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Breve Selección de Poemas;
La niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala, Contar este cuento en flor: La niña de Guatemala, La que se murió de amor.
Eran de lirios los ramos, Y
las orlas de reseda Y de jazmín:
la enterramos
En una caja de seda.
...Ella dio al desmemoriado Una almohadilla de olor: El volvió, volvió casado: Ella
se murió de amor.
Iban cargándola
en andas
Obispos y embajadores: Detrás iba el pueblo en tandas, Todo cargado de flores.
...Ella, por volverlo a ver, Salió a verlo al mirador: El volvió con su mujer: Ella
se murió de amor.
Como de bronce
candente
Al beso de despedida Era su frente ¡la frente Que más he amado en mi vida!
...Se entró de tarde en el río, La
sacó muerta el doctor: Dicen que murió
de frío:
Yo sé que murió de amor.
Allí, en la bóveda helada, La pusieron en dos bancos: Besé su mano afilada, Besé
sus zapatos blancos.
Callado,
al oscurecer,
Me llamó el enterrador: ¡Nunca más he vuelto a ver A la que murió de amor!
Cultivo una rosa blanca
Cultivo una rosa
blanca En Junio como en Enero, Para el amigo sincero, Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca El corazón con que vivo, Cardo ni ortiga cultivo cultivo
una rosa blanca.
Versos sencillos
Yo soy un hombre sincero De donde crece la palma. Y antes de morirme quiero Echar mis versos
del alma. Yo vengo de todas partes, Y hacia todas partes voy: Arte soy entre las artes, En
los montes, monte soy. Yo sé los nombres extraños De las yerbas y las flores, Y de mortales engaños, Y
de sublimes dolores. Yo he visto en la noche oscura Llover sobre mi cabeza Los rayos de lumbre pura De la divina belleza. Alas
nacer vi en los hombros De las mujeres hermosas: Y salir de los escombros Volando las mariposas. He visto vivir
a un hombre Con el puñal al costado, Sin decir jamás el nombre De aquella que lo ha
matado. Rápida, como un reflejo, Dos veces vi el alma, dos: Cuando murió el pobre
viejo, Cuando ella me dijo adiós. Temblé una vez –en la reja, A la entrada de
la viña.— Cuando la bárbara abeja Picó en la frente a mi niña. Gocé una vez, de tal suerte Que gocé cual nunca:
--cuando La sentencia de mi muerte Leyó el alcalde llorando. Oigo
un suspiro, a través De las tierras y la mar, Y no es un suspiro, --es Que mi hijo va a despertar. Si dicen que del
joyero Tome la joya mejor Tomo a un amigo sincero Y pongo a un lado el amor. Yo he visto al águila
herida Volar al azul sereno, Y morir en su guarida La víbora del veneno. Yo sé bien que cuando el mundo Cede, lívido, al
descanso, Sobre el silencio profundo Murmura el arroyo manso. Yo he puesto la mano osada De horror y júbilo
yerta, Sobre la estrella apagada Que cayó frente a mi puerta. Oculto en mi pecho bravo La
pena que me lo hiere: El hijo de un pueblo esclavo Vive por él, calla, y muere. Todo es hermoso y constante, Todo
es música y razón, Y todo, como el diamante, Antes que luz es carbón. Yo sé que el necio se
entierra Con gran lujo y con gran llanto,-- Y que no hay fruta en la tierra Como la del camposanto. Callo,
y entiendo, y me quito La pompa del rimador: Cuelgo de un árbol marchito Mi muceta de doctor.
V
Si
ves un monte de espumas, Es mi verso lo que ves: Mi verso es un monte, y es Un
abanico de plumas. Mi verso es como un puñal Que por el puño echa flor: Mi
verso es un surtidor Que da un agua de coral. Mi verso es de un verde claro Y
de un carmín encendido: Mi verso es un ciervo herido Que busca en el monte amparo. Mi
verso al valiente agrada: Mi verso, breve y sincero, Es del vigor del acero Con
que se funde la espada.
