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EL COMBATE DEL DOS DE MAYO

II PARTE

EL ATAQUE AL CALLAO

La escuadra española finalmente arribó al primer puerto peruano el 25 de abril. En un Manifiesto firmado a bordo de la Numancia dos días después, el almirante español señaló que:

“El gobierno de su Majestad Católica, que supo guardar la más digna neutralidad en la contienda civil que ha surgido en el Perú la Dictadura, sabe también la obligación indeclinable que le impone la honra e intereses de su país, y en tal concepto, ha ordenado a su representante en el Pacífico, imponga al de la Dictadura el castigo que motu propio se ha buscado, llevando a cabo contra las fuerzas de su mando, todas las hostilidades que a este fin pueden conducir”. En tal virtud, esas fuerzas van a obrar sobre el Callao y sus fortificaciones y para que los súbditos extranjeros residentes en dicha población puedan ponerse a salvo con sus intereses, ha dispuesto darles un plazo de cuatro días contados desde esta fecha, declarando al mismo tiempo culpable de las pérdidas que las hostilidades puedan ocasionarles, al gobierno de Lima, que hollando hasta los principios más elementales del derecho de gentes, ha dado a España justo e incontrastable derecho de llevarlas a cabo”.

Sin embargo, se procedió a diferir la fecha por un día, para el dos de mayo, por ser aquel una efemérides de gloria para España (12). Para cumplir con su objetivo Méndez Nuñez disponía de la flota más grande organizada por España desde el Combate de Trafalgar, la misma que incluía cuatro fragatas a hélice, una fragata blindada y una corbeta, es decir, la Numancia, Blanca, Restauración, Berenguela, Villa de Madrid, Almansa y Vencedora, que en su conjunto contaba con casi 250 cañones de diferente calibre.

Como contraparte, los fuertes y baterías del Callao eran de un poderío legendario, a tal punto que aquel era considerado el puerto mejor protegido de la costa occidental de América Latina. Su principal fortificación era el Real Felipe, construido por los españoles durante el siglo XVIII en el mismo lugar donde antiguos fortines enfrentaron y respondieron ataques de figuras legendarias como Sir Francis Drake y John Hawkins. Alertado sobre las intenciones de Méndez Nuñez, el presidente Prado había procedido a reforzar las defensas con potentes cañones recientemente adquiridos en Gran Bretaña por una misión militar dirigida por el coronel Francisco Bolognesi. La movilización de las fuerzas militares y la población civil fue masiva. Se construyeron rápidamente nuevas defensas con el material disponible. Aquellas consistían en una serie de baterías localizadas de norte a sur. Las baterías del norte, comandadas por el coronel José Joaquín Inclán, consistían en la Torre Junín, el Fuerte Ayacucho y las baterías Pichincha e Independencia. Las posiciones del sector sur bajo el coronel Manuel de la Cotera estaban compuestas por el Fuerte Santa Rosa, la Torre de la Merced y las baterías Abtao, Chacabuco, Provisional, Zepita y el Cañón del Pueblo. En total los peruanos disponían de cincuenticinco cañones, incluyendo cinco potentes Blakely de 500 libras y cuatro Armstrong de 300 libras, dispersos en los fuertes, las baterías de arena y las torres artilladas. Los barcos de guerra ubicados en la bahía, al mando del capitán Lizardo Montero, disponían de ocho cañones adicionales. Consistían en los vapores Colón, el Tumbes y el Sachaca y los monitores Loa y Victoria, cuya función era reforzar las defensas del norte. Las tropas comandadas por el general Juan Buendía se ubicaron en las Chacritas, mientras que la caballería lo hizo en Bellavista. El ministro de guerra, el brillante político liberal José Galvez estableció la sede de su comando en la Torre de la Merced.

