| ESOS PEQUEÑOS
SERES (1). Por: José Alfredo Gonzalez Celdrán. Licenciado en Filología Clásica. |
"Gnomo" |
Pasear por el bosque es un de los entretenimientos
más baratos y gratificantes que se conocen. Su coste real
es gasolina, paciencia y ánimo de enfrentar la carretera.
Su beneficio, una bocanada de aire fresco, paisajes de colores puros, tranquilidad... De hecho, puede considerarse como una suerte de viaje iniciático en el que nos descubrimos a nosotros mismos, saliendo de la ciudad negra de hollín a la la luz brillante del campo, como si abandonáramos el consabido túnel largo y oscuro. Allí encontramos formas de vida no humanas pero no por ello menos terrestres: conejos, palomas, saltamontes..., seres inferiores al hombre en la escala biológica y carentes de la inteligencia que nos caracteriza como especie. Pero a veces, a la umbría de los árboles, en parajes de alta hierba o protegidos or un follaje espeso, ocurre que |
El folklore universal ha llenado a lo largo de la historia ciertos entornos naturales con seres de aspecto variado que, participando todos ellos, por lo general, de rasgos antropomórficos, incluyen con frecuencia elementos que zoológicamente nos son menos afines e incluso nada afines en absoluto. Pensando en la magia de los bosques, el primer nombre que nos viene a la cabeza muy probablemente es el de gnomo, un hombre en miniatura cuya tipología recuerda la del San Nicolás que alegra las navidades europeas, el Papa Noël francés, sólo que con un desproporcionado y respingón sombrero rojo. Pero no se nos escapa quelos bosques del hemisferio norte ofrecen además al caminante un amplio surtido de otras criaturas extrañas, como elfos, duenes y hadas de todo tipo, incluso con nombre propio: las Gwragedd Annwn de Gales, hadas acuáticas que el día de Año Nuevo por la mañana capturan hombres para casarse con ellos; Hedley Kow, un duende inglés de risa equina que gasta bromas pesadas a los vecinos de la aldea de Hedley; el Phooka, probablemente antecesor del Puck shakespereano, duene peligroso que, adoptando forma de animal, puede acercársenos en Irlanda con aoire amistoso para luego ocasionarnos alguna desgracia. La lista que podría ofrecerse recurriendo a la bibliografía disponible sería interminable y, a buen seguro, aburriría al lector, pero lo cierto es que casi cada aldea de cada provincia de cada país conocen algún ser extraordinario de buena, mala o ambigua conducta que se aloja en la espesura, vive en las copas de los árboles o escarba en el subsuelo como una lombriz. Su tipología podrá no coincidir de uñn lugar a otro, pero su esencia responderá siempre a un denominador muy común.
En palabras de Briand Froud, "el hombre
crea a los dioses a imagen suya, y los dioses que la literatura nos ha
transmitido, Thor, Bran y Palas Atenea, entre otros, son reflejo de las
aspiraciones, del amor a la guerra, del honor y la poesía de sus
adoradores, que eran fundamentalmente aristócratas de sus respectivas
sociedades. Sin embargo, las gentes que carecían de un lenguaje
escrito, y a cuyas moradas no acudían los bardos ambulantes, deben
de haber tenido sus propias divinidades. Tenían dioses locales
que cuidaban de sus cosechas, de sus casas y de los caprichos del tiempo.
A esas deidades se las podía culpar de las tragedias y bendecir
por la buena suerte" (Briand Froud, El mundo de las hadas). Puede
que la cuestión sobre los dioses no se resuelva en los términos
sencillos en que la plantea Froud, pero sí es cierto que el conjunto
de seres mágicos y legendarios que incluye a gnomos, hadas y elfos
tiene su origen en formas de fe que asientan sus raices en la naturaleza
y a los que no es posible entender a menos que se recupere el contexto
originario del que brotaron.