X
El alma trémula y sola Padece al anochecer: Hay
baile; vamos a ver La bailarina española. Han hecho bien en quitar El
banderón de la acera; Porque si está la bandera, No sé, yo no puedo entrar. Ya
llega la bailarina: Soberbia y pálida llega: ¿Cómo dicen que es gallega? Pues
dicen mal: es divina. Lleva un sombrero torero Y una capa carmesí: ¡Lo
mismo que un alelí! Que se pusiese un sombrero! Se ve, de paso, la ceja, Ceja
de mora traidora: Y la mirada, de mora: Y como nieve la oreja. Preludian,
bajan la luz, Y sale en bata y mantón, La virgen de la Asunción Bailando
un baile andaluz. Alza, retando, la frente; Crúzase al hombre la manta: En
arco el brazo levanta: Mueve despacio el pie ardiente. Repica con los tacones El
tablado zalamera, Como si la tabla fuera Tablado de corazones. Y
va el convite creciendo En las llamas de los ojos, Y el manto de flecos rojos Se
va en el aire meciendo. Súbito, de un salto arranca: Húrtase, se quiebra, gira: Abre
en dos la cachemira, Ofrece la bata blanca. El cuerpo cede y ondea; La
boca abierta provoca; Es un rosa la boca: Lentamente taconea. Recoge,
de un débil giro, El manto de flecos rojos: Se va, cerrando los ojos, Se
va, como en un suspiro... Baila muy bien la española; Es blanco y rojo el mantón: ¡Vuelve,
fosca a su rincón, El alma trémula y sola!
XI
Yo
tengo un paje muy fiel Que me cuida y que me gruñe, Y al salir, me limpia y bruñe Mi
corona de laurel. Yo tengo un paje ejemplar Que no come, que no duerme, Y
que se acurruca a verme Trabajar, y sollozar. Salgo, y el vil se desliza Y
en mi bolsillo aparece; Vuelvo, y el terco me ofrece Una taza de ceniza. Si
duermo, al rayar el día Se sienta junto a mi cama: Si escribo, sangre derrama Mi
paje en la escribanía. Mi paje, hombre de respeto, Al andar castañetea: Hiela
mi paje, y chispea: Mi paje es un esqueleto.
XVIII
Es
rubia: el cabello suelto Da más luz al ojo moro: Voy, desde entonces, envuelto En
un torbellino de oro. La abeja estival que zumba Más ágil por la flor nueva, No
dice, como antes, "tumba": "Eva" dice: todo es "Eva". Bajo, en lo oscuro, al temido Raudal
de la catarata: ¡Y brilla el iris, tendido Sobre las hojas de plata! Miro,
ceñudo, la agreste Pompa del monte irritado; ¡Y en el alma azul celeste Brota
un jacinto rosado! Voy, por el bosque, a paseo A la laguna vecina: Y
entre las ramas la veo, Y por el agua camina. La serpiente del jardín Silva,
escupe, y se resbala Por su agujero: el clarín Me tiende, trinando, el ala. ¡Arpa
soy, salterio soy Donde vibra el Universo: Vengo del sol, y al sol voy: Soy
el amor: soy el verso!
XII
Estoy
en el baile extraño De polaina y casaquín Que dan, del año hacia el fin, Los
cazadores del año. Una duquesa violeta Va con un frac colorado: Marca
un vizconde pintado El tiempo en la pandereta. Y pasan las chupas rojas; Pasan
los tules de fuego, Como delante de un ciego Pasan volando las hojas.
XLV
Sueño
con claustros de mármol Donde en silencio divino Los héroes, de pie, reposan: ¡De
noche, a la luz del alma, Hablo con ellos: de noche! Están en fila: paseo Entre
las filas: las manos De piedra les beso: abren Los ojos de piedra: mueven Los
labios de piedra: tiemblan Las barbas de piedra: empuñan La espada de piedra: lloran: ¡Vibra
la espada en la vaina!: Mudo, les beso la mano. Hablo con ellos, de noche! Están
en fila: paseo Entre las filas: lloroso Me abrazo a un mármol: "Oh mármol, Dicen
que beben tus hijos Su propia sangre en las copas Venenosas de sus dueños! Que
hablan la lengua podrida De sus rufianes! que comen Juntos el pan del oprobio, En
la mesa ensangrentada!! Que pierden en lengua inútil El último fuego!: ¡dicen, Oh
mármol, mármol dormido, Que ya se ha muerto tu raza!" Échame en tierra de un bote El
héroe que abrazo: me ase Del cuello: barre la tierra Con mi cabeza: levanta El
brazo, ¡el brazo le luce Lo mismo que un sol!: resuena La piedra: buscan el cinto Las
manos blancas: del soclo Saltan los hombres de mármol!