Alrededor de las 10:00 horas, el impresionante escuadrón español se dividió en dos grupos y formó una línea de ataque en forma de V. Un flanco, compuesto por la Numancia, Almansa y Resolución, con un total de 137 cañones, tomo posición en el norte del Callao, mientras que el otro flanco, con la Villa de Madrid, Berenguela y Reina Blanca, con 122 cañones, se desplazó hacia el sur del puerto. Los transportes y otros barcos de guerra como la cañonera Vencedora, permanecieron en la retaguardia, lejos del alcance de tiro de las defensas peruanas. A las 12:15 horas, habiéndose completado la maniobra, la majestuosa Numancia, buque insignia de Méndez Nuñez, disparó los dos primeros tiros. El Fuerte Santa Rosa respondió de inmediato y se dio inicio al duelo naval. Diez minutos después la Numancia recibió el impacto de una granada peruana, que la obligó a batirse sólo con los cañones ubicados en la banda opuesta de la nave. Sin embargo, al ejecutar dicha maniobra, el buque insignia español fue alcanzado por otros dos proyectiles que le dañaron el casco e hirieron al valeroso almirante Méndez Nuñez (13).

El fuego se suspendió durante quince minutos y cuando se reanudó, uno de los cañones peruanos Blakelys fue silenciado. Otro proyectil español alcanzó la Torre de la Merced y ocasionó una explosión que mató a todos sus ocupantes, incluyendo al ministro de guerra José Galvez. El combate sin embargo, aún no había concluido. Por el contrario, el duelo se hizo más rabioso y en ambos bandos se dieron prodigiosas muestras de coraje y honor. La Numancia, el centro de los disparos peruanos, fue alcanzada por varias granadas más. En las posiciones del norte, la fragata Villa de Madrid recibió el impacto mortal de un proyectil proveniente de un Blakely de 450 libras que mató a treinticinco tripulantes y destruyó los tubos de conducción de vapor. La cañonera Vencedora la debió remolcar fuera de la línea de fuego. La fragata Almansa recibió un proyectil que mató trece tripulantes y causó una explosión en los depósitos de pólvoras, también forzándola a dejar el combate. La Berenguela igualmente tuvo mala suerte. Una proyectil peruano de 300 libras atravesó la fragata y casi la hundió. La nave no tuvo mas remedio que abandonar la lucha.

El combate se prolongaría casi cinco horas. Las baterías peruanas lograron asertar 185 tiros dañando seriamente a la mayoría de naves españolas. Finalmente a las 17:00 horas cesaron los fuegos. Los barcos españoles habían sufrido fuertes averías y sin haber logrado apagar todas las baterías peruanas se vieron forzados a retirarse lentamente hacia la isla de San Lorenzo al tiempo que lanzaban vivas a la reina. La Reina Blanca recibió 30 impactos, la Resolución 30, la Numancia 51, la Almansa 72 y la Vencedora 2. Casi cincuenta marinos españoles resultaron muertos. Ochentitrés fueron heridos y otros sesentiocho sufrieron contusiones menores. El almirante Méndez Nuñez fue herido nueve veces. Dos de las fragatas debieron ser remolcadas hacia la isla San Lorenzo. Los peruanos tuvieron cerca de doscientos muertos pero los daños al puerto no fueron tan significativos. Los barcos peruanos de guerra recibieron un total de trece proyectiles, pero sólo el Tumbes registro bajas: dos muertos y tres heridos. Pese a que el almirante Méndez Nuñez declaró victoria, el resultado fue sin dudas un triunfo peruano.

Las discrepancias sobre este asunto quedaron dilucidadas en los Partes Oficiales de los barcos de guerra extranjeros que presenciaron el duelo. En su Informe, el comandante T.H. Nelson, del buque insignia norteamericano USS Powhatan, escribió:

“Los peruanos se cubrieron de gloria y su heroica resistencia destruyó de un solo golpe todos los falsos juicios con respecto a su patriotismo y valor y los coloca en su verdadera posición en el mundo. Los buques extranjeros, considerando la victoria decisiva, se preparan a colocarse en el fondeadero, cerca del muelle”.

Por su parte, el comodoro norteamericano G.F. Pearson, comandante en jefe del escuadrón naval norteamericano del Pacífico, escribió al Ministro Kilpatrick desde el Powhatan, la siguiente comunicación de fecha 4 de mayo:

“El combate comenzó a mediodía y terminó a las cinco con la completa retirada de la escuadra española a la isla de San Lorenzo. Se desplegó gran valor por parte de los españoles. El combate ha sido glorioso para ambos, pero especialmente para los peruanos, que han probado que con cañones de grueso calibre no se debe temer a las escuadras poderosas. Los blindados peruanos ayudaron a las baterías y acertaron muchos tiros en esa importante y heroica acción. Difícil es estimar las pérdidas habidas de ambas partes, pero por los datos que tengo presumo que sean aproximadamente iguales. Sobre si la escuadra española hará o no otra tentativa nada se sabe. Yo sin embargo me inclino a creer que, en las actuales circunstancias, no se decidirán a ello”.

