C r i p t o z o o l o g í a

NESSIE: 
EL FINAL DE UN MITO. 


Por: José Luis Casas Martinez 
Secretario General del C.I.F.E. 

    Vivimos rodeados de mitos. De eso no cabe ninguna duda. Algunos de estos mitos nos son tan familiares, casi tan entrañables, que nunca nos hemos cuestionado su autenticidad. Simplemente nos acompañan durante nuestra vida e incluso nos molestaría sobremanera que alguien osara atentar contra su integridad. Están ahí y basta. Quizá con el protagonista de este artículo ocurre algo parecido a esto. El ‘monstruo’ del lago Ness es un poco patrimonio de todos. Y entrecomillo lo de monstruo porque, como afirmó el propio Dr. Jiménez del Oso hace ya muchos años en uno de aquellos pequeños libros de la Biblioteca Básica de los Temas Ocultos, “nos resistimos a calificar de monstruo a un ser tan bondadoso y pacífico como viene demostrando ser el animal gigantesco que recorre la estrecha estructura de su vivienda acuática en un ir y venir incesante, como los peces capturados que introducimos en los acuarios y peceras, encerrados, prisioneros, sin horizonte para nadar, sin poder cambiar sus aguas, tropezando con su hocico abierto en todas las paredes.” Está claro, no obstante, que el autor de este libro apuesta casi ciegamente por la autenticidad de su existencia, incluso calificándolo de animal gigantesco, cosa con la que no estoy de acuerdo y trataré de explicar en este trabajo.

 Admito que el monstruo del lago Ness se ha visto mucho. O al menos existen muchas referencias de apariciones extrañas tanto sobre las aguas del lago como incluso en tierra. Pero no resultan convincentes, sobre todo para alimentar la explicación más extendida y supuestamente científica que se ha ofrecido para la existencia de Nessie: la de que una reminiscencia de los dinosaurios ha sobrevivido durante millones de años en aguas escocesas.
 

Los Precedentes
 
 
La inquietante cabeza de Nessie surgiendo de las oscuras
aguas del Ness forma parte de la  propia imagen de Escocia
Fotografia del año 1983
 
     Pero vayamos a la historia y a los hechos. Estamos en Escocia, en la región de Inverness en el umbral del primer tercio de siglo. La existencia de Nessie fue anunciada en 1933 por un alguacil local, Alex Campbell quien dijo haber sido testigo de la aparición del ‘monstruo’ que durante generaciones se había creído que habitaba el lago Ness. La tradición a la que aludía Campbell, y que creyó haber consolidado con su visión, hablaba de una creencia muy extendida en las Highlands escocesas (las tierras altas pobladas de lagos) de que un animal marino parecido a un caballo habitaba no sólo el lago Ness sino prácticamente cada uno de los lagos de Escocia.
    Se decía que era un espíritu maléfico que no sólo atraía a los viajeros hacia su muerte sino que encontraba un especial deleite en esta tarea. Los orígenes de esta tradición son, obviamente, más antiguos. En Irlanda, lugar del que provienen los escoceses, los aldeanos creían en la existencia de un duplicado de nuestro mundo debajo de las aguas y contaban historias de vacas, toros, perros y caballos de ese otro mundo. En ciertas leyendas, los animales acuáticos tenían incluso sus dueños del ‘otro-mundo’, lo que sugería la creencia de que ese mundo acuático era una imagen especular del nuestro. Estas leyendas de un mundo invertido encontraban un importante sustento en el intrigante fenómeno de la ‘reflexión’ del mundo ‘superior’ sobre la superficie de las aguas en calma, fenómeno al que los antiguos habitantes de la zona le confirieron cualidades mágicas. Si el agua era el dominio del ‘otro-mundo’, entonces aquellos que se aventuraban en los lagos estaban violando dicho mundo y se encontraban, por tanto, en peligro. El folclore necesariamente debió haberse desarrollado alrededor de este concepto, de forma que cualquier acontecimiento inusual en el entorno de un lago debió interpretarse como manifestaciones de este mundo acuático. No obstante, si bien esta herencia mítica podría justificar una cierta tendencia de los escoceses a la creencia en seres extraordinarios, creo que no es suficiente para justificar la existencia de Nessie.

