
Ockeghem
fue un compositor perteneciente a las primeras generaciones de la escuela
franco-flamenca y uno de los más influyentes y respetados mvsicos
de su época. Sirvió a tres reyes de Francia y su trabajo
como cantante le llevó desde Notre Dame de Amberes en su niñez
hasta Notre Dame de París en su madurez, aunque la falta de registros
sobre sus últimos años sugieren que se retiró al final
de su vida debido a su avanzada edad, ya que nació alrededor de
1410. Ockeghem pasó la mayor parte de su época activa en
Tours (Francia) y desde allí se desplazaba para realizar los cometidos
que le eran propios a su puesto de cantor. Los cantantes de la época
de Ockeghem eran contratados obviamente por su voz (la de bajo de Ockeghem
era prodigiosa) y por su habilidad para componer alguna mvsica si fuera
menester. Ockeghem poseía cierta “habilidad” para estos menesteres
aunque a la hora de componer era bastante favorable a su propia voz. A
su muerte, poetas como Cretin, Molinet y Erasmo escribieron odas de lamento,
y Josquin
y Johannes Lupi pusieron mvsica a los dos primeros de estos poemas. Busnois,
alumno del venerable maestro, le había dedicado en vida el motete
In hydraulis.
El talento de Ockeghem, lo que le hace especial, lo que le hace ser uno de los más grandes compositores de la historia de la mvsica, es su habilidad para usar los más enrevesados recursos técnicos en sus composiciones sin que estos nublen la increíble belleza de sus composiciones. Ockeghem compone en un estilo muy de su tiempo; las voces se mueven con muchísima independencia y siempre en un sentido horizontal, pero sin un predominio del cantus (la parte más aguda). La presencia de un cantus firmus (por ejemplo la melodía de una determinada chanson) aparece generalmente en el tenor, y no condiciona el desarrollo de las otras voces, sino que sólo sirve de excusa para marcar un determinado ambiente tonal. La mvsica sacra de Ockeghem ilustra fielmente las concepciones teológicas del momento que le tocó vivir y refleja con un gran apasionamiento los dogmas de fe que representa el texto en cada momento.
Ockeghem es un genio de la
matemática, incluso más genial que Bach
a la hora de conseguir rizar el rizo. Su dominio de los cánones
en diferentes intervalos y su uso de las prolaciones y del cantus firmus
ha eclipsado durante décadas lo hermoso de su mvsica. Por ejemplo,
en su Missa Prolationum sólo aparecen escritas dos voces, con instrucciones
para que se canten cánones en diferentes intervalos y tiempos (prolaciones)
para conseguir la obra a cuatro voces que es en sí esta misa.
Ockeghem suele aparecer simplemente como un compositor muy habilidoso,
pero no debemos dejar que nuestra obsesión por descubrir tal canon
o por intuir aquel cantus firmus nos impidan disfrutar de la mvsica. Edward
Wickham dijo recientemente que el conocimiento de la habilidad técnica
de Ockeghem no hace que descubramos la belleza de su mvsica, sino sólo
que la admiremos más.
A raíz del aniversario celebrado
el pasado año, los amantes de la mvsica antigua hemos sido bendecidos
por un aluvión de grabaciones
de mvsica de Ockeghem. Este es un compositor que permanece “virgen”
para una gran parte del público, por eso no debemos perder esta
caravana de buenas grabaciones y probar. Cualquier obra es buena para empezar;
no rechacemos la Missa Prolationum por parecernos demasiado compleja ni
sus chansons por parecernos un tema muy “trillado” y/o facilón.
Ockeghem es algo nuevo, distinto y que nunca se olvida. Es único.
Engancha.