Asimismo, el comandante de una nave de guerra europea escribió el 4 de mayo:

“Los españoles han sido batidos. El almirante recibió cuatro heridas. Creo que ha habido muchos muertos y heridos a bordo de la escuadra y han recibido tan calorosa acogida de parte de los peruanos que el honor de España quedará más que satisfecho”.

A través de esta batalla, la antigua colonia sudamericana reafirmó su independencia y dio una lección de coraje y honor frente a una potencia imperialista. El conflicto sin embargo, aún no había concluido.

CONTINUACION DE LA GUERRA

El diez de mayo, luego de enterrar a sus muertos, curar a sus heridos y reparar sus navíos en la isla San Lorenzo, los españoles dividieron su escuadrón. Una parte de este, la Numancia y cuatro de las fragatas de madera, las más dañadas, se dirigieron hacia las Filipinas mientras que el resto, es decir la Resolución, la Reina Blanca y la Almansa, bajo el comando de Méndez navegaron hacia el Atlántico sudamericano. Los daños sufridos, las bajas y la falta de equipo militar y personal hicieron desistir a Méndez Nuñez de no atacar otros puertos peruanos –como previamente se lo había instruido su gobierno- y sugerir a sus superiores en Madrid no enviar una nueva expedición a aguas chilenas y peruanas. Sin embargo, anticipando una eventual reanudación de las hostilidades, el almirante distribuyó su naves entre los puertos neutrales de Río de Janeiro y Montevideo, mientras aguardaba la posibilidad de refuerzos de Madrid.

El cinco de mayo, tres días después del combate del Callao, frente a las costas de Uruguay, los blindados peruanos volvieron a capturar una nave española, el bergantín Manuel, que fue hundido por la Independencia luego de evacuar a su tripulación. Posteriormente, el día 7, el Huáscar apresó a la corbeta peninsular Petite Victoria y la despachó como presa al Callao. El 25 de mayo mientras los blindados se acercaban al Estrecho de Magallanes a una velocidad de diez nudos, estuvieron a punto de encontrarse con la división española de Méndez Nuñez, que por precaución, a última hora, decidió utilizar el Cabo de Hornos. De lo contrario se hubiera producido un duelo naval de envergadura en aguas internacionales. Finalmente, tras cruzar el Estrecho de Magallanes, los blindados se unieron a la escuadra aliada en Valparaíso y se pusieron bajo las ordenes del almirante chileno Manuel Blanco Encalada, quien aún se desempeñaba como comandante en jefe de las fuerzas navales aliadas.

Con estos refuerzos, el Perú y Chile decidieron renovar la lucha, pero esta vez en la ofensiva para castigar a los españoles por todos los daños infligidos a los puertos de ambos países. Los aliados estaban convencidos que los nuevos blindados iban a equilibrar el balance de fuerzas. Aquellas modernas naves fácilmente estaban en capacidad de poder atacar puertos en la Península Ibérica, incursionar en las colonias españolas o confrontar a la escuadra peninsular en el Pacífico. El gobierno de Chile sin embargo, favorecía una estrategia un poco más conservadora que contemplaba ejecutar un ataque masivo al debilitado escuadrón español en las costas sudamericanas del Atlántico. Los temores chilenos no resultaban tan infundados pues un tiempo después España despacharía al Atlántico a la fragata de hélice Gerona, la cual cerca de Madeira, capturaría al crucero chileno de 2000 toneladas de la clase Super Alabama, Tornado, que navegaba sin artillería desde Inglaterra hacia Chile bajo el nombre código Cantón.

Sin embargo, el presidente peruano Mariano Prado y sus asesores planificaron un curso de acción más agresivo, mediante el cual la escuadra aliada debería perseguir a la flota española hacia una de sus posesiones de ultramar y destruirla en puerto. Ya que los españoles habían venido a atacar a sus ex colonias, era el turno de estas de pagarles de vuelta. Contrario a lo que se pudiera pensar, no era en modo alguno una idea descabellada o un objetivo imposible de realizar, más aun si se tomaba en cuenta que el escuadrón aliado estaba prácticamente intacto, que contaba con naves nuevas y poderosas y tenía la moral alta, mientras que los españoles estaban desmoralizados y muchas de sus naves seriamente dañadas. Además, con excepción de la Numancia, las fragatas de la flota del Pacífico eran de madera. La sorpresa era asimismo un factor muy importante.

