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La Formación

     Una vez que el candidato ha sido admitido en la Compañía, ésta se preocupará de formarlo adecuadamente con el objetivo de hacerlo apto para que colabore eficazmente en la búsqueda de la mayor gloria de Dios y del servicio al prójimo.

     En consecuencia, la formación en la Compañía no es -en primer lugar- para beneficio del propio sujeto, sino más bien para beneficio del prójimo, a quien está llamado a ayudar. Por eso, la Compañía opta por una formación de "alta calidad", ya que mientras uno mejor se forme, mejor va a poder servir a los demás. Esta opción va a suponer una larga formación; sin embargo, el tiempo que ella dure deja de ser importante, pues uno ya ha decidido entregarle toda su vida a Dios, viviendo y muriendo en la Compañía.

     La formación de la Compañía se basa en la libertad responsable. Se trata de que los estudiantes jesuitas se formen aprendiendo a decidir lo que es más conforme al servicio de Dios, sin tantas normas externas que pueden nublar u obstaculizar su capacidad a decidir correctamente.

  1. La formación empieza con el noviciado. Esta etapa dura 2 años y tiene por objeto establecer los fundamentos principales de la espiritualidad ignaciana y confirmar -desde dentro si la Compañía es para el sujeto y si el sujeto es para la Compañía. En esta etapa uno se hace familiar con Dios en la oración y va conociendo y aprendiendo a querer a la Compañía, a la que ha decidido entrar.
    El noviciado termina con la confirmación, por parte del sujeto, de la certeza de su vocación; y si la Compañía lo considera apto, le permitirá hacer los votos de perpetua pobreza, castidad y obediencia, junto con la promesa de entrar en la Compañía, al final de su formación. Después de estos primeros votos uno puede llamarse y considerarse jesuita; sin embargo, la Compañía recién lo va a admitir definitivamente y lo va a considerar plenamente jesuita, al finalizar toda su formación.
  2. El "juniorado". Hechos los votos del noviciado, se inicia -con el juniorado- la larga formación intelectual. Esta etapa que dura más o menos 2 años, y en ella se hacen estudios de humanidades: historia, literatura, idiomas, artes, etc., con la intención de sensibilizar al sujeto hacia las diversas dimensiones y complejidades de la vida y expandir su horizonte al deseo de un servicio más universal.
    La formación en la Compañía es personalizada y toma en cuenta las capacidades y limitaciones del sujeto, sus intereses, los estudios realizados, etc., con el fin de poner énfasis en algunos aspectos de la formación más que en otros. Esto va a hacer que -en función del sujeto- algunas etapas de la formación se alarguen y otras se acorten.
    Si uno ha entrado a la Compañía para ser hermano jesuita, durante el juniorado comenzará sus estudios y preparación convenientes para el servicio que pueda prestar en la Compañía.
  3. La "filosofía". Tiene una duración aproximada de 3 años, y tiene por objetivo enseñar a pensar con lógica y precisión, formar el sentido crítico, abrirse a otras maneras de pensar y preparar las bases para los estudios teológicos. En el Perú, los estudios filosóficos se realizan en la "Escuela Superior Antonio Ruiz de Montoya" (Lima) y en convenio con la Universidad Católica.
  4. El '"magisterio". Normalmente dura 2 años y su fin es contribuir a alcanzar una madurez religiosa y apostólica. Es una etapa en donde se interrumpen los estudios y el jesuita se sumerge en la realidad de la vida cotidiana, trabajando en alguna de las obras de la Compañía (usualmente en alguna obra educativa). Es una época de preguntas, cuestionamientos y reformulaciones que sirven para confirmar su vocación y abrir el apetito a los estudios teológicos que siguen.
    Usualmente, en estas primeras etapas se procura que el estudiante concluya los estudios universitarios que haya podido interrumpir con su entrada en la Compañía, o inicie estudios civiles que puedan complementar y mejorar el servicio que, como jesuita formado, pueda prestar.
  5. La "teología". Tiene una duración aproximada de 4 años y se orienta a obtener el bachillerato en teología. Se pretende que los estudios de teología sean de alta calidad ya que serán el medio primero y principal para el trabajo espiritual de la Compañía.
    Usualmente, al terminar sus estudios teológicos, el estudiante pide ser ordenado sacerdote. Y si después de los informes y evaluaciones se le considera apto, se le concederán las órdenes y será ordenado, primero diácono y luego sacerdote. Pero, aún siendo sacerdote, su formación no ha terminado.
  6. Los "estudios especiales". Después de la teología y ya siendo sacerdotes, los jesuitas hacen estudios especiales: doctorados, maestrías o carreras civiles. La duración de esta etapa dependerá de la clase de estudios que se esté realizando.
  7. La "tercera probación". Aproximadamente unos 15 años después de haber ingresado en la Compañía, todos los jesuitas se someten a una última prueba: la tercera probación. Se trata de una experiencia similar a la del noviciado y de una duración aproximada de 6 meses, en donde se propicia una profunda experiencia de encuentro con el Señor y se renueva la vigencia del llamado a vivir y morir en la Compañía, sirviendo al Señor en la ayuda del prójimo. En esta prueba, la Compañía evaluará, por última vez, la aptitud del sujeto para ser admitido definitivamente en ella.
  8. Los "últimos votos". Después de la tercera probación, si el sujeto ha sido considerado apto para ser de la Compañía, ésta lo invitará a hacer sus últimos votos (los mismos que hizo al finalizar el noviciado, pero esta vez públicos y solemnes) y lo admitirá plenamente en ella, como jesuita formado (ya sea como profeso o como coadjutor espiritual).
    Hechos sus últimos votos, el jesuita se encuentra listo y dispuesto para ser enviado a trabajar donde la Compañía juzgue que podrá ser de mayor servicio a Dios y bien para el prójimo.
  9. La "formación permanente". Pero el jesuita nunca puede dejar de estudiar si pretende colaborar adecuadamente en el trabajo con el Señor. Por eso, si bien la formación formal termina con los últimos votos, para un mejor servicio divino, el jesuita deberá mantenerse actualizado y al tanto del desarrollo del pensamiento y de la reflexión contemporáneos.