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Breve Biografía y selección de
poemas de Federico García Lorca;

Federico García Lorca
1898-1936 1898 El 5 de junio nace Federico García Lorca en Fuente Vaqueros, provincia de
Granada, hijo de Federico García Rodríguez y VicentaLorca Romero. Será el mayor de cuatro hermanos: Francisco, Concha e Isabel.1908
Pasa unos meses en Almería, donde comienza sus estudios de bachillerato. Primeros estudios de música. 1909 se traslada
con su familia a vivir a Granada. 1915-1917 Estudios de Filosofía y Letras y de Derecho en la Universidad de Granada. Amistad
con el núcleo intelectual granadino (Melchor Fernández Almagro, Miguel Pizarro, Manuel Ángeles Ortiz, Ismael G. de la Serna,
Angel Barrios,...). Viajes de estudios, dirigidos por el Catedrático Martín Domínguez Barrueta, por Andalucía, Castillla y
Galicia. Inicia su amistad con el compositor Manuel de Falla, quien fija su residencia en Granada.1918 Publica en Granada
su primer libro Impresiones y Paisajes y escribe algunos poemas que aparecerán más tarde en su primer libro de versos, Libro
de Poemas.
1919-1924 1919 Se instala en la Residencia de Estudiante de Madrid, donde viviráhasta 1928. En
estos años conocerá a Luis Buñuel, Salvador Dalí, José Moreno Villa, Emilio Prados, Pedro Salinas, Pepín Bello... 1920 El
estreno en el Teatro Esclava de Madrid de su obra El maleficio de la Mariposa supone un total fracaso. Se matricula en la
Facultad de Filosofía y Letras. Inicia la redacción de las Suites.1921 Publica Libro de Poemas. En noviembre escribe la casi
totalidad del Poema del Cante Jondo. Juan R. Jiménez incluye en su revista Indice poemas de Lorca.1922 Lee, en el Centro Artístico
de Granada, su conferencia El Cante Jondo. Primitivo canto andaluz. 13-14 de junio: se celebra en la plaza de los Aljibes
de la Alambra de Granada la "Fiesta-concurso del cante jondo". Empieza la redacción de la tragicomedia de Don Cristóbal y
la señá Rosita.1923 Enero: con ocasión de la fiesta de los reyes Magos, se celebraen su casa una función de Títeres organizada
por él y por Falla.Primeros dibujos. Asiste, en Madrid, al banquete en honor de Ramón Gómez de la Serna. En junio se licencia
en Derecho por la Universidad de Granada. En el otoño Salvador Dalí llega a la Residencia de Estudiantes. Amistad con el pintor
Gregorio Prieto y con Rafael Alberti. Juan Ramón Jiménez le visita en Granada.
1925-1928 1925 Termina Mariana
Pineda. Primavera: Primera estancia en Cadaqués, en casa de la familia Dalí.1926 Realiza numerosas excursiones, principalmente
por las Alpujarras,con Manuel de Falla. La familia adquiere la Huerta de San Vicente, en la vega granadina, donde para frecuentes
temporadas. La Revista de Occidente publica su Oda a Salvador Dalí. Lee en el Ateneo de Valladolid poemas de sus libros en
preparación (Suites, Canciones, Cante Jondo y Romancero Gitano). 1927 Publica el libro Canciones. Segunda estancia en Cataluña.
La compañía de Margarita Xirgu estrena Mariana Pineda en el Teatro Goya de Barcelona. El grupo de L´Amic de les Arts (S. Gasch,
J.V. Foix, L. Montanya, S. Dalí,...) organiza, en las Galerías Dalmau de Barcelona, una exposición de sus dibujos. La compañía
de Margarita Xirgu estrena Mariana Pineda en el Teatro Fontalba de Madrid. Conoce a Vicente Aleixandre. Diciembre: el Ateneo
de Sevilla, en ocasión del Homenaje a Góngora, organiza una lectura de Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Jorge Guillén,
Gerardo Diego, Juan Chabás, José Bargamín y Rafael Alberti. Conoce a Luis Cernuda y Joaquín Romero Murube.1928 Un grupo de
intelectuales granadinos, dirigidos por Federico García Lorca, funda la revista Gallo, de la que se publicarán dos números.