Mientras los aliados discutían estrategias, el gobierno peruano propuso el nombramiento de un nuevo comandante para la escuadra, un hombre con gran experiencia, capaz de conducir convenientemente la nueva ofensiva. La contratación de un oficial extranjero para comandar la flota aliada era una opción prevista en el tratado de alianza peruano-chileno, de modo tal que el Perú instruyó a su Ministro en Washington para que buscase a un oficial naval muy competente y con experiencia de combate. El representante diplomático peruano, Federico Barreda, dedicó grandes esfuerzos a esta tarea. Ningún oficial de la marina estadounidense aceptó la oferta, así que optó por ex oficiales confederados. Sus opciones se limitaron a dos conocidos comodoros: Juan Randolph Tucker y Roberto B. Pergram. Tucker fue seleccionado. De conformidad al acuerdo alcanzado, el ex marino confederado recibió el grado de contralmirante de la marina peruana y un salario anual de US$ 5,000, monto similar al percibido por un contralmirante en actividad de la marina de los Estados Unidos. Asimismo se permitió a Tucker seleccionar dos oficiales norteamericanos como asistentes. El comodoro Tucker era sin lugar a dudas una celebridad. Nacido en Virginia, sirvió una carrera distinguida en la armada estadounidense y en 1855, con el rango de comandante, asumió el mando del USS Pennsylvania, que en aquella época era el barco de guerra más grande de los Estados Unidos. Cuando estalló la guerra civil, Tucker, profesional altamente calificado y experto en el uso de torpedos, renunció a su comisión en la marina federal y conjuntamente con otros 367 oficiales navales sureños ingresó al servicio de la flamante marina de los Estados Confederados de América. La primera misión bajo su nueva bandera fue comandar el escuadrón confederado en el río James. Durante el resto de la guerra Tucker se desempeñó brillantemente y lideró la escuadra confederada en Charleston, Carolina del Sur. Durante la última fase de la guerra comandó una brigada naval en el Ejército de Virginia del Norte. Luchó en la batalla final de Sayler Creek y fue el último de los altos comandantes del general Roberto E. Lee en rendirse al ejército federal.

El flamante contralmirante se embarcó hacia el Perú desde Nueva York, arribando a Lima a mediados de junio de 1866. El 17 de ese mes fue recibido en audiencia por el presidente Prado, quien como primera medida lo nombró comandante en jefe de la división naval peruana. El 22 de julio el almirante y sus dos oficiales norteamericanos llegaron a Valparaíso. El 13 de agosto, Tucker fue comisionado como segundo oficial al mando de la escuadra aliada. Al día siguiente, el almirante Blanco Encalada presentó su renuncia y Tucker asumió el comando de las flotas combinadas del Perú y Chile, colocando su insignia a bordo del blindado Independencia. A su asistente, el teniente Walter Raleigh Butt, la primera visión de la flota aliada le produjo una gran impresión y escribió a sus familiares en Virginia que se trataba de “una fuerza naval respetable y formidable”.

Después de este incidente prosiguieron los preparativos para la campaña, incluyendo la reparación de las naves y maniobras navales en la isla Juan Fernández. Durante dicho período la marina peruana se convirtió en el primer servicio naval del mundo en enfatizar el uso de torpedos para guerra. Tucker dispuso que se montaran torpedos Spar en los blindados mientras se acondicionó a las corbetas para utilizarlos en el futuro. La marina apoyó con entusiasmo esta nueva modalidad de guerra naval. La había adoptado antes del combate del Dos de Mayo y ahora estaba levantando una flota de botes torpederos para defensa de costa. Adicionalmente a sus propios torpedos Spar, las cuatro principales naves de la marina peruana (Huáscar, Independencia, Unión y América) llevaban dispositivos lanzatorpedos a vapor. Para fines de noviembre de 1866 la escuadra aliada se encontraba lista para iniciar la ofensiva contra España. En diciembre, el Contralmirante Tucker recibió ordenes del presidente Prado de proceder con la flota desde Valparaíso hacia Coquimbo y aguardar por nuevas instrucciones. El 27 de noviembre, el comandante de la nave británica HMS Topaz reportó al Almirantazgo en Londres que,

“El escuadrón que se está ensamblando aquí en Valparaíso es bastante impresionante. Nadie está seguro que colonia española será atacada, pero se presume que serían las Filipinas. Si este escuadrón parte en una expedición hostil, es muy probable que, cualquiera que sea su suerte, causará un daño considerable al enemigo”.