XLVI
Vierte,
corazón, tu pena Donde no se llegue a ver, Por soberbia, y por no ser Motivo
de pena ajena. Yo te quiero, verso amigo, Porque cuando siento el pecho Ya
muy cargado y deshecho, Parto la carga contigo. Tú me sufres, tú aposentas En
tu regazo amoroso, Todo mi ardor doloroso, Todas mis ansias y afrentas. Tú,
porque yo pueda en calma Amar y hacer bien, consientes En enturbiar tus corrientes En
cuanto me agobia el alma. Tú, porque yo cruce fiero La tierra, y sin odio, y puro, Te
arrastras, pálido y duro, Mi amoroso compañero. Mi vida así se encamina Al
cielo limpia y serena, Y tú me cargas mi pena Con tu paciencia divina. Y
porque mi cruel costumbre De echarme en ti te desvía De tu dichosa armonía Y
natural mansedumbre; Porque mis penas arrojo Sobre tu seno, y lo azotan, Y
tu corriente alborotan, Y acá lívido, allá rojo, Blanco allá como la muerte, Ora
arremetes y ruges, Ora con el peso crujes De un dolor más que tú fuerte. ¿Habré,
como me aconseja Un corazón mal nacido, De dejar en el olvido A
aquel que nunca deja? ¡Verso, nos hablan de un Dios A donde van los difuntos: Verso,
o nos condenan juntos, O nos salvamos los dos!
Homomagno
Homomagno sin ventura La
hirsuta y retostada cabellera Con sus pálidas manos se mesaba. "Máscara soy, mentira soy, decía; Estas carnes y
formas, estas barbas Y rostro, estas memorias de la bestia, Que como silla a lomo de caballo Sobre el alma oprimida
echan y ajustan, Por el rayo de luz que el alma mía En la sombra entrevé, - no son Homomagno! Mis
ojos sólo; los mis caros ojos, Que me revelan mi disfraz, son míos: Queman, me queman, nuca duermen, oran, Y en mi rostro
los siento y en el cielo, Y le cuentan de mí, y a mí de él cuentan. Por qué, por qué, para cargar en ellos Un grano ruin de
alpiste mal trojado Talló el Creador mis colosales hombros? Ando, pregunto, ruinas y cimientos Vuelco y sacudo,
a delirantes sorbos En la Creación, la madre de mil pechos, Las fuentes todas de la visa aspiro: Muerdo, atormento,
beso las calladas Manos de piedra que glpeo. Con demencia amorosa su invisible Cabeza con las
secas manos mías Acaricio y destrenzo: por la tierra Me tiendo compungido y los confusos Pies, con mi llanto
baño y con kis besos. Y en medio de la noche, palpitante, Con mis voraces ojos en el cráneo Y en sus órbitas
anchas encendidos, Trémulo, en mí plegado, hambriento espero, Por si al próximo sol respuestas vienen; Y a cada nueva
luz –de igual enjuto Modo, y ruin, la vida me aparece, Como gota de leche que en cansado Pezón, al terco
ordeño, titubea,- Como carga de hormiga,- como taza De agua añeja en la jaula de un jilguero.-" Remordidas
y rotas, ramos de uvas Estrujadas y negras, las ardientes Manos del triste Homomagno parecían! Y la
tierra en silencio, y una hermosa Voz de mi corazón, me contestaron. Yugo
y Estrella
Cuando nací, sin sol, mi madre dijo: -Flor de mi seno,
Homomagno generoso, De mí y de la creación suma y reflejo, Pez que en ave y corcel y hombre se torna, Mira estas dos,
que con dolor te brindo, Insignias de la vida: ve y escoge. Este, es unyugo: quien lo acepta, goza: Hace de manso buey,
y como presta Servicio a los eñores, duerme en paja Calente, y tiene rica y ancha avena. Ésta, oh misterio
que de mí naciste Cual la cumbre nació de la montaña, Ésta, que alumbra y mata, es una estrella: Como que riega
luz, los pecadores Huyen de quien la lleva, y en la vida, Cual un monstruo de crímenes cargado, Todo el que lleva
luz se queda solo. Pero el hombre que al buey sin pena imita, Buey vuelve a ser, y en apagado bruto La escala universal
de nuevo empieza. El que la estrella sin temor se ciñe, Como que crea, crece! Cuando al mundo De su copa el licor
vació ya el vivo: Cuando, para manjar de la sangrienta Fiesta humana, sacó contento y grave Su propio corazón:
cuando a los vientos De Norte y Sur virtió su voz sagrada,- La estrella como un manto, en luz lo envuelve Se enciende, como
a fiesta, el aire claro, Y el vivo que a vivir no tuvo miedo, Se oye que un paso más sube en la sombra! Dame el yugo, oh
mi madre, de manera Que el puesto en él de pie, luzca en mi frente Mejor la estrella que ilumina y mata.