Publica en la Revista de Occidente su primer Romancero Gitano. Publica, de modo parcial, la Oda al Santísimo Sacramento del
Altar. Lee en la Residencia de estudiantes la conferencia Canciones de Cuna Españolas.
1929-1932 1929
Segunda edición de Canciones. Estreno de Mariana Pineda en Granada. Junio: Sale para los Estados unidos, vía París-Londres,
en Compañía de Fernando de los Ríos, arribando a Nueva York. Se matricula en la Universidad de Columbia. Frecuenta teatros,
cines, museos y se apasiona por el jazz. Veranea en Vermont, huésped de Philip Cummings, y luego en Catskill mountains, con
Angel del Río. De vuelta a Nueva York se instala en el John Jay Hall de la Universidad de Columbia, donde permanecerá
hasta enero de 1930. Comienza a trabajar en lo que será Poeta en Nueva York, escribe el guión de Viaje a la Luna y empieza
El Público.1930 Pronuncia unas conferencias en la Universidad de Columbia y en el Vassr College. El torero Ignacio Sánchez
Mejías y la cantante La Argentinita le visitan en Nueva York Invitado por la Institución Hispano-Cubana de Cultura marcha
a La Habana, donde pronuncia varias conferencias y termina El Público. De vuelta a España, estrena en Madrid la versión breve
de La Zapatera prodigiosa.1931 Publica algunos poemas de Poeta en Nueva York. Publica el Poema del Cante Jondo. Termina
Así que pases cinco años. Dirige y funda con Eduardo Ugarte el teatro universitario ambulante La Barraca. Conferencia y lectura
de poemas de Poeta en Nueva York en la Residencia de Señoritas, de Madrid.1932 Conferencias en Valladolid, Sevilla, Salamanca,
La Coruña, San Sebastián y Barcelona. Escribe Bodas de Sangre. Exposición de dibujos en el Ateneo Popular de Huelva. Primera
salida de La Barraca que representa obras del teatro clásico español en varios pueblos de la península.
1933-1936
1933 Estreno de Bodas de Sangre en el teatro Beatriz de Madrid, y de Amor de Don Perlimplín en el español. Se publica
en Méjico la Oda de Walt Whitman.1933-1934 Triunfal estancia en Argentina y Uruguay. En Buenos Aires da conferencias y asiste
a las clamorosas representaciones de Mariana Pineda, Bodas de Sangre y la Zapatera prodigiosa. Conoce a Pablo Neruda.
Bodas de Sangre alcanza un gran éxito, sobrepasando las cien representaciones. Estancia en Montevideo donde pronuncia varias
conferencias. Regresa a España en el mes de Mayo. Muere en la plaza de toros de Manzanares, Cuidad Real, su amigo el toreo
Ignacio Sánchez Mejías. Continúan las representaciones de La Barraca. Pasa a limpio el original de Diván del Tamarit. Estreno
triunfal de Yerma en Madrid por la compañía de Margarita Xirgu.1935 Publica el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Trabaja
en Doña Rosita la Soltera o el Lenguaje de las Flores. Estancia en Barcelona, donde da conferencias y asiste a las representaciones
de Yerma y Bodas de sangre. Estrena Doña Rosita la Soltera y trabaja en los Sonetos. La compañía de Lola Membrives estrena
La Zapatera prodigiosaen el teatro Coliseum de Madrid.1936 Publica Primeras Canciones. Concluye La Casa de Bernarda Alba,
que no se representa hasta 1945 en Buenos Aires. participa en un homenaje a Luis Cernuda. 13 de julio: sale de Madrid hacia
Granada. 18 de julio. Alzamiento militar contra el Gobierno de la República. 16 de agosto: es detenido. 19 de agosto: Federico
García Lorca es asesinado en Víznar (Granada). Deja inédita e inconclusa una numerosa obra.
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Breve Selección de Poemas;
GRANADA
Granada, calle de Elvira, donde
viven las manolas, las que se van a la Alhambra, las tres y las cuatro solas. Una vestida de verde, otra
de malva, y la otra, un corselete escocés con cintas hasta la cola.