Si bien es cierto que los gnomos forman
ya parte del floklore universal, nolo es menos que participamos de ellos
por sudifusión a manos de las gentes centroeuropeas que, en sucesivas
migraciones, se han extendido por todo el mundo en un proceso de occidentalización
que aún no ha terminado. Incluso el simpático aspecto
con que los imaginamos se debe más al influjo de la televisión
que a la pervivencia real de su memoria. Sin embargo n son más
que criaturas mitológicas de la naturaleza, y otras culturas en
otros tiempos tuvieron y tienen las suyas propias. Los griegos creían
desde muy antiguo que sus bosques estaban habitados por faunos y silenos,
descendientes ambos de Pan, único dios griego del que se sabe que
muere y no vuelve a la vida, cuyo aspecto heredaron. patas, cola, cuernos
y barba de cabra unidos a un torso de hombre. Eran divinidades agrestes
y de costumbres bastante licenciosas que acompañaban a las seguidoras
de Dioniso en sus orgías campestres. También creían
los griegos en unas entidades femeninas semejantes a nuestras hadas y que,
como ellas, tenían su hogar en emplazamientos naturales: las llamaban
ninfas y entre ellas las había Dríades, o ninfas de las encinas,
Cariátides, ninfas de las nueces, o Melíades, del fresno.
A veces el agua les servía de aposento y eran Náyades, o
se movían por el aire y eran Pléyades, encarnadas en palomas
e inmortalizadas en el firmamento como un cúmulo estelar cercano
a la constelación de Tauro. Los romanos atendía con
meticulosidad el culto que diariemtne se tributaba en la capilla familiar
a los manes, espíritus de los antepasados, y a los lares, pequeños
geniecillos de origen etrusco que se ocupaban de que los asustons domésticos
marcharan con la debida corrección.
Los árabes y en general el mundo
musulmán, hablan de jinns, seres primigenios, anteriores al hombre,
que pueden ser buenos o malos y viven en los desiertos o, según
los tuareg, en barrancos y cuevas. ¿Quién no recuerda
al jinn, al genio que Aladino extrajo de una lámpara en una de las
narraciones de Las Mil y Una Noches?
Dioniso con sus Ménades |
Y es que la guerra ha sido siempre un atributo viril, del soldado que lucha contra el enemigo o del cazador que persigue una pieza mientras su mujer le aguarda en casa. Los dioses de una sociedad de hombres tenderán a parecerse a los hombres, y lucharán o serán violentos, pero los dioses de las mujeres serán dioses de la tierra, del aire, de la lluvia, dioses de la naturaleza, de lo que vive y de lo que muere y, sobre todo, de lo que está oculto. Pensemos en que desvelar el misterio del culto que se tributaba a Deméter, la Madre Tierra griega, en Eleusis, cerca de Atenas, estaba castigado con la pena de muerte, y Carl A. P. Ruck, en El Camino a Eleusis, propone la hipótesis de que Sócrates no fue condenado por una asamblea repleta de intolerantes y tiranos, sino por haber sido un charlatán que habría atentado contra la fe nacional del pueblo griego, tal y como se trasluce en una velada referencia a la traición del filósofo en Las Ranas, de Aristófanes.
Pero dentro de la mitología
nórdica, la distinción entre Ases y Vanes nos recuerda de
nuevo la esencia natural de los primitivos cultos germánicos: los
Ases, de los que formaban parte Odín y Thor, eran una casta de dioses
superiores, habitantes de la sagrada ciudad de Asgard; son los dioses de
un pueblo ario invasor, guerrero y platriarcal que se superpuso a una población
prearia que adoraba a los Vanes, "dioses pacíficos y promotores
de la fertilidad, dispensadores de bienes, de placeres" que "se relacionan
con la tierra, con el agua, con la magia sejdr (de tipo chamánico)"
(Blázquez Freire, "Historia de las religiones de la Europa Anstigua",
p. 515), que incluso practicaban matrimonios endogámicos, es decir,
que se casban con miembros de su propia tribu e incluso con hermanos, como
es el caso de Freyr casado con su hermana Freya. Recordemos
en este sentido que el Zeus griego tomó por esposa a su hermana
Hera y, si bien es probable que la entronización de este dios se
debiera precisamente a una invasión aria dominadora del sustrato
preario griego (los pelasgos), la fórmula matrimonial es precisamente
la endogamia primitiva de los pueblos que adoraban a una diosa Madre, y
que ésta es de hecho la paradoja que nos legaron los mitógrafos
redactores de la versión definitiva del Génesis, en torno
al siglo X a.C., cuando al principo del libro, en Gen. IV 16-26 se nos
habla de la descendencia de Caín y de Set, teológicamente
posible sólo merced a la unión de ambos hijos con su madre,
por mucho que en el versículo 17 se hable de una mujer de Caín,
lo que entroncaría con el mito heleno de Edipo, casado con Yocasta
y asesino de su padre Layo, como Caín fue el asesino de su hermano
Abel, o también como en Gen XIX 30-38, cuando las hijas de Lot emborrachan
a su padre para unirse a él y tener hijos, hecho no reprobado por
el autor o autores del libro, sino, muy por el contrario, esgrimido como
explicación del origen de dos pueblos, los moabitas y los amonitas.