Amor
de Ciudad Grande
De gorja son y rapidez los tiempos. Corre cual luz la voz; en lata
aguja, Cual nave despeñada en sirte horrenda, Húndese el rayo, y en ligera barca El
hombre, como alado, el aire hiende. ¿Así el amor, sin pompa ni misterio Muere, apenas nacido., de saciado! Jaula
es la villa de palomas muertas Y ávidos cazadores! Si los pechos Se rompen de los hombres, y las
carnes Rotas por tierra ruedan, no han de verse Dentro más que frutillas estrujadas! Se
ama de pie, en las calles, entre el polvo De los salones y als plazas; muere La flor que nace. Aquella virgen Trémula
que antes a la muerte daba La mano pura que a ignorado mozo; El goce de temer: aquel salirse Del
pecho el corazón; el inefable Placer de merecer; el grato susto De caminar deprisa en derechura Del
hogar de la amada, y a sus puertas Como un niño feliz romper en llanto;- Y aquel mirar, de nuestro amor
al fuego, Irse tiñiendo de color las rosas,- Ea, que son patrañas! Pues ¿quién
tiene Tiempo
de ser hidalgo? Bien que sienta Cual áureo vaso o lienzo suntuoso, Dama gentil en casa de magnate! O
si se tiene sed, se alarga el brazo Y a la copa que pasa se la apura! Luego, la copa turbia al polvo
rueda, Y el hábil catador, - manchado el pecho De una sangre invisible,- sigue
alegre, Coronado de mirtos, su camino! No son los cuerpos ya sino desechos,
Y
fosas, y jirones! Y las almas No son como en el árbol fruta rica En cuya blanda piel la almíbar
dulce En
su sazón de maduresz rebosa,- Sino fruta de plaza que a brutales Golpes el rudo labradoe madura! ¿La
edad es ésta de los labios secos! De las noches sin sueño! De la vida Estrujada en agraz! ¿Qué es lo
que falta Que la ventura falta? Como liebre Azorada, el espíritu se esconde, Trémulo
huyendo al cazador que ríe, Cual en soto selvoso, en nuestro pecho; Y el deseo, de brazo de la fiebre, Cual
rico cazador recorre el soto. ¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena De copas por vaciar, o huecas
copas! ¡Tengo miedo ¡ay de mí! De que este vino Tósigo sea, y en mis venas luego Cual
duende vengador los dientes clave! ¡Tengo sed,- más de un vino que en la tierra No
se sabe beber! ¡No he padecido Bastante aún, para romper el muro Que me aparta ¡oh dolor! De mi
viñedo! ¡Tomad vosotros, catadores ruines De vinillos humanos, esos vasos Donde
el jugo de lirio a grandes sorbos Sin compasión y sin temor se bebe! Tomad! Yo soy honrado: y tengo
miedo!