Las que van delante, garzas la
que va detrás, paloma, abren por las alamedas muselinas misteriosas. ¡Ay, qué oscura está la Alhambra! ¿Adónde
irán las manolas mientras sufren en la umbría el surtidor y la rosa?
¿Qué galanes las esperan? ¿Bajo
qué mirto reposan? ¿Qué manos roban perfumes a sus dos flores redondas?
Nadie va con ellas,
nadie; dos garzas y una paloma. Pero en el mundo hay galanes que se tapan con las hojas. La
catedral ha dejado bronces que la brisa toma; El Genil duerme a sus bueyes y el Dauro a sus mariposas.
La
noche viene cargada con sus colinas de sombra; una enseña los zapatos entre volantes de blonda; la
mayor abre sus ojos y la menor los entorna.
¿Quién serán aquellas tres de alto pecho y larga
cola? ¿Por qué agitan los pañuelos? ¿Adónde irán a estas horas? Granada, calle de Elvira, donde
viven las manolas, las que se van a la Alhambra, las tres y las cuatro solas.
LLUVIA
La lluvia tiene
un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable, una música humilde se despierta con ella que hace
vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra, el mito primitivo que vuelve a
realizarse. El contacto ya frío de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecer constante.
Es
la aurora del fruto. La que nos trae las flores y nos unge de espíritu santo de los mares. La que derrama vida sobre
las sementeras y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida, el
fatal sentimiento de haber nacido tarde, o la ilusión inquieta de un mañana imposible con la inquietud cercana del color
de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo, nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre, pero
nuestro optimismo se convierte en tristeza al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas:
ojos de infinito que miran al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal
turbio y le dejan divinas heridas de diamante. Son poetas del agua que han visto y que meditan lo que la muchedumbre
de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos, lluvia mansa y serena de esquila y luz
suave, lluvia buena y pacifica que eres la verdadera, la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh
lluvia franciscana que llevas a tus gotas almas de fuentes claras y humildes manantiales! Cuando sobre los campos desciendes
lentamente las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio y la historia
sonora que cuentas al ramaje los comenta llorando mi corazón desierto en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi
alma tiene tristeza de la lluvia serena, tristeza resignada de cosa irrealizable, tengo en el horizonte un lucero encendido y
el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman y eres sobre el
piano dulzura emocionante; das al alma las mismas nieblas y resonancias que pones en el alma dormida del paisaje!
CANCION
OTOÑAL
Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas, pero mi senda se pierde en el alma
de la niebla. La luz me troncha las alas y el dolor de mi tristeza va mojando los recuerdos en la fuente de la
idea.
Todas las rosas son blancas, tan blancas como mi pena, y no son las rosas blancas, que ha nevado
sobre ellas. Antes tuvieron el iris. También sobre el alma nieva. La nieve del alma tiene copos de besos y escenas que
se hundieron en la sombra o en la luz del que las piensa.
La nieve cae de las rosas, pero la del alma queda, y
la garra de los años hace un sudario con ellas.
¿Se deshelará la nieve cuando la muerte nos lleva? ¿O
después habrá otra nieve y otras rosas más perfectas? ¿Será la paz con nosotros como Cristo nos enseña? ¿O nunca
será posible la solución del problema?
¿Y si el amor nos engaña? ¿Quién la vida nos alienta si el crepúsculo
nos hunde en la verdadera ciencia del Bien que quizá no exista, y del Mal que late cerca?
¿Si la esperanza
se apaga y la Babel se comienza, qué antorcha iluminará los caminos en la Tierra?
¿Si el azul es un
ensueño, qué será de la inocencia? ¿Qué será del corazón si el Amor no tiene flechas?
¿Y si la muerte
es la muerte, qué será de los poetas y de las cosas dormidas que ya nadie las recuerda? ¡Oh sol de las esperanzas! ¡Agua
clara! ¡Luna nueva! ¡Corazones de los niños! ¡Almas rudas de las piedras! Hoy siento en el corazón un vago temblor
de estrellas y todas las rosas son tan blancas como mi pena.
ELEGIA A DOÑA JUANA LA LOCA A Melchor Fernández Almagro
Princesa enamorada sin ser correspondida. Clavel
rojo en un valle profundo y desolado. La tumba que te guarda rezuma tu tristeza a través de los ojos que ha abierto
sobre el mármol.