     Volvamos pues a los comienzos de la historia moderna de Nessie. Tras la dudosa observación del alguacil Campbell, el primer relato de encuentros con un ser extraño en el lago se debió a la señorita Mary Hamilton, en ese mismo año de 1933. Paseando por las cercanías del lago contó que apareció a poca distancia, nadando, un animal enorme, que ella no conocía y no se parecía a ningún otro, con un cuello muy largo y una cabeza muy pequeña. Cuando nadaba, sacaba a oleadas parte del cuerpo sobre la superficie líquida. Su longitud total debía ser de unos 80 pies y nadaba muy deprisa. La noticia saltó a los periódicos algún tiempo después, concretamente el 20 de mayo de 1933 el diario ‘Daily Mail’ se hizo eco de la misma. Otros periódicos de más seriedad, como el ‘Times’ dedicaron al ‘monstruo’ cuatro columnas de su espacio. Varias sociedades científicas inglesas, el Museo Británico e incluso el Parlamento se ocuparon de la cuestión. Y hasta hubo quien interpeló al Gobierno, como fue el caso del diputado Anstruther-Gray, que preguntó si no sería conveniente que el señor secretario de Estado ordenara en interés de la Ciencia, abrir una investigación cuidadosa sobre el tipo y la naturaleza del monstruo, o como el diputado Sir Murdoch MacDonald, que interpeló al gobierno en el sentido de que diera órdenes de dragar por completo el lago Ness, para coger vivo al misterioso animal. Pero quien se llevó la palma fue Mr. Bertram Mills, propietario del circo ‘Olimpia’, quien ofreció pagar una suma de veinte mil libras a cualquiera que entregara vivo el monstruo a su circo antes del 25 de enero de 1934. A partir de estas primeras noticias surgieron innumerables personas que pretendían haber visto también al animal. Sir Godfrey Collins, secretario de Estado para Escocia, se vio obligado a enviar al lago Ness fuerzas de Policía con la orden de vigilar constantemente el lago para ver el ‘monstruo’, caso de que apareciese. Aunque no lograron su objetivo, se presentó la moción de convertir el lago en una reserva nacional para protección del misterioso animal, siendo cercado el 15 de noviembre de 1933 con objeto de buscar una explicación a lo que estaba ocurriendo. Y el animal fue aparentemente visto y dibujado. El diario ‘Times’ reprodujo los dibujos el 9 de diciembre de 1933 y a partir de aquí se convirtió en una sensación nacional. El ‘monstruo’ se reprodujo en azúcar, chocolate, madera, etc., y fue profusamente vendido a los miles de personas que visitaban la zona. Sólo en una semana de agosto de 1934 fueron contabilizados más de 10.000 vehículos de turistas y curiosos en las inmediaciones del lago Ness. Y desde entonces hasta el momento actual ha sido una sucesión de supuestos indicios y evidencias, de contradicciones, de críticas y de un interés por Nessie que no se apaga ni aún hoy, como atestiguan los balances anuales de caja del ‘Loch Ness Centre’ en Drumnadrochit, a orillas del lago.