Príncipe enano Para
un príncipe enano !Venga mi caballero Se hace esta fiesta. Por esta senda! Tiene guedejas rubias, !Entrese mi tirano
Blandas guedejas; Por esta cueva! Por sobre el hombro blanco Tal es, cuando a mis ojos Luengas le cuelgan. Su imagen
llega, Sus dos ojos parecen Cual si en lóbrego antro Estrellas negras: Pálida estrella !Vuelan, brillan, palpitan,
Con fulgores de ópalo Relampaguean! Todo vistiera. El para mí es corona, A su paso la sombra Almohada, espuela.
Matices muestra, Mi mano, que así embrida Como al sol que las hiere Potros y hienas, Las nubes negras. Va, mansa
y obediente, !Heme ya , puesto en armas, Donde él la lleva. En la pelea! Si el ceño frunce, temo; Quiere el príncipe
enano Si se me queja,- Que a luchar vuelva: Cual de mujer, mi rostro !El para mí es corona, Nieve se trueca: Almohada,
espuela! Su sangre, pues, anima Y como el sol, quebrando Mis flacas venas: Las nubes negras, !Con su gozo mi sangre
En banda de colores Se hincha, o se seca! La sombra trueca,- Para un príncipe enano El, al tocarla, borda Se hace
esta fiesta. En la onda espesa, Mi banda de batalla !Entrese mi tirano Roja y violeta. Por esta cueva! ¿Con que
mi dueño quiere !Déjeme que la vida Que a vivir vuelva? A él, a él le ofrezca! !Venga mi caballero Para un príncipe
enano Por esta senda! Se hace esta fiesta.
Musa traviesa Mi
musa? Es un diablillo Contándolo, me inunda Con ala de ángel. Un gozo grave:- !Ah, musilla traviesa, Y cual si el monte
alegre, Qué vuelo trae! Queriendo holgarse Al alba enamorando Yo suelo, caballero Con voces ágiles, En sueños
graves, Sus hilillos sonoros Cabalgar horas luengas Desanudase, Sobre los aires. Y salpicando riscos, Me entro
en nubes rosadas, Labrando esmaltes, Bajo a hondos mares, Refrescando sedientas Y en los senos eternos Cálidas cauces, Hago
viajes. Echáralos risueños Allí asisto a la inmensa Por falda y valle, - Boda inefable, Así, al alba del alma Y
en los talleres huelgo Regocijándose, De la luz madre: Mi espíritu encendido Y con ella es la oscura Me echa a raudales Vida,
radiante, Por las mejillas secas Y a mis ojos los antros Lágrimas suaves. Son nidos de ángeles! Me siento, cual si en
magno Al viajero del cielo Templo oficiase: ¿Qué el mundo frágil? Cual si mi alma por mirra Pues, ¿no saben los
hombres Virtiese al aire; Qué encargo traen? Cual si en mi hombro surgieran !Rasgarse el bravo pecho, Fuerzas de Atlante; Vaciar
su sangre, Cual si el sol en mi seno Y andar, andar heridos La luz fraguase: - Muy largo valle, !Y estallo, hiervo,
vibro, Roto el cuerpo en harapos, Alas me nacen! Los pies en carne, Hasta dar sonriendo Suavemente la puerta -!No
en tierra!- exánimes! Del cuarto se abre, Y entonces sus talleres Y éntranse a él gozosos La luz les abre, Luz, risas,
aire. Y ven lo que yo veo: Al par da el sol en mi alma ¿Qué el mundo frágil? Y en los cristales: Seres hay de montaña,
!Por la puerta se ha entrado seres de valle, Mi diablo ángel! Y seres de pantanos ¿Qué fue de aquellos sueños, Y
lodazales. De mi viaje, Del papel amarillo, De mis sueños desciendo, Del llanto suave? Volando vanse, Cual si de
mariposas Y en papel amarillo Tras gran combate Cuento el viaje. Volaran alas de oro Por tierra y aire,
Mis libros lance, Así vuelan las hojas Y siéntese magnífico Do cuento el trance. Sobre el desastre, Hala acá el
travesuelo Y muéstreme riendo, Mi paño árabe; Roto el encaje- Allá monta en el lomo -!Qué encaje no se rompe De un
incunable; En el combate!- Un carcax con mis plumas Su cuello, en que la risa Fabrica y átase; Gruesa onda hace! Un
sílex persiguiendo Venga, y por cauce nuevo Vuelca un estante, Mi vida lance, Y !allá ruedan por tierra Y a mis manos
la vieja Versillos frágiles, Péñola arranque, Brumosos pensadores, Y del vaso manchado Lópeos galanes! La tinta vacie! De