Eras una paloma con alma gigantesca cuyo nido fue sangre del suelo castellano, derramaste
tu fuego sobre un cáliz de nieve y al querer alentarlo tus alas se troncharon.
Soñabas que tu amor fuera como
el infante que te sigue sumiso recogiendo tu manto. Y en vez de flores, versos y collares de perlas, te dio la Muerte
rosas marchitas en un ramo.
Tenías en el pecho la formidable aurora de Isabel de Segura. Melibea. Tu canto, como
alondra que mira quebrarse el horizonte, se torna de repente monótono y amargo.
Y tu grito estremece los cimientos
de Burgos. Y oprime la salmodia del coro cartujano. Y choca con los ecos de las lentas campanas perdiéndose en la
sombra tembloroso y rasgado.
Tenías la pasión que da el cielo de España. La pasión del puñal, de la ojera
y el llanto. ¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo, con la rueca de hierro y de acero lo hilado!
Nunca
tuviste el nido, ni el madrigal doliente, ni el laúd juglaresco que solloza lejano. Tu juglar fue un mancebo con escamas
de plata y un eco de trompeta su acento enamorado.
Y, sin embargo, estabas para el amor formada, hecha
para el suspiro, el mimo y el desmayo, para llorar tristeza sobre el pecho querido deshojando una rosa de olor entre
los labios.
Para mirar la luna bordada sobre el río y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño y mirar
los eternos jardines de la sombra, ¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!
¿Tienes los ojos negros
abiertos a la luz? O se enredan serpientes a tus senos exhaustos... ¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos? ¿Dónde
fue la tristeza de tu amor desgraciado?
En el cofre de plomo, dentro de tu esqueleto, tendrás el corazón partido
en mil pedazos. Y Granada te guarda como santa reliquia, ¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!
Eloisa
y Julieta fueron dos margaritas, pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado que vino de la tierra dorada de Castilla a
dormir entre nieve y ciprerales castos.
Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana, los cipreses, tus cirios;
la sierra, tu retablo. Un retablo de nieve que mitigue tus ansias, ¡con el agua que pasa junto a ti! ¡La del Dauro!
Granada
era tu lecho de muerte, Doña Juana, la de las torres viejas y del jardín callado, la de la yedra muerta sobre los muros
rojos, la de la niebla azul y el arrayán romántico.
Princesa enamorada y mal correspondida. Clavel rojo
en un valle profundo y desolado. La tumba que te guarda rezuma tu tristeza a través de los ojos que ha abierto sobre
el mármol.
SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR
Yo pronuncio tu nombre en las noches oscuras, cuando vienen los astros a beber
en la luna y duermen los ramajes de las frondas ocultas. Y yo me siento hueco de pasión y de música. Loco reloj
que canta muertas horas antiguas.
Yo pronuncio tu nombre, en esta noche oscura, y tu nombre me suena más
lejano que nunca. Más lejano que todas las estrellas y más doliente que la mansa lluvia.
¿Te querré como
entonces alguna vez? ¿Qué culpa tiene mi corazón? Si la niebla se esfuma, ¿qué otra pasión me espera? ¿Será
tranquila y pura? ¡¡Si mis dedos pudieran deshojar a la luna!!
EL CANTO DE LA MIEL La
miel es la palabra de Cristo, el oro derretido de su amor. El más allá del néctar, la momia de la luz del paraíso.
La
colmena es una estrella casta, pozo de ámbar que alimenta el ritmo de las abejas. Seno de los campos tembloroso de
aromas y zumbidos.
La miel es la epopeya del amor, la materialidad de lo infinito. Alma y sangre doliente
de las flores condensada a través de otro espíritu.
(Así la miel del hombre es la poesía que mana de su
pecho dolorido, de un panal con la cera del recuerdo formado por la abeja de lo íntimo)
La miel es la bucólica
lejana del pastor, la dulzaina y el olivo, hermana de la leche y las bellotas, reinas supremas del dorado siglo.
La
miel es como el sol de la mañana, tiene toda la gracia del estío y la frescura vieja del otoño. Es la hoja marchita
y es el trigo.