Las evidencias

 Como en todos los asuntos aureolados por el misterio y la falta de explicación, las evidencias, los indicios, las pruebas son el único material sobre el que nos debemos basar para emitir algún juicio. En el caso del lago Ness los indicios son muy numerosos como vamos a comprobar a continuación. Sin embargo, todo hay que decirlo, la gran mayoría de ellos no soportan una criba racional y falta a mi juicio, como en otros muchos asuntos, la prueba indiscutible. Porque, ¿qué tipo de evidencias esperamos encontrar para corroborar la existencia de Nessie? Siguiendo el razonamiento de Steuart Campbell (ver bibliografía), que considero acertado, si Nessie existiese debería haber sido visto en la superficie del lago al menos ocasionalmente. Algunas veces debería haber sido visto suficientemente cerca de los testigos como para dar una buena descripción de su anatomía, y todas las descripciones deberían ser consistentes entre sí, cosa que no ocurre. La gente que vive a orillas del lago y aquellos que lo cruzan regularmente, deberían haberlo visto con frecuencia. Si Nessie es anfibio deberíamos esperar que hubiera sido visto ocasionalmente en las orillas del lago y que incluso hubiera dejado marcas o huellas detectables en el suelo. Ya que casi todas, o todas, las personas que se acercan al lago, sobre todo los turistas, llevan cámaras fotográficas o videos, deberíamos esperar tener a estas alturas una buena evidencia fotográfica. Tampoco podemos olvidar que hay auténticos ‘cazadores’ de Nessie. Personas que acuden al lago bien pertrechadas de aparatos de registro y que no han sido capaces de suministrar esa prueba inequívoca. Un último detalle para la reflexión: si Nessie existiese (y si es así debería haber más de un individuo) deberían haberse encontrado restos de su actividad vital en el lago. Peces o pájaros devorados, excrementos, cadáveres de los que fuesen muriendo, etc. Incluso los sonidos que Nessie debería emitir en acciones como su alimentación, comunicación con sus congéneres, etc., deberían haber sido captados por alguna de las varias expediciones al efecto que han surcado las oscuras aguas del lago Ness. Pero vayamos con el repaso a las ‘evidencias’ sobre la existencia de Nessie (para un análisis crítico de cada una de estas evidencias –que lógicamente no puedo reproducir aquí por cuestiones de espacio- me remito a la obra de Campbell que incluyo en la bibliografía).

 Evidencias procedentes de testigos visuales

     Uno de los más profusos investigadores del lago y los misterios que guarda dentro, Roy P. Mackal recogió en su libro The Monster of Loch Ness (Londres, 1976) la friolera de 10.000 informes conocidos de visualizaciones del ‘monstruo’. Aproximadamente un tercio de estos informes reunían datos suficientes como para ser analizados y fueron sometidos a examen por el propio Mackal. De estos alrededor de 3000 informes listó 251 observaciones válidas, una vez que excluyó aquellos que claramente parecían haber sido malas interpretaciones de olas, pájaros batiendo sus alas cerca de la superficie del lago, troncos flotando y otros objetos conocidos.

 Fotografías

     El primer informe de un intento de fotografiar a Nessie fue en agosto  de 1933 cuando un fotógrafo bien conocido de la época, el capitán Ellisford, llegó al lago cargado con una gran maleta llena de materiales fotográficos ‘modernos’. Sin embargo, nada más se supo de él. Ni de sus actividades, ni de si tuvo o no éxito con sus fotografías. Ni siquiera si llegó a tirar alguna. Posteriormente el Reverendo N. Dundas y su mujer dijeron haber visto a Nessie desde Temple Pier en Drumnadrochit el 23 de noviembre de 1933. Sin embargo, a pesar de que iban provistos de cámaras fotográficas y de que incluso dispararon algunas, Nessie no apareció en las fotos.

     Se conocen 21 fotografías o grupos de fotografías que presuntamente muestran a Nessie. La primera de ellas tomada el 12 de noviembre de 1933 por Hugh Gray, un empleado de la British Aluminium Company en Foyers. Él describió un objeto de considerables dimensiones surgiendo de las tranquilas aguas del lago no lejos de donde él se encontraba. Aunque le dio la impresión de que lo que emergió casi un metro del agua era algo parecido al cuello de un animal, no distinguió cabeza alguna. Aparentemente Gray tomó cinco fotografías del objeto pero cuando tras tres semanas en un cajón, el hermano de Gray llevó la película a revelar cuatro de ellas aparecieron veladas y la quinta mostraba serios síntomas de haber sido manipulada. En 1934 se tomaron cuatro grupos de fotografías, una más en julio de 1951, otra en 1955, una en 1958, tres en el verano de 1960, una en 1964, una en 1966, una en 1967, otra en 1972, una en 1975, una en 1977, una en 1981 y la última de las que se tiene noticia fue obtenida en 1982 por Jennifer Bruce mientras se encontraba de vacaciones junto con su marido y su madre en Drumnadrochit. Tomando una fotografía del lago desde Temple Pier hacia las ruinas del castillo de Urquhart apareció en la fotografía algo que ellos no habían visto directamente y que asemejaba una cabeza y un cuello sinuoso emergiendo de las aguas del lago.