águilas diminutas !Vaso puro de nácar: Puéblase el aire: Dame a que harte !Son las ideas, que ascienden, Esta sed de
pureza: Rotas sus cárceles! Los labios cánsame! ¿Son éstas que lo envuelven Del muro arranca, y cíñese, Carnes, o
nácares? Indio plumaje: La risa, como en taza Aquella que me dieron De ónice árabe, De oro brillante, En su incólume
seno Pluma, a marcar nacida Bulle triunfante: Frentes infames, !Hete aquí, hueso pálido, De su caja de seda Vivo
y durable! Saca, y la blande: Hijo soy de mi hijo! Del sol a los requiebros El me rehace! Brilla el plumaje, Que
baña en aúreas tintas Pudiera yo, hijo mío, Su audaz semblante. Quebrando el arte De ambos lados el rubio Universal,
muriendo Cabello al aire, Mis años dándote, A mí súbito viénese Envejecerte súbito, A que lo abrace. La vida ahorrarte!- De
beso en beso escala Mas no: que no verías Mi mesa frágil; En horas graves !Oh, Jacob, mariposa, Entrar el sol al alma Ismaëlillo,
árabe! Y a los cristales! ¿Qué ha de haber que me guste Hierva en tu seno puro Como mirarle Risa asonante: De entre
polvo de libros Rueden pliegues abajo Surgir radiante, Libros exangës: Y, en vez de acero, verle Sube, Jacob alegre, De
pluma armarse, La escala suave: Y buscar en mis brazos Ven, y de beso en beso Tregua al combate? Mi mesa asaltes:- Venga,
venga Ismaelillo: !Pues ésa es mi musilla, La mesa asalte, Mi diablo ángel! Y por los anchos pliegues !Ah, musilla traviesa, Del
paño árabe Qué vuelo trae! En rota vergonzosa
Penachos Vívidos
Como
taza en que hierve Ora en carreras locas, De transparente vino O en sonoros relinchos, En doradas burbujas O sacudiendo
el aire El generoso espíritu; El crinaje magnífico;- Como inquieto mar joven Asi mis pensamientos Del cauce nuevo
henchido Rebosan en mí vividos, Rebosa, y por las playas Y en crespa espuma de oro Bulle y muere tranquilo; Besan tus
pies sumisos, O en fúlgidos penachos Como manada alegre De varios tintes ricos, De bellos potros vivos Se mecen y
se inclinan Que en la mañana clara Cuando tú pasas -hijo! Muestran su regocijo, Valle Lozano
Dígame mi labriego
Otros, con dagas grandes ¿Cómo es que ha andado Mi pecho araron: En esta noche lóbrega Pues, ¿qué hierro es el tuyo Este
hondo campo? Que no hace daño? Dígame de qué flores Y esto dije -y el niño Untó el arado Riendo me trajo Que la tierra
olorosa En sus dos manos blancas Trasciende a nardos? Un beso casto. Dígame de qué ríos Regó ese prado, Que era
un valle muy negro Y ora es lozano?
Versos Libres
Hierro Ganado tengo el pan: hágase el verso,- Y en su comercio dulce se ejercite La
mano, que cual prófugo perdido Entre oscuras malezas, o quien lleva A rastra enorme peso, andaba ha poco Sumas hilando
y revolviendo cifras. Bardo ¿consejo quieres? Pues descuelga de la pálida espalda ensangrentada El arpa dívea, acalla
los sollozos Que a tu garganta como mar en furia Se agolparán, y en la madera rica Taja plumillas de escritorio y
echa Las cuerdas rotas al movible viento. ¡ Oh alma!, ¡oh, alma buena! ¡mal oficio Tienes!: ¡póstrate, calla, cede,
lame Manos de potentado, ensalza, excusa Defectos, tenlos –que es mejor manera De excusarlos, y mansa y temerosa Vicios
celebra, encumbra vanidades: Verás entonces, alma, cuál se trueca En plato de oro rico tu desnudo Plato de pobre! Pero
guarda ¡oh alma! ¡Que usan los hombres hoy oro empañado! Ni de esos cures, que fabrican de oro Sus joyas el bribón
y el barbilindo: Las armas no, -las armas son de hierro! Mi mal es rudo: la ciudad lo encona: Lo alivia el campo
inmenso: ¡otro más vasto Lo aliviará mejor! –Y las oscuras Tardes me atraen, cual si mi patria fuera La dilatada
sombra. Era yo niño- Y con filial amor miraba al cielo, ¡Cuán pobre a mi avaricia el descuidado Cariño del hogar!