En términos generales el plan consistía en atacar por sorpresa a la escuadra española en las Filipinas, cuyos barcos estaban supuestamente desarmados y sujetos a reparaciones, y atacarlos o destruirlos. En caso que Tucker no encontrara a las naves, debería bombardear la ciudad de Manila en represalia al ataque español a Valparaíso y el Callao. El Perú ejecutaría la acción utilizando sus dos blindados, las dos corbetas de fabricación francesa y un par de transportes. La operación, de principio a fin, requeriría aproximadamente cinco meses. Al contrario de la posición chilena, que temía un ataque español por el Atlántico, el gobierno peruano consideraba que Méndez Nuñez no estaba en capacidad de montar una ofensiva mayor sino hasta fin de año y asumió que en vez de enfrentar a un escuadrón aliado que ahora era superior, los españoles preferirían permanecer bajo la salvaguarda de los puertos neutrales brasileños y uruguayos. De acuerdo al ambicioso plan, mientras la división de blindados atacaba las Filipinas, el resto de la escuadra aliada compuesta de las corbetas chilenas Esmeralda y Covadonga y algunos barcos peruanos como el Apurimac, navegarían alrededor del Estrecho de Magallanes y una vez en el Atlántico interceptarían naves comerciales, interrumpirían el envío de provisiones a la escuadra de Méndez Nuñez y buscarían la oportunidad de confrontar a las naves dispersas de la flota peninsular. El plan incluía además una provisión que descansaba sólo en la suerte. Dependiendo de una serie de factores, incluyendo un resultado positivo en el ataque a Manila, los aliados podrían asaltar fortalezas españolas en Cuba y Puerto Rico. Dicha operación, probablemente en conjunción con fuerzas terrestres enviadas a través de Panamá, podría asegurar la independencia de ambas islas. A manera de anécdota, uno de los hijos del presidente Prado, Leoncio, lucharía a inicios de la década de los 70 por los revolucionarios cubanos.

En setiembre de 1866 el vicealmirante Juan Dahlgren reemplazó al comodoro Pearson como comandante del escuadrón estadounidense del Pacífico y prohibió que las naves de guerra de su país saludaran la insignia de Tucker, lo que causó la reacción adversa de este último.

Dahlgren era un hombre amargado, con un odio profundo hacia los ex confederados, y para el Tucker no era más que un rebelde aún sujeto a juicio por traición. En una carta dirigida al secretario de marina de su país, llegó a cuestionar al Perú por haber contratado a un “criminal”. Esta controversia sin sentido llegó a convertirse en un asunto personal del presidente Andrés Johnson, quien autorizó a Dahlgren aplicar a su discreción el párrafo 96 de las regulaciones de la marina de los Estados Unidos en lo referente al intercambio protocolar de cortesías con Tucker. El Perú protestó formalmente la actitud del oficial naval estadounidense. El canciller peruano escribió que negar el saludo a Tucker no era sólo una descortesía al almirante, sino hacia el Perú y Chile pues dicho oficial comandaba la escuadra de ambas naciones. El Canciller advirtió que el gobierno del Perú no iba a permitir que este penoso asunto continuara, al tiempo que Dahlgren informaba al Secretario de Marina que el señor Tucker estaba consiguiendo que el gobierno peruano “hiciera suya esta querella personal”. Frente a las circunstancias, John Randolph Tucker comprendió que su situación se había vuelto insostenible, pues su presencia no sólo estaba enturbiando las relaciones con los Estados Unidos, sino que la expedición a Manila, para la cual fue contratado, no se concretaba. El almirante norteamericano asumió un gesto digno y presentó su renuncia. Prado la aceptó con renuencia en marzo de 1867, pero lo nombró presidente de la Comisión Hidrográfica del Amazonas, manteniendo su rango y privilegios.