La mas conocida de las fotografias del monstruo del lago Ness. Fué tomada en
1934, y con ella la leyenda creció y se afianzó aun mas en todo el mundo.
Hoy en dia Nessie es un activo tan importante para Escocia como sus castillos
plagados de supuestos fantasmas.

 

 Filmaciones

     Roy P. Mackal listó en su libro citado anteriormente 22 secuencias de cine recogidas entre 1935 y 1977 y una filmación en vídeo realizada por Erik Beckford el 6 de agosto de 1984.

 Fotografías submarinas

     Existen cinco fotografías tomadas con cámara submarinas en las que se supone que aparece Nessie. Todas ellas fueron obtenidas por Robert H. Rines y sus colegas de la Academia de Ciencias Aplicadas del Reino Unido. Tres de ellas fueron obtenidas el 8 de agosto de 1972 a los pies del castillo de Urquhart y en las que se muestra algo parecido a una gran aleta, si bien Sir Frank Claringbull, del Museo Británico tras su examen de las fotografías originales y otras mejoradas en los laboratorios de Pasadena llegó a la conclusión de que se trataba de restos de árboles. Las otras dos fotografías submarinas fueron obtenidas el 20 de junio de 1975. Una de las cuales –quizás la más famosa- representa, si bien de forma bastante borrosa, lo que podría ser el torso, cuello y extremidades de un gran animal. La quinta fotografía, interpretada durante mucho tiempo como el ‘rostro’ de Nessie, fue identificada como el tocón de un árbol que pudo ser recuperado del lago.

 Registros de radar y sonar

     Mientras que el agua es un pobre transmisor de la luz o de cualquier radiación electromagnética, sí que transmite con facilidad el sonido. Ondas sonoras viajan mucho más rápido a través de sólidos y líquidos que a través del aire y pueden ser detectadas a mucha mayor distancia. La resolución acústica, sin embargo, es muy inferior a la resolución visual, por razón de la mucho mayor longitud de onda que emplean. Consecuentemente, el sonar un puede decirnos el tamaño (sin otra información adicional) o forma de un objeto. Sin embargo, esta carencia se compensa por una muy exacta información sobre la distancia a la que se encuentra el objeto.

     Entre 1954 y 1982 se han registrado 18 ‘contactos’ por sonar de lo que podría ser Nessie. Por otro lado, como cabría esperar el radar no se ha mostrado muy útil en la caza de Nessie, ya que se supone que Nessie raramente se encuentra en la superficie del lago. No ha habido, además, una investigación sistemática con radar y sólo existe un informe accidental procedente del 22 de agosto de 1966 en el que el yate ‘Pharma’ informó haber tenido a Nessie en su radar durante aproximadamente media hora después de que fuese visto directamente por los testigos.

Las hipótesis y conclusiones

 ¿Un dinosaurio? No

 Nessiteras rhombopterix es el nombre con el que presuntamente la ciencia ha bautizado a Nessie y con lo que algunos pretenden dar carta de naturaleza a la existencia del Nessie-dinosaurio. Para los poco familiarizados con la nomenclatura y taxonomía científicas, es decir, con aquella disciplina que se encarga de poner nombre y clasificar a todas las especies vivas de nuestro mundo, decir que los nombres de las especies tienen un significado generalmente relativo a la forma externa del organismo. Así, el nombre aplicado a Nessie vendría a significar, más o menos, animal con aletas en forma de rombo, y fue acuñado de acuerdo –como es fácil suponer- con alguna de las ‘evidencias’ que he repasado en el apartado anterior. La creencia más extendida es que se trata de un representante del fascinante mundo de los dinosaurios que ha sido capaz de sobrevivir decenas de millones de años y llegar a nuestros días. En concreto se le ha descrito como un plesiosaurio, un dinosaurio marino que solía alimentarse de peces en los tiempos en que estas criaturas dominaban el planeta. Siendo un animal marino no podría aparecer en un lago de agua dulce sin una explicación satisfactoria. Para esto, los defensores de Nessie piensan que el animal entró al lago a través de un túnel submarino al final de la última era glacial. Incluso hay quien mantiene que existe una permanente conexión entre el lago y el mar que haría literalmente imposible la localización de Nessie, quien conocería perfectamente el camino entre ambos lugares. Igualmente hay una persistente creencia en cuevas submarinas en donde Nessie podría encontrar cobijo y escapar así de la persecución de los ‘cazadores de monstruos’. Sin embargo, nada de esto es probable. En la actualidad el lago Ness está situado a 16 metros por encima del nivel del mar. Cualquier túnel suficientemente largo para acoger a Nessie habría drenado el lago hasta dejarlo a nivel del mar. No existen, por tanto, tales túneles. Pero, además, estudios geológicos realizados en el fondo del lago utilizando sondas de hasta 4 m de longitud –capaces de muestrear hasta 11000 años de sedimentos- no han revelado la existencia en tales estratos sedimentarios de animales marinos algunos. Esto descarta, también, que el lago Ness haya estado en alguna ocasión en contacto con el mar.