¡Cuán tristemente Bañado el rostro ansioso en llanto largo Con mis ávidos ojos perseguía La madre austera, el padre
pensativo Sin que jamás los labios ardorosos Del corazón voraz la sed saciasen. ¡ Oh verso amigo, Muero de soledad,
de amor me muero! No de vulgar amor; estos amores Envenenan y ofuscan: no es hermosa La fruta en la mujer, sino la
estrella La tierra ha de ser luz, y todo vivo Debe en torno de sí dar lumbre de astro. ¡ oh, estas damas de muestra
¡ ¡oh, estas copas de carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño que las ennjoya y que las nutre echadas! ¡ te digo,
oh verso, que los dientes duelen de comer de esta carne! Es de inefable Amor del que yo muero, -del muy dulce Menester
de llevar, como se lleva Un niño tierno en las cuidadosas manos, Cuanto de bello y triste ven mis ojos. Del sueño,
que las fuerzas no repara Sino de los dichosos, y a los tristes El duro humor y la fatiga aumenta, Salto, al Sol,
como un ebrio. Con las manos Mi frente oprimo, y de los turbios ojos Brota raudal de lágrimas. ¡ Y miro El Sol tan
bello y mi desierta alcoba, Y mi virtud inútil, y las fuerzas Que cual tropel famélico de hirsutas Fieras saltan
de mí buscando empleo; Y el aire hueco palpo, y en el muro Frío y desnudo el cuerpo vacilante Apoyo, y en el cráneo
estremecido En agonía flota el pensamiento, Cual leño de bajel despedazado Que el mar en furia a playa ardiente arroja! ¡
Y echo a andar, como un muerto que camina, Loco de amor, de soledad, de espanto! ¡Amar, agobia! ¡es tósigo el exceso de
amor! Y la prestada casa oscila Cual barco en tempestad: en el destierro Naúfrago es todo hombre, y toda casa Inseguro
bajel, al mar vendido! ¡Sólo las flores del paterno prado Tienen olor! ¡Sólo las seibas patrias Del sol
amparan! Como en vaga nube Por suelo extraño se anda; las miradas Injurias nos parecen, y el sol mismo, ¡Más que
en grato calor, enciende en ira! ¡No de voces queridas puebla el eco los aires de otras tierras: y no vuelan del
arbolar espeso entre las ramas los pálidos espíritus amados! De carne viva y profanadas frutas Viven los hombres,
-¡ay! mas el proscripto ¡ De sus entrañas propias se alimenta! ¡ Tiranos: desterrad a los que ancalzan el honor de
vuestro odio: ya son muertos! Valiera más ¡ oh barbaros! que al punto De arrebatarlos al hogar, hundiera En lo más
hondo de su pecho honrado Vuestro esbirro más cruel su hoja más dura! Grato es morir, horrible, vivir muerto. Mas
no! mas no! La dicha es una prenda De compasión de la fortuna al triste Que no sabe domarla: a sus mejores Hijos
desgracias da naturaleza: Fecunda el hierro al llano, el golpe al hierro!
