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Breve Biografía y selección de
poemas de Pablo Neruda;

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Hijo de José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario, y Rosa Basoalto Opazo, maestra
de escuela, fallecida un mes después de que él naciera.
En 1906 la familia se traslada a Temuco donde su padre se casa con Trinidad Candia Marverde, a quién el poeta menciona con el
nombre de Mamadre en textos como "Confieso que he vivido" y "Memorial de Isla Negra". Realiza sus estudios en el Liceo de
Hombres de esta ciudad, donde también publica sus primeros poemas en el periódico regional La Mañana. En 1919 obtiene el tercer premio en los Juegos Florales de Maule con su poema Nocturno ideal.
En 1920 comienza a contribuir con la revista literaria "Selva Austral" bajo el seudónimo de Pablo
Neruda, que adoptara en homenaje al poeta checo Jan Neruda (1834-1891).
En 1921 se radica en Santiago y estudia pedagogía en francés en el Instituto Pedagógico de la Universidad de
Chile, donde obtiene el primer premio de la fiesta de la primavera con el poema "La canción
de fiesta", publicado posteriormente en la revista Juventud. En 1923, publica "Crepusculario", que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro Prado. Al año siguiente aparece en Editorial Nascimento sus "Veinte poemas de amor y una canción
desesperada", en el que todavía se nota una influencia del modernismo. Posteriormente se manifiesta un propósito de renovación formal de intención vanguardista
en tres breves libros publicados en 1926: El habitante y su esperanza; Anillos (en colaboración con Tomás Lagos)
y Tentativa del hombre infinito.
En 1927 comienza su larga carrera diplomática cuando es nombrado cónsul en Rangún, Birmania. Será luego cónsul en Sri Lanka, Java, Singapur, Buenos Aires, Barcelona y Madrid. En sus múltiples viajes conoce en Buenos Aires a Federico García
Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti. En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de la revista "Caballo verde para la poesía" en la cual
es compañero de los poetas de la generación del
27. Ese mismo año aparece la edición madrileña de "Residencia en la
tierra".
En 1936 estalla la Guerra civil española. Conmovido por la guerra y el asesinato de García Lorca, Neruda se compromete con el movimiento
republicano, primero en España y luego --ya desplazado de su cargo diplomático-- en Francia, donde comienza a escribir "España en el corazón" (1937). En ese año regresa a su patria, y su poesía durante el período siguiente se caracterizará
por una orientación hacia cuestiones políticas y sociales.
En 1939 es designado cónsul especial para la inmigración española en París, y poco tiempo después Cónsul General en México, donde reescribe su "Canto General de
Chile" transformándolo en un poema épico sobre todo el continente sudamericano, su naturaleza,
sus gentes y su destino histórico. Esta obra, titulada "Canto General", fue publicada en México en 1950, y también clandestinamente en Chile. Compuesta de unos 250 poemas en quince ciclos
literarios, constituye (a juicio del propio Neruda) la parte central de su producción artística. Al poco tiempo de publicado,
"Canto General" fue traducido a alrededor de diez idiomas. Casi todos los poemas que lo componen fueron creados en circunstancias
particularmente difíciles, cuando Neruda vivía en el exilio.
Habiendo retornado a Chile en 1943, Neruda recibe el Premio Nacional de Literatura en 1945. En este último año (4 de marzo) es electo Senador de la República, y se une al Partido Comunista
de Chile. En las elecciones presidenciales chilenas de 1946 triunfa una coalición (Alianza Democrática) integrada por radicales, comunistas y demócratas, llevando al poder a Gabriel González
Videla. La represión desencadenada por este último contra los trabajadores mineros en huelga
llevará a Neruda a protestar vehementemente en el Senado. La persecución desatada por el gobierno de González Videla contra
sus antiguos aliados comunistas, que culminará en la prohibición del partido (3 de septiembre de 1948) forzarán a Neruda primero a la clandestinidad en su propio país, y luego al exilio. Huye
hacia Argentina cruzando a caballo la Cordillera de los
Andes en 1949, y se dirige a Europa. Regresará a Chile recién en 1952. Gran parte de lo que escribe en ese tiempo lleva el sello de sus actividades políticas.
El 28 de diciembre de 1946 se dicta sentencia judicial declarando que su nombre legal será Pablo Neruda, como
él mismo había solicitado.
