucha ese canto de esperanza por la alegría de ver nuevamente a la mujer que se besó en Paso Real. Ya no se arremolinan de noche, alrededor de una lamparita de Kerosene, los arrieros a escuchar los cuentos picantes; a reír y cantar mientras en los corrales silenciosos los novillos descansan sus músculos y escuchan a sus mandadores.

 

Al día siguiente les esperaban largas travesías por trochas, cerros pueblos, grandes aguaceros y ríos crecidos. Esto lo hacían los arrieros de ganado, a pie o a caballo, con temple, coraje, alegría, mística y sobre todo con el orgullo de ser "hombres del llano adentro".

 

 

Allá arriba en aquel cerro

Tengo un pozo de agua clara

Donde se lava la virgen

Los piesecitos y la cara"

 

En la actualidad estamos conscientes que los valores y tradiciones están sujetos a desviaciones y a estereotipos, con interés en la enajenación cultural, a tal punto que no sabemos cual es la verdadera identidad nacional que debemos defender y formar. Ante esa triste realidad, Simón ha respondido como buen venezolano a defensor de los valores tradicionales.

 

Este trabajo de afirmación nacional lo inicia, cuando escribe en el año 1954, la "Tonada del Cabrestero", cuyo contenido nos pinta en paisaje abierto la presencia del hombre que guía al ganado por la inmensas, cálidas y polvorientas llanuras. El arriero viene con el ganado, y con su canto parece que lo trajera enlazado. Es por eso que Simón nos dice:

 

"El tiró un lazo hacia atrás con su canto y le cayó en los cachos de todo ese ganado que traía, y en verdad no es ningún lazo, es un lazo cantado, es su voz. El viene cantando adelante, ese ganado lo sigue porque viene amarrado al canto...".

 


 

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