La victoria peruana sobre la escuadra española, originó un fuerte endeudamiento que afectó seriamente las arcas fiscales del país, pero también debilitó la política intervencionista europea en América Latina, que hallaría su epitafio, un año después, con el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo en México. Del mismo modo consolidó el prestigio y la capacidad de negociación diplomática de los países sudamericanos. En España a partir de enero de 1868, se hizo patente el progresivo aislamiento de Isabel II, que vivía rodeada de una camarilla de incondicionales completamente ajena a las aspiraciones y realidades del resto de esa nación; a esta separación entre el pueblo y la reina contribuyó en no escasa medida la drástica represión una sublevación ocurrida en el cuartel de San Gil en Madrid, que daría origen a la caída de la monarquía isabelina al cabo de unos meses. Desaparecidos O’ Donnell (1867) y Narváez (1868), únicos hombres capaces de salvar la corona, los acontecimientos se precipitaron. El general Juan Prim, decidido a terminar con tal estado de cosas, logró el apoyo del Ejército, mientras que la escuadra, a impulsos del brigadier Juan Topete (quien luchó contra los peruanos en Abtao), encabezaron un pronunciamiento que triunfó en toda España. Como consecuencia inmediata, la reina Isabel II se exilió en París el 26 de septiembre de 1868, el general Serrano se hizo cargo del poder y Prim formó el primer gobierno provisional en octubre de ese año.

Recién en agosto de 1879, en París, gobernando España el rey don Alfonso XII y nuevamente el Perú Mariano Ignacio Prado, se firmó el Tratado de Paz, que marcó el inicio de las cordiales relaciones de amistad que desde entonces unen a los dos países.

NOTAS

(1) Este episodio fue conocido como el combate naval de Papudo y se realizó 55 millas al norte de Valparaíso. Los chilenos, utilizando una antigua táctica del almirante Lord Thomas Cochrane 45 años atrás, izaron una bandera británica en la corbeta Esmeralda, y cuando estuvieron a pocos metros de la Covadonga izaron su propio pabellón de guerra y la cañonearon sin misericordia hasta conseguir su rendición. Aparte de las bajas sufridas, siete oficiales y 115 marineros españoles cayeron prisioneros de los chilenos.

(2) El Tornado, construido en Clydebank, 1863, es descrito de la siguiente manera por un estudioso británico: “The vessel had a protective 4” armor belt surrounding her engines and boilers. She was armed with one 220mm (7.8") muzzleloading Parrott guns, two 160/15 cal. muzzleloading guns, two 120-mm bronze muzzleloading guns, and two 87- mm/24 cal. Hontoria breechloading guns. She had a crew complement of 202 men. The Tornado has been built a commerce-raider for the North American Confederation. Seized by the British Government in 1863, and acquired in 1865, she was purchased by Chile for 75,000 Pounds through Isaac Campbell & Co.in January or February of 1866. According to some sources the vessel was renamed Pampero. Was captured by the Spanish frigate Gerona on August 22, 1866 and renamed Tornado. Commissioned in the Spanish Navy, she was rated as screw corvette in 1870. She was converted to a torpedo-training vessel in 1886. Her hulk was sunk in Barcelona by Nationalist air raid during Spanish Civil War. She was finally broken up after 1939”.

(3) St. Hubert Ch. “The Early Spanish Steam Warships 1834-1870” Warship International 1983. - # 4. - P.338-367; 1984. - #1. - P. 21-44.

(4) La vencedora era gemela de las naves Consuelo, Wad-Ras, Narváez, África, Santa Lucía y Diana.

(5) La Covadonga tenía como naves gemelas a las corbetas Ligera, Circe, Sirena, Andaluza, Guadiana, Huelva y Favorita.

(6) La Villa de Madrid En 1864 fue enviada a Perú para reforzar la flota del Almirante Pareja en la memorable Batalla del Callao donde tuvo 27 bajas. Fue el buque insignia de la escuadra del Mediterráneo creada en 1869.

(7) La Resolución era una de trece naves de esa clase con las que contaba España. Fue rebautizada como Méndez Nuñez. En el combate del Callao fue el buque que sufrió menos bajas y daños y cuya artillería fue más eficaz. A su regreso a España fue transformada en fragata blindada.