Los arios, sin embargo, quizás en los términos en que lo
plantea Freud en Totem y Tabú, aportan un nuevo elemento preponderante
masculino y exogámico que nunca logra ocultar la vinculación
originaria a la naturaleza de todas las religiones antiguas.
Eva según un fresco de la Abadia de Plaintcouraut, junto a un arbol del paraiso fungico. |
Según apunta Robert Graves, en Gen. III, 20 "Adán llama a Eva 'la madre de todos los vivientes'(...), título de esa misma diosa del Amor, Aruru o Ishtar" (Los Mitos Hebreos, p. 72). Resulta evidente que la tradición israelita no tuvo siempre como dios al Yahvé-El-Elohím que habita en ls montañas de Parán, en Sinaí, en Tabor, en Horeb y en otras cumbres sagradas, sino que Eva no era más que una de las múltiples imágenes que en el entorno mediterráneo del neolítico representaban a la Gran Diosa, y esto resulta evidente en el hebho de que madre de todos los vivientes era un atributo de Ishtar-Inanna o Ninanna, la diosa del cielo sumerio-babilónica que era a la vez diosa del amor y de la reproducción y diosa guerrera, y que asimismo fue considerada como la madre tierra en sus aspectos tanto creador como destructor, igual que Shiva para el hinduismo. |
El propio Osiris, en Egipto, era un dios
de la fertilidad y, más concretamente un dios del grano, cuya muerte
y resurreción se celebraba en un festival en el monte Khoiak, a
finales del mes de Athyr, durante la época de la siega. En
dicho festival se enterraba una efigie de Osiris hecha de barro y grano
para que se renovaran los cultivos. Pero también era un espíritu
arbóreo. De hecho, para Sir James Frazer "ésta debe
haber sido quizás su carácter primitivo, ya que la adoración
de los árboles es en realidad más antigua en la historia
de la religión que la adoración de los cereales" (The Golden
Bough, p. 380). El antropólogo inglés nos recuerda
una ceremonia descrita por Firmico Materno en la que "después de
haber sido cortado un pino, el centro era vaciado, y con la madera así
extraída se hacía una imagen de Osiris, que era luego enterrado
como un cadáver en el hueco de un árbol" (ibidem).
Cabe mencionar que el árbol es precisamente un concepto mítico-religioso
fundamental en Egipto, como sostenedor y conformador del cielo y en cuyas
ramas se balanceaban los dioses. Cada nomo egipcio solía tener
en su santuario central un árbol sagrado, que podía ser un
sicomoro, una datilera,m un tamarindo, un sauce o una vid, nada extraño,
dado que el cultivo de la vid y la fabricación del vino la debían
los egipcios a Osiris. Pero las más de las veces ese árbol
era el Persea, el árbol de Osiris, una especie indefinida pero cuya
representación pictográfica nos recuerda de inmediato a una
gran conífera, sobre todo atendiendo a que una pintura de Dendera
representa el cofre que contenía la momia de Osiris con cabeza de
halcón dentro de un árbol que, tal y como afirma Frazer,
tenía aspecto de conífera.