     Aunque hiciésemos la ‘vista gorda’ al importante asunto de cómo un plesiosaurio habría podido llegar al lago Ness, otros importantes inconvenientes surgen a continuación. Por ejemplo, la temperatura del lago es de 6°C en el hipolimnion (región del lago que ya no recibe usualmente radiación solar y que en el caso del Ness comienza a escasos metros de la superficie). Una temperatura que resulta demasiado baja para un plesiosaurio, y es dudoso que se haya podido aclimatar a tales condiciones. En la actualidad ningún reptil conocido es capaz de soportar estas temperaturas. Por otro lado, la descripción que se ha dado de Nessie no concuerda con ninguno de los plesiosaurios conocidos por los paleozoólogos. Y en tercer lugar, ¿cuántos Nessies deberían vivir en la actualidad si realmente un grupo de plesiosaurios se hubiera mantenido vivos durante millones de años? Se ha calculado este valor entre un límite inferior de 10 individuos y un límite superior variable entre al menos 20 y 1000. Evidentemente de una población así se debería contar ya no sólo con aleatorias e incompletas descripciones, sino con unas evidencias mucho más firmes de su vida en el lago.

     Mi opinión, a la vista de todo lo referido hasta el momento, es que no existe ningún dinosaurio habitando las aguas del lago Ness. Aunque del análisis del número de evidencias que he recogido en el apartado correspondiente parecería desprenderse que hay suficientes motivos para admitir su existencia, la realidad es que de todo ese montón de testimonios y registros pocos superan un análisis crítico. O mejor dicho, tal cantidad de indicios encuentra en fenómenos naturales mal interpretados una explicación más fácil y racional que recurrir al escurridizo ‘monstruo’. Así, como hemos visto, el bagaje fotográfico después de más de 60 años de ‘caza’ de Nessie es tremendamente pobre. Y no sólo eso. De las 21 fotografías existentes es probable que siete de ellas sean fraudes, cinco se pueden identificar como fenómenos naturales y las seis restantes no suministran datos suficientes para su análisis.

     Sorprendentemente existen más filmaciones que fotografías presuntamente de Nessie. De las 23 filmaciones existentes, Mackal acepta sólo cinco como evidencias positivas. Sin embargo, de esas cinco, dos tienen un origen dudoso y se sabe muy poco de ellas para alcanzar conclusiones sobre la imagen. Una tercera se ha identificado hace poco tiempo como los restos de un caballo muerto en el interior del lago. La cuarta muestra inequívocamente el efecto de una ola y la última de estas cinco es la filmación de un pequeño barco con su estela sobre las aguas. Incluso, la única filmación en vídeo existente muestra con toda probabilidad alguna de las aves acuáticas que pueblan la zona en el momento de entrar en el agua para pescar.

     Ante la pobreza de los documentos fotográficos, muchos han puesto su esperanza en los resultados de la exploración submarina. De nuevo, ninguna de estas fotografías ofrece resultados definitivos. En dos de los casos lo que se ha fotografiado difusamente son restos consistentes en ramas y raíces de árboles depositados en el fondo de la bahía de Urquhart. Para las fotografías que presuntamente recogen el torso, cuello y extremidades de Nessie la explicación que se ha ofrecido es que muestran el lecho del lago, junto con los objetos depositados en él, fotografiados cuando el aparejo en el que iba montada la cámara fotográfica giró y se desplomó hacia el fondo.