¡Oh divino licor de la humildad, sereno como un verso primitivo!
La armonía hecha
carne tú eres, el resumen genial de lo lírico. En ti duerme la melancolía, el secreto del beso y del grito.
Dulcísima.
Dulce. Este es tu adjetivo. Dulce como los vientres de las hembras. Dulce como los ojos de los niños. Dulce como
las sombras de la noche. Dulce como una voz. O como un lirio.
Para el que lleva la pena y la lira, eres
sol que ilumina el camino. Equivales a todas las bellezas, al color, a la luz, a los sonidos.
¡Oh! Divino
licor de la esperanza, donde a la perfección del equilibrio llegan alma y materia en unidad como en la hostia cuerpo
y luz de Cristo.
Y el alma superior es de las flores, ¡Oh licor que esas almas has unido! El que te gusta
no sabe que traga un resumen dorado del lirismo.
ELEGÍA
Como un incensario lleno de deseos, pasas en la tarde luminosa y clara con
la carne oscura de nardo marchito y el sexo potente sobre tu mirada.
Llevas en la boca tu melancolía de
pureza muerta, y en la dionisíaca copa de tu vientre la araña que teje el velo infecundo que cubre la entraña nunca
florecida con las vivas rosas fruto de los besos.
En tus manos blancas llevas la madeja de tus ilusiones, muertas
para siempre, y sobre tu alma la pasión hambrienta de besos de fuego y tu amor de madre que sueña lejanas visiones
de cunas en ambientes quietos, hilando en los labios lo azul de la nana.
Como Ceres dieras tus espigas de
oro si el amor dormido tu cuerpo tocara, y como la virgen María pudieras brotar de tus senos otra vía láctea.
Te
marchitarás como la magnolia. Nadie besará tus muslos de brasa. Ni a tu cabellera llegarán los dedos que la pulsen
como las cuerdas de un arpa.
¡Oh mujer potente de ébano y de nardo! cuyo aliento tiene blancor de biznagas. Venus
del mantón de Manila que sabe del vino de Málaga y de la guitarra.
¡Oh cisne moreno! cuyo lago tiene lotos
de saetas, olas de naranjas y espumas de rojos claveles que aroman los niños marchitos que hay bajo sus alas.
Nadie
te fecunda. Mártir andaluza, tus besos debieron ser bajo una parra plenos del silencio que tiene la noche y del ritmo
turbio del agua estancada.
Pero tus ojeras se van agrandando y tu pelo negro va siendo de plata; tus senos
resbalan escanciando aromas y empieza a curvarse tu espléndida espalda.
¡Oh mujer esbelta, maternal y ardiente! Virgen
dolorosa que tiene clavadas todas las estrellas del cielo profundo en su corazón ya sin esperanza.
Eres
el espejo de una Andalucía que sufre pasiones gigantes y calla, pasiones mecidas por los abanicos y por las mantillas
sobre las gargantas que tienen temblores de sangre, de nieve, y arañazos rojos hechos por miradas.
Te vas
por la niebla del otoño, virgen como Inés, Cecilia, y la dulce Clara, siendo una bacante que hubiera danzado de pámpanos
verdes y vid coronada.
La tristeza inmensa que flota en tus ojos nos dice tu vida rota y fracasada, la
monotonía de tu ambiente pobre viendo pasar gente desde tu ventana, oyendo la lluvia sobre la amargura que tiene
la vieja calle provinciana, mientras que a lo lejos suenan los clamores turbios y confusos de unas campanadas.
Mas
en vano escuchaste los acentos del aire. Nunca llegó a tus oídos la dulce serenata. Detrás de tus cristales aún miras
anhelante. ¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma al sentir en el pecho ya cansado y exhausto la pasión
de una niña recién enamorada!
Tu cuerpo irá a la tumba intacto de emociones. Sobre la oscura tierra brotará
una alborada. De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos y de tus senos, rosas como la nieve blancas. Pero tu gran
tristeza se irá con las estrellas, como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas.