| Así pues, la imagen de un elegante Osiris, juez de los muertos y divinidad suprema comparable al Yahvé judeocristiano debe entenderse como producto de una evolución a partir de ideas primigenias conectadas con la naturaleza, cos que resulta más evidente en otras divinidades egipcias: así Khmun, dios de los cálculos y las letras, era un su origen un dios luna, astro que todas las culturas han usado invariablemente para medir el tiempo, y la luna era el emblema de Thot, que también era adorado como ibis, una especie de garceta, o como babuino, |
Osiris en el Arbol de la Vida |
Diosa de la Tierra Azteca |
Al otro lado del Atlántico, en las antiguas culturas americanas la situación era idéntica. De forma paralela a los israelitas, que adoraban a su dios montañés Yahvéh y mantenían restos de cultos femeninos en la figura de la Madre Tierra Eva-Hepat-Ishtar, entre los aztecas encontramos en el siglo XV d.C. a un dios del fuego, Otontecuhtli, junto a una larga corte de diosas, como Itzpapálotl, diosa chichimeca de la tierra y paralelo de Hathor, Eva y Deméter, Tzapotlatena, diosa zapoteca de la medicina, o Chicomecoatl, diosa del maíz, junto con una |
Aunque la lista de dioses aztecas y sus mitos de creación son tan numerosos e inabarcables como los egipcios, sucesivos sincretismos y evoluciones llevaron a que figuras masculinas en rincipio de segundo grado, como Quetzalcoatl (uno de los cuatro tezcatlipoca) o Huitzilopochtli, probablemente el último dios incorporado al panteón, se convirtieran en gobernantes funcionales o dioses padre. Sin embargo no faltan los mitos en que, como Zeus y Osiris hubieron de tomar esposa y Eva fue disfrazada pero no anulada, los dioses principales aztecas obran del mismo modo y se asocian inexorablemente a una diosa cónyuge: Huitzilopochtli rapta a Xochiquetzal, diosa de las flores y del amor, ya casada con Tlaloc, el dios sapo, para casarse a su vez con ella, y Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada, fue engañado y emborrachado por su enemigo Tezcatlipoca (personaje unificador de los cuatro hijos de los Señores de la Vida), que le obligó a mantener relaciones sexuales con su propia hermana, Quetzalpétlatl, tras lo cual el dios se prendió fuego, convirtiéndose en el lucero del alba. ¿Cómo no reconocer en esta leyenda la endogamia primitiva que considerábamos propia del neolítico mediterráneo y del cercano Oriente? No olvidemos tampoco que el lucero en que se convierte Quetzalcoatl es Venus, astro que la religión egipcia identificaba con Isis y la sumerio-babilónica con Ishtar-Inanna-Astarté, es decir, con la Eva semita. El mito de la muerte de Quetzalcoatl nos trae a la memoria una situación en la que uno de los dioses aztecas más antiguos practicaba la fórmula esponsorial del matriarcado primitivo, de manera que dicho
| matriarcado sería un eco amalgamado, que no olvidado, de aquellos tiempos primeros en que Quetzalcoatl pudo ser el trasunto de un rey consorte, paredra de su hermana Quetzalpétlatl, la verdadera regente.Otro dios tan importante como Quetzalcoatl fue aquel al que Huitzilopochtli robó la esposa: el anciano Tlaloc, y Tlaloc no era sino el dios de todo lo relacionado con la agricultura, desde la siembra y la cosecha hasta la lluvia que fertiliza la tierra, y a veces aparece relacionado como esposo o como hermano con Chalchiutlicue, diosa de importancia y atribuciones similares. |
![]() |
Proceder al análisis de todas y cada una de las religiones históricas sería una tarea demasiado extensa, pero baste lo señalado hasta este punto para establecer que en el sustrato más santiguo de dichas religiones se encuentra siempre la naturaleza y, con ello, lo femenino. La segunda parte de este trabajo entrará de lleno en el siguiente paso de nuestra argumentación sobre el carácter de los gnomos y criaturas similares, el "animismo", pero será en el próximo número de nuestra revista.
NOTAS SOBRE EL AUTOR:
JOSE ALFREDO GONZALEZ CELDRAN ,
es Licenciado en Filología Clásica y ejerce como Profesor
de Enseñanza Secundaria.
Es miembro del Comite de Redacción de
Estigia, responsable del área de Religiones y Mística.
Es un gran conocedor de temas relacionados con
el chamanismo, drogas alucinógenas, religiones, antropología,
mitología, etc.
Es colaborador habitual y asesor técnico
del programa radiofónico "El Ultimo Peldaño", de
Onda Regional de Murcia.
Para dirigirse a él, en relación
con el presente artículo o cualquier otro tema: e-mail:
PPágina
Principal