Jornada 7 - Fecha 10/8/97

Desde: Castrojeriz
Hasta: Sahagún de Campos

92 Kilómetros
5,5 Horas

Crónica del día

El alberguista de Castrojeriz pronto fue bautizado por Victor como el "El Capitán Vacilo", más que nada porque al llegar le vaciló un poco con que no había cama para él.
Después resultó que realmente era militar aunque de mayor graduación y no sólo por carrera sino por "impronta", ya que a las seis y media de la mañana tuvo a bien tocar diana floreada a base de cánticos gregorianos a todo meter.
En compensación a tanta disciplina, nos mostró su verdadero corazón, suministrando a todos los peregrinos café con leche, pan con margarina y "man-zana in corpore sano" como él mismo pregonaba.
Nos vimos así en plena ruta tropezándonos con los mismísimos operarios que retiraban los lobos de la noche y colocaban los tramos de carretera.
En Puentefitero nos topamos con la Ermita de San Juan, románica y reconstruida por una cofradía de fieles italianos. Según pudimos ver en unas fotografias, se tomaron un trabajo considerable, retirando escombro y reponiendo techos, puertas y piso. Nos invitaron a café con leche y les dejamos una colaboración económica, muy merecida.
LLegamos a Carrión de los Condes a la hora de comer, pero antes visitamos el convento de las monjas Clarisas en el que han montado un curioso museo con antigüedades, objetos de culto y curiosidades (por ejemplo, una colección de cilicios de una de las antiguas madres abadesas). Todo nos fue explicado por un muchacho de ojos tiernos y pluma ostensible, por lo que no hicimos mas alharacas y partimos raudos.
Una de las cosas que mejor se nos está dando es el tema de "gestión de tormentas". La cosa es que todas las tardes se pone de tormenta y el mérito está en parar a tomar café justo cuando descarga. Salvo pequeños desajustes, atribuibles al escaso material de predicción que llevamos (el ojo de buen cubero), venimos llegando a los refugios a "cogote enjuto".
Proseguimos, pues, driblando tormentas y cruzando el rio Cueza, no menos de catorce veces, mientras hacíamos ingeniosos juegos de palabras entre el rio Cueza, el culo es-cueza y así sucesivamente.
Al llegar a Sahagún, donde hacemos noche, nos encontramos con un verdadero colapso de peregrinos. Conseguimos cama por los pelos.
Como siempre, la tormenta cayó mientras estábamos ya a resguardo, aunque lo que no pudimos librar fue la colada.

Incidencias:

Hoy día de averias: pereció un enganche de mochila, con gran estrépito y otro pinchazo a cuenta de Victor. Todo con arreglo
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