ALBA
Mi
corazón oprimido siente junto a la alborada el dolor de sus amores y el sueño de las distancias. La luz de la
aurora lleva semillero de nostalgias y la tristeza sin ojos de la médula del alma. La gran tumba de la noche su
negro velo levanta para ocultar con el día la inmensa cumbre estrellada.
¡Qué haré yo sobre estos campos cogiendo
nidos y ramas, rodeado de la aurora y llena de noche el alma! ¡Qué haré si tienes tus ojos muertos a las luces
claras y no ha de sentir mi carne el calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre en aquella
tarde clara? Hoy mi pecho está reseco como una estrella apagada.
INVOCACION AL LAUREL A Pepe Cienfuegos
Por el horizonte confuso y doliente venía la noche preñada
de estrellas. Yo, como el barbudo mago de los cuentos, sabía el lenguaje de flores y piedras.
Aprendí secretos
de melancolía, dichos por cipreses, ortigas y yedras; supe del ensueño por boca del nardo, canté con los lirios canciones
serenas.
En el bosque antiguo, lleno de negrura, todos me mostraban sus almas cual eran: el pinar, borracho
de aroma y sonido; los olivos viejos, cargados de ciencia; los álamos muertos, nidales de hormigas; el musgo, nevado
de blancas violetas.
Todo hablaba dulce a mi corazón temblando en los hilos de sonora seda con que el agua
envuelve las cosas paradas como telaraña de armonía eterna.
Las rosas estaban soñando en la lira, tejen
las encinas oros de leyendas, y entre la tristeza viril de los robles dicen los enebros temores de aldea.
Yo
comprendo toda la pasión del bosque: ritmo de la hoja, ritmo de la estrella. Mas decidme, ¡oh cedros!, si mi corazón dormirá
en los brazos de la luz perfecta.
Conozco la lira que presientes, rosa: formé su cordaje con mi vida muerta. ¡Dime
en qué remanso podré abandonarla como se abandonan las pasiones viejas!
¡Conozco el misterio que cantas, ciprés; soy
hermano tuyo en noche y en pena; tenemos la entraña cuajada de nidos, tú de ruiseñores y yo de tristezas!
¡Conozco
tu encanto sin fin, padre olivo, al darnos la sangre que extraes de la Tierra, como tú, yo extraigo con mi sentimiento el
óleo bendito que tiene la idea!
Todos me abrumáis con vuestras canciones; yo sólo os pregunto por la mía incierta; ninguno
queréis sofocar las ansias de este fuego casto que el pecho me quema.
¡Oh laurel divino, de alma inaccesible, siempre
silencioso, lleno de nobleza! ¡Vierte en mis oídos tu historia divina, tu sabiduría profunda y sincera!
¡Árbol
que produces frutos de silencio, maestro de besos y mago de orquestas, formado del cuerpo rosado de Dafne con savia
potente de Apolo en tus venas!
¡Oh gran sacerdote del saber antiguo! ¡Oh mudo solemne cerrado a las quejas! Todos
tus hermanos del bosque me hablan; ¡sólo tú, severo, mi canción desprecias!
Acaso, ¡oh maestro del ritmo!,
medites lo inútil del triste llorar del poeta. Acaso tus hojas, manchadas de luna, pierdan la ilusión de la primavera.
La
dulzura tenue del anochecer, cual negro rocío, tapizó la senda, teniendo de inmenso dosel a la noche, que venía grave,
preñada de estrellas.
NOCTURNO DEL HUECO
Para ver que todo se ha ido, para
ver los huecos y los vestidos, ¡dame tu guante de luna, tu otro guante perdido en la hierba, amor mío!
Puede
el aire arrancar los caracoles muertos sobre el pulmón del elefante y soplar los gusanos ateridos de
las yemas de luz o las manzanas.
Los rostros bogan impasibles bajo el diminuto griterío de las yerbas y
en el rincón está el pechito de la rana turbio de corazón y mandolina.
En la gran plaza desierta mugía
la bovina cabeza recién cortada y eran duro cristal definitivo las formas que buscaban el giro de la sierpe.
Para
ver que todo se ha ido dame tu mudo hueco, ¡amor mío! Nostalgia de academia y cielo triste. ¡Para
ver que todo se ha ido!