Canto de Otoño
Bien; ya lo sé!: -la muerte está sentada A mis umbrales:
cautelosa viene, Porque sus llantos y su amor no apronten En mi defensa, cuando lejos viven Padres e hijo.-al retornar
ceñudo De mi estéril labor, triste y oscura, Con que a mi casa del invierno abrigo, De pie sobre las hojas amarillas, En
la mano fatal la flor del sueño, La negra toca en alas rematada, Ávido el rostro, - trémulo la miro Cada tarde aguardándome
a mi puerta En mi hijo pienso, y de la dama oscura Huyo sin fuerzas devorado el pecho De un frenético amor! Mujer
más bella No hay que la muerte!: por un beso suyo Bosques espesos de laureles varios, Y las adelfas del amor, y
el gozo De remembrarme mis niñeces diera! ...Pienso en aquél a quien el amor culpable trajo a vivir, - y, sollozando,
esquivo de mi amada los brazos: - mas ya gozo de la aurora perenne el bien seguro. Oh, vida, adios: - quien va a
morir, va muerto. Oh, duelos con la sombra: oh, pobladores Ocultos del espacio: oh formidables Gigantes que a los
vivos azorados Mueren, dirigen, postran, precipitan! Oh, cónclave de jueces, blandos sólo A la virtud, que nube tenebrosa,
En grueso manto de oro recogidos, Y duros como peña, aguardan torvos A que al volver de la batalla rindan -como
el frutal sus frutos- de sus obras de paz los hombres cuenta, de sus divinas alas!... de los nuevos árboles que sembraron,
de las tristes lágrimas que enjugaron, de las fosas que a los tigres y vívoras abrieron, y de las fortalezas eminentes que
al amor de los hombres levantaron! ¡esta es la dama, el Rey, la patria, el premio apetecido, la arrogante mora que
a su brusco señor cautiva espera llorando en la desierta espera barbacana!: este el santo Salem, este el Sepulcro de
los hombres modernos:-no se vierta más sangre que la propia! No se bata sino al que odia el amor! Únjase presto soldados
del amor los hombres todos!: la tierra entera marcha a la conquista De este Rey y señor, que guarda el cielo! ...Viles:
el que es traidor a sus deberes. Muere como traidor, del golpe propio De su arma ociosa el pecho atravesado! ¡Ved
que no acaba el drama de la vida En esta parte oscura! ¡Ved que luego Tras la losa de mármol o la blanda Cortina
de humo y césped se reanuda El drama portentoso! ¡y ved, oh viles, Que los buenos, los tristes, los burlados, Serán
een la otra parte burladores! Otros de lirio y sangre se alimenten: ¡Yo no! ¡yo no! Los lóbregos espacios rasgué
desde mi infancia con los tristes Penetradores ojos: el misterio En una hora feliz de sueño acaso De los jueces
así, y amé la vida Porque del doloroso mal me salva De volverla a vivi. Alegremente El peso eché del infortunio al
hombro: Porque el que en huelga y regocijo vive Y huye el dolor, y esquiva las sabrosas Penas de la virtud, irá confuso Del
frío y torvo juez a la sentencia, Cual soldado cobarde que en herrumbre Dejó las nobles armas; ¡y los jueces No en
su dosel lo ampararán, no en brazos Lo encumbrarán, mas lo echarán altivos A odiar, a amar y a batallar de nuevo En
la fogosa y sofocante arena! ¡Oh! ¿qué mortal que se asomó a la vida vivir de nuevo quiere? ... Puede ansiosa La
Muerte, pues, de pie en las hojas secas, Esperarme a mi umbral con cada turbia Tarde de Otoño, y silenciosa puede Irme
tejiendo con helados copos Mi manto funeral. No di al olvido Las armas del amor: no de otra púrpura Vestí que
de mi sangre. Abre los brazos, listo estoy, madre Muerte: Al juez me lleva! Hijo!...Qué imagen miro? qué llorosa
Visión rompe la sombra, y blandamente Como con luz de estrella la ilumina? Hijo!... qué me demandan tus abiertos Brazos?
A qué descubres tu afligido Pecho? Por qué me muestran tus desnudos Pies, aún no heridos, y las blancas manos Vuelves
a mí? Cesa! calla! reposa! Vive: el padre No ha de morir hasta que la ardua lucha Rico de todas armas lance al hijo!- Ven,
oh mi hijuelo, y que tus alas blancas De los abrazos de la muerte oscura Y de su manto funeral me libren!
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