El comienzo del día fue realmente maravilloso: 16 Km. seguidos de bajada, hasta llegar a Ponferrada, aunque hay que decir que el jefe de turno Victor, estableció una velocidad prudencial, ya que no pasamos de 50 Km/h.
La constante amenaza del puerto de Piedrafita se dejó sentir todo el dia. Así, por ejemplo, en Villafranca del Bierzo, decidimos comer simplemente unos bocatas para no perder demasiado tiempo y avanzar antes de que el sol nos castigara.
La verdad es que la amenaza era fundada y todas las prevenciones fueron pocas: Piedrafita es una cosa muy seria, que tuvimos que tragarnos a base de paradas periódicas.
Precisamente en una de esas paradas, a la sombra de un espléndido castaño del Bierzo, Juan sacó la navaja y fabricó varios modelos de tirachinas para Juanjito. Victor acometiendo tarea similar, se hizo un corte en en dedo, para felicidad de Juan que por fin pudo usar el inmenso botiquín, con el que viene cargando.
A un corte de apenas medio centímetro, aplicamos sucesivamente: agua oxigenada, betadine, polvos antisépticos y una generosa ración de esparadrapo. Sólo nos faltaron unas luces amarillas y una sirena.
Conseguimos llegar a Piedrafita bastante tocados del ala, pero resulta que el golpe moral era que para llegar al refugio había que seguir subiendo hasta el puerto de O Cebreiro. Otros 5 Km. de vellón que añadir a nuestros lastimados lomos.
Hay que decir, eso sí, que el refugio está muy bien y que problabemente, sea el mejor de los que hemos encontrado en la ruta.
Escribimos esto mientras damos cuenta de unos huevos fritos con chorizo que están a punto de hacer que nos echemos a llorar. Todo un festival.
Esperamos dormir de un tirón, acompañados por las nubes que cubren el paisaje (estamos a 1300 m. de altura).
Incidencias:
A parte del corte de Victor y de varias jaculatorias y maldiciones del patriarca, que está muy machacado, nada que destacar. Por cierto: al subsodicho patriarca, ya se le sostiene el peine en la barba, ncanecida por el esfuerzo.