Dentro de ti, amor mío, por tu carne, ¡qué silencio de trenes bocarriba! ¡cuánto
brazo de momia florecido! ¡qué cielo sin salida, amor, qué cielo!
Es la piedra en el agua y es la voz en la
brisa bordes de amor que escapan de su tronco sangrante. Basta tocar el pulso de nuestro amor presente para
que broten flores sobre los otros niños.
Para ver que todo se ha ido. Para ver los huecos de nubes y ríos. Dame
tus manos de laurel, amor. ¡Para ver que todo se ha ido!
Ruedan los huecos puros, por mí, por ti, en el alba conservando
las huellas de las ramas de sangre y algún perfil de yeso tranquilo que dibuja instantáneo dolor de luna
apuntillada.
Mira formas concretas que buscan su vacío. Perros equivocados y manzanas mordidas. Mira
el ansia, la angustia de un triste mundo fósil que no encuentra el acento de su primer sollozo.
Cuando busco
en la cama los rumores del hilo has venido, amor mío, a cubrir mi tejado. El hueco de una hormiga puede
llenar el aire, pero tú vas gimiendo sin norte por mis ojos.
No, por mis ojos no, que ahora me enseñas cuatro
ríos ceñidos en tu brazo, en la dura barraca donde la luna prisionera devora a un marinero delante de los
niños.
Para ver que todo se ha ido ¡amor inexpugnable, amor huido! No, no me des tu hueco, ¡que
ya va por el aire el mío! ¡Ay de ti, ay de mí, de la brisa! Para ver que todo se ha ido.
II
Yo. Con
el hueco blanquísimo de un caballo, crines de ceniza. Plaza pura y doblada.
Yo. Mi hueco traspasado
con las axilas rotas. Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada.
Toda la luz del mundo cabe dentro de
un ojo. Canta el gallo y su canto dura más que sus alas.
Yo. Con el hueco blanquísimo de un caballo. Rodeado de
espectadores que tienen hormigas en las palabras.
En el circo del frío sin perfil mutilado. Por los capiteles
rotos de las mejillas desangradas.
Yo. Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen. Ecuestre
por mi vida definitivamente anclada.
Yo. No hay siglo nuevo ni luz reciente. Sólo un caballo azul y una
madrugada.
CUERPO PRESENTE
La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni
cipreses helados. La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
Yo
he visto lluvias grises correr hacia las olas, levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas
por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre.
Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos
de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras
plazas sin muros.
Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura: la
muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.
Ya se acabó. La lluvia
penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se
calienta en la cumbre de las ganaderías.
¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo
presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llénarse de agujeros sin fondo.
¿Quién
arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas,
ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso.
Yo
quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les
suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales.
Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante
de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen dónde está la salida para este capitán atado
por la muerte.
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para
llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros.
Que se pierda en
la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto
de los peces y en la maleza blanca del humo congelado.
No quiero que le tapen la cara con pañuelos para
que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela,
reposa: ¡También se muere el mar!
ALMA AUSENTE
No te conoce el
toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde porque
te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra, ni el rasgo negro donde te destrozas. No
te conoce tu recuerdo mudo porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas, uva
de niebla y montes agrupados, pero nadie querrá mirar tus ojos porque to has muerto para siempre.
Porque,
to has muerto para siempre como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en
un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto. Yo canto para luego tu perfil y tu
gracia. La madurez insigne de tu conocimiento. Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca. La
tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro,
tan rico de aventura. Yo canto su elegancia con palabras que gimen y recuerdo una brisa triste por los ollvos.
BALADILLA
E LOS TRES RIOS A Salvador Quintero
El río
Guadalquivir va entre naranjos y olivos Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor, que
se fue y no vino!
El río Guadalquivir tiene las barbas granates. Los dos ríos de Granada uno llanto
y otro sangre.
¡Ay, amor, que se fue por el aire!
Para los barcos de vela, Sevilla tiene un
camino; por el agua de Granada sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor, que se fue y no vino!
Guadalquivir,
alta torre y viento en los naranjales. Dauro y Genil, torrecillas muertas sobre los estanques.
¡Ay,
amor, que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva un fuego fatuo de gritos!
¡Ay,
amor, que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas, Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor, que
se fue por el aire!
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