(8) La Almansa tenía como buque gemelo al Gerona. Fue botada en Cartagena en 1864. El agravamiento de la Guerra del Pacífico obligó a enviar a la Almansa a reforzar la escuadra de Méndez Nuñez llegando al Callao días antes de la célebre batalla. El 2 de mayo de 1866, durante el bombardeo de la plaza, recibió un impacto que provocó un incendio cerca del pañol de municiones. Su comandante, desoyendo los consejos de inundar el pañol, siguió combatiendo aduciendo que “hoy no es día de mojar la pólvora “. Apagados los incendios volvió a la línea de batalla.

(9) El primer comandante de la Numancia fue el Capitán de Navío D. Casto Méndez Nuñez En los países europeos se miraba con escepticismo su viaje a aguas sudamericanas pues los intentos de barcos ingleses y franceses de realizar viajes oceánicos con fragatas blindadas se habían saldado con sonoros fracasos. Sin embargo, la Numancia demostró durante el viaje unas envidiables condiciones marineras incorporándose a la escuadra del Almirante Pareja. El suicidio de éste supuso el ascenso de Méndez Nuñez a Contralmirante o brigadier de la Armada, como se decía entonces y el mando de la flota más poderosa reunida por España desde Trafalgar. Interviene en el bombardeo de Valparaíso y en el combate del Callao. Después de la guerra, se dirigió a Filipinas y luego a España rodeando África, siendo el primer acorazado en dar la vuelta al mundo.

(10) El Loa fue construido como el vapor Collete. Convertido en blindado, era muy similar en apariencia a los casamatas confederados de la clase Richmond. Su armadura era de hierro de ferrocarril. Por su parte el Victoria fue comisionado el 30 de julio de 1864. Diseñado por los hermanos Manuel y Tomás en los astilleros de la Maestranza Naval de Bellavista, su construcción marcó el inicio de las actividades del cuerpo de ingenieros de la marina peruana.

(11) El Colón fue adquirido en los Estados Unidos en setiembre de 1864. Sin embargo, antes de embarcarse para el Perú desde San Francisco, la nave fue retenida por el gobernador de California, general Irvin McDowell, cuya decisión fue posteriormente aprobada por el secretario de guerra de los Estados Unidos bajo el precepto que el país requería de todo el material disponible para hacer frente al conflicto con los Estados Confederados y ningún elemento de esa clase podía ser adquirido o sacado del país, particularmente en la costa oeste y por tanto se prohibía su exportación, permaneciendo la nave anclada en el puerto de San Francisco. El gobierno peruano protestó por este hecho y demandó la entrega de la nave. El gobierno estadounidense si bien actuó lentamente, finalmente ordenó liberar la nave el 14 de marzo de 1865, seis meses después que el gobernador dispusiera su retención. En el interim el caso había sido sujeto a una investigación a cargo de un gran jurado que concluyó que no existía sustento para la detención del Colón, el cual arribaría a puerto peruano y sería comisionado en la escuadra justo a tiempo para combatir a los españoles. El barco llegó al Callao a tiempo para participar en el combate contra la escuadra peninsular.

(12) El 2 de mayo de 1802, el pueblo español inició la revuelta contra la ocupación francesa de su país. La respuesta de las fuerzas napoleónicas a este levantamiento fue brutal y los fusilamientos de los insurrectos fueron inmortalizados en la celebre pintura de Goya “Las ejecuciones del 3 de Mayo”. A raíz de la revuelta de Madrid, los españoles se unieron para luchar una guerra de independencia contra los franceses que se prolongaría cinco años.

(13) Casto Mendez Nuñes nació en Vigo en 1827 y falleció en Poontevedra en 1869, tres años después del combate del Callao. En 1840, como guardiamarina, tomó parte en la primera guerra civil española. En 1850 fue ascendido a teniente de navío y cinco años después fue destacado a Filipinas, ejecutando acciones contra los piratas moros de Mindanao. En reconocimiento a su acción fue ascendido a capitán de navío en 1862. En 1868 fue nombrado vicepresidente del Almirantazgo español.



DEFENSAS PERUANAS

Fotografías de cañones peruanos utilizados en la defensa del Callao contra la escuadra española. Los peruanos impactaron un total de 185 proyectiles en las naves peninsulares, causándoles graves averías.


Juan del Campo

Perú
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