En 1952 publica Los versos del capitán y en 1954 Las uvas y el viento (en donde se encuentra una infame elegía a Stalin) y Odas
elementales. En 1953 recibe el Premio Staling de la Paz. En 1958 aparece Estravagario con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de
Oxford, Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel de
Literatura.
En 1969 el Partido Comunista lo elige como candidato a Presidente de la República, pero renuncia
en favor de Salvador Allende como candidato unificado de la Unidad Popular, que triunfa en las elecciones de 1970. El gobierno de la Unidad Popular lo designa Embajador en Francia, de donde regresa a su país en 1972. Muere en la Clinica Santa María de Santiago el 23 de septiembre de 1973, por un cáncer de próstata. Pocos días antes, el 11 de septiembre, el gobierno de Allende había sido violentamente derrocado por un golpe de estado militar encabezado por el General Augusto Pinochet, y la casa de Neruda en Santiago había sido saqueada y sus libros incendiados. Su funeral
estuvo rodeado de soldados armados de ametralladoras. Sus restos descansan junto a los de su tercera esposa, Matilde, en la
casa (hoy museo) que poseía en Isla Negra.
Póstumamente
se publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido.
Tuvo tres esposas. En 1930 se casó con María Antonieta Hagenaar, de quien se divorció en 1936. Desde mediados de la década de 1930 hasta su divorcio en 1955 vivió con Delia de Carril, "la Hormiguita", con quien se había casado en 1943. En 1966 se casó con Matilde Urrutia.
Selección de Poemas:
POEMA 20
Puedo escribir
los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros,
a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas
veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos
fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír
la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor
no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta.
A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón
la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces,
ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar
su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya
no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches
como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor
que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
LA CANCIÓN DESESPERADA
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como
los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina
de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los
pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto,
furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada
y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó
la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso
albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las
islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el
duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y
en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante
y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh
la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca
de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y
la palabra apenas comenzada en los labios.
Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo,
todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste
en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado
hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche
sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de
todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
POEMA 5
Para
que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar,
cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable
de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes
que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan
lo que quiero decirte para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida. Llanto de viejas bocas,
sangre de viejas súplicas. Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas
un collar infinito para tus blancas manos, suaves como las uvas.
POEMA 15
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y
me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara
la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de
sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle
con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando
callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
POEMA
10
Hemos perdido aun este crepúsculo. Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas mientras la noche
azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces
como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada de esa
tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes? Diciendo qué palabras? Por qué
se me vendrá todo el amor de golpe cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma
en el crepúsculo, y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes hacia
donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
BARRIO SIN LUZ
¿Se va la poesía de las
cosas o no la puede condensar mi vida? Ayer mirando el último crepúsculo yo era un manchón de musgo entre unas
ruinas.
Las ciudades hollines y venganzas, la cochinada gris de los suburbios, la oficina que encorva las
espaldas, el jefe de ojos turbios.
Sangre de un arrebol sobre los cerros, sangre sobre las calles y las plazas,
dolor de corazones rotos, podre de hastíos y de lágrimas.
Un río abraza el arrabal como una mano helada
que tienta en las tinieblas: sobre sus aguas se avergüenzan de verse las estrellas.
Y las casas que esconden
los deseos detrás de las ventanas luminosas, mientras afuera el viento lleva un poco de barro a cada rosa.
Lejos...
la bruma de las olvidanzas humos espesos, tajamares rotos, y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean los bueyes
y los hombres sudorosos.
Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas, mordiendo solo todas las tristezas, como
si el llanto fuera una semilla y yo el único surco de la tierra.
POEMA
6
Te recuerdo como eras en el último otoño. Eras la boina gris y el corazón en calma. En tus ojos
peleaban las llamas del crepúsculo. Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma. Hoguera de estupor en que mi sed ardía. Dulce jacinto azul torcido
sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño: boina gris, voz de pájaro y corazón de casa hacia
donde emigraban mis profundos anhelos y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde
los cerros. Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma! Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos. Hojas
secas de otoño giraban en tu alma.
POEMA 8
Abeja blanca zumbas ebria de miel en mi
alma y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo,
y el que todo lo tuvo.
Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última. En mi tierra desierta eres la última rosa.
Ah silenciosa!
Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos
a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.
Ah silenciosa!
He
aquí la soledad de donde estás ausente. Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza
por las calles mojadas. De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas
en mi alma. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah silenciosa!
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