     Y en cuanto a los indicios por sonar, la decepción es igualmente absoluta. Lo que para muchos ha sido durante muchos años una evidencia de la existencia de Nessie (extraños perfiles realizados por el aparato de sonar que se asemejaban a un plesiosaurio) no es otra cosa que el resultado de errores metodológicos y de ignorancia al usar tal tipo de aparatos. Entre los años 1981 y 1985 el proyecto ‘Loch Ness and Morar’ (el Morar es otro profundo lago escocés) desplegó una gran cantidad de material sofisticado en las aguas del lago para encontrar registros por sonar de Nessie. Aunque detectaron algunos ecos extraños, ninguno corresponde a un animal de las características de Nessie. Además, en diferentes proyectos de investigación se han utilizado hidrófonos para intentar detectar los sonidos que presumiblemente debería emitir Nessie y sus congéneres durante su vida cotidiana con resultados absolutamente negativos. En 1962 la Universidad de Cambridge desarrolló un proyecto consistente en realizar un barrido de extremo a extremo del lago utilizando una flotilla de barcos equipados con eco-sondas, de forma que se generó una red sónica que cubría toda la anchura del lago y que en algún momento Nessie debería haber atravesado, si existiese. Los resultados fueron, de nuevo, completamente negativos.

 Conclusión

     Descartando completamente que estemos ante un animal vestigial, lo cierto es que el lago Ness sigue ejerciendo una atracción casi irresistible. He tenido la oportunidad (afortunadamente cada vez más asequible para todo el mundo) de pisar sus orillas y tocar sus frías aguas, justo debajo de las ruinas del castillo de Urquhart. De ver un pequeño embarcadero desde donde barcos llenos de emocionados turistas surcan cada hora las aguas del lago esperando, quizá, que un remolino de agua o una ola extraña revele la presencia ante sus cámaras fotográficas del ‘monstruo’. No he visto a Nessie. Sólo en las innumerables fotografías, reproducciones y proyecciones que el ‘Loch Ness Centre’ pone a disposición del curioso. Sin embargo, uno puede prácticamente percibir la sensación de la leyenda en la piel. El lago, de todos es sabido, no tiene orillas debido a lo escarpado del terreno. Sólo por determinados lugares, como la bahía de Urquhart, es posible acceder a las negras aguas del lago. Uno entiende entonces la dificultad que supone investigar algo que se pueda esconder en esas aguas. La abundancia de materia orgánica en suspensión y de restos procedentes de los innumerables bosques circundantes ha hecho que la luz del sol no sea capaz de abrirse paso sino sólo a los primeros centímetros de la capa de agua, convirtiendo el resto en una oscura y opaca caverna líquida, escenario ideal para albergar monstruos.

    El ‘monstruo’ del lago Ness no existe. Pero su imagen ha servido para realzar los encantos de una zona que de por sí reúne mil maravillas naturales.
 

Bibliografía consultada
 
CAMPBELL, S. 1991. The Loch Ness Monster. The Evidence. Aberdeen University Press. 

HENNIG, R. 1976. Grandes Enigmas del Universo. Ed. Plaza & Janés, pp.: 513-533. 

JIMÉNEZ DEL OSO, F. 1979. Los Enigmas Pendientes. Biblioteca Básica de los Temas Ocultos. Ed. Uve, pp.: 107-112. 

KOLOSIMO, P. 1976. El Planeta Incógnito. Ed. Plaza & Janés, pp.: 226-227.


NOTAS SOBRE EL AUTOR:
 
JOSE LUIS CASAS MARTINEZ es Doctor en Biología y ejerce su actividad profesional como Profesor Titular en al Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Alicante.
Es Secretario General del C.I.F.E.
Es correalizador del programa radiofónico de Onda Regional de Murcia: EL ULTIMO PELDAÑO.
Es miembro del Comite de Redacción de Estigia, siendo responsable del área de Criptozoologia, Exobiología, Astroarqueología y Astronomia.
Para cualquier comunicación sobre el tema de este trabajo, o cualquier otro: 



 
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