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Breve Selección de Poemas;
LA VIOLETA
Hay belleza en el lirio
inmaculado De majestad emblema, Hay belleza en el cáliz nacarino De la blanca azucena, Hay belleza en la rosa
purpurina Y en el albo reseda, Hay belleza en la nítida corola De la nívea camelia, Hay belleza en el pálido junquillo Y
en la suave diamela, Hay belleza en el triste pensamiento Y no hay flor en la cual no haya belleza, Pero hay una
que es flor entre las flores Con ser la más modesta, Una flor de fragancia incomparable, Delicada y pequeña, Una
flor que en un lecho de esmeraldas Oculta su belleza, Una flor que un encanto misterioso En su cáliz encierra, Un
encanto ideal, indefinible, Que no hay flor que contenga, Una flor para mí como ninguna, Una flor que se llama ¡la
violeta!
LA ESPERANZA
Soy el dulce consuelo del que sufre, Soy bálsamo que alienta al afligido, Y
soy quien muchas veces salva al hombre Del crimen o el suicidio.
Yo le sirvo al mortal que me alimenta Contra
el dolor de sin igual muralla, Soy quien seca su llanto dolorido Y calma su pesar ¡Soy la Esperanza!
OJOS-NIDOS
Para mi madre Entre el espeso follaje De una selva de pestañas Hay dos nidos
luminosos Como dos flores fantásticas. ¡Nidos de negros fulgores! ¡De oscuras vibrantes llamas!
Y allá: dentro
de esa selva De follaje negro, espléndido, En el fondo de esos nidos Como flores de destellos, ¡Agita sus ígneas
alas El ave del Pensamiento!
EN UN ÁLBUM
Cuando abriendo tu boca perfumada, La
voz dulce y perlada De tu bella garganta haces brotar, En voces de sirenas ideales, Y en arpas de sonidos celestiales, A
mí me haces pensar.
Cuando miro tu cuello alabastrino Y tu cuerpo divino Que al de Venus la diosa ha de igualar, Del
mármol la blancura, Y del cisne la olímpica figura, Me haces recordar.
¡Cuántas veces ligera como un hada, Te
he visto yo ocupada En las dulces tareas del hogar, Y entonces a mi madre, Y Carlota de Werther heroína, Me has
hecho recordar!
EN UN ÁLBUM
La belleza más pura y delicada Se refleja en tu rostro juvenil, Eres
ninfa risueña, eres un hada, Eres flor de algún célico pensil.
Es tu espesa y sedosa cabellera Una inmensa cascada
de hebras de oro, La corona de un rey jamás valiera Lo que vale ese aurífero tesoro.
Dos azules zafiros son tus
ojos, Que iluminan tu rostro angelical, Y tus labios delgados son tan rojos Que podrían llamarse de coral.
Son
tus manos dos blancas mariposas O dos flores talladas en marfil, Y tus frescas mejillas son dos rosas Que recién
ha entreabierto el sol de Abril.
Es mi estilo muy tosco e imperfecto Y no puedo expresar, en su rudeza, Lo que
vale tu rostro tan perfecto, Desbordante de célica belleza.
¡POESÍA!
¡Poesía inmortal, cantarte anhelo! ¡Mas
mil esfuerzos he de hacer en vano! ¿Acaso puede al esplendente cielo Subir altivo el infeliz gusano?
Tú eres
la sirena misteriosa Que atrae con su voz al navegante, ¡Eres la estrella blanca y luminosa! ¡El torrente espumoso
y palpitante!
Eres la brisa perfumada y suave Que juguetea en el vergel florido, ¡Eres la inquieta y trinadora
ave Que en el verde naranjo cuelga el nido!
Eres la onda de imperial grandeza Que altiva rueda vomitando espuma, ¡Eres
el cisne de sin par belleza que surca el lodo sin manchar su pluma!
Eres la flor que al despuntar la aurora Entreabre
el cáliz de perfume lleno, ¡Una perla blanquísima que mora Del mar del alma en el profundo seno!
¿Y yo quién
soy, que en mi delirio anhelo Alzar mi voz para ensalzar tus galas? ¡Un gusano que anhela ir hasta el cielo! ¡Que
pretende volar sin tener alas!
CREPÚSCULO
Ya del dulce crepúsculo Hanse extendido los flotantes
velos, Gime el triste zorzal en la espesura, Manso susurra en el follaje el viento.
En esta hora es el campo Un
edén de belleza incomparable, Todo en él es sosiego, todo es calma, Muere la luz y las tinieblas nacen.
De pálidas
estrellas A bordarse principia el firmamento, El ángel renegrido de la noche Sus alas de azabache ya está abriendo.
Mil
níveas azucenas Inundan de perfume el tibio ambiente, Y el frondoso rosal rico de savia Al peso de sus flores desfallece.
Varias
flores nocturnas Los broches de sus cálices desprenden, Y áureos lampos semejan las luciérnagas Entre las sombras
que la noche extiende.
¿Qué atracción misteriosa En esta hora indefinible encuentro? ¿Por qué a la viva luz del
mediodía Sus tenues resplandores yo prefiero?
Porque el crepúsculo en sus leves gasas Guarda un algo sombrío,
un algo tétrico, Y en lo triste y sombrío siempre existe La belleza que atrae en lo funéreo,
En las tinieblas
de la noche oscura, Y en lo insondable del abismo inmenso, ¡La belleza más grande y atrayente, La sublime belleza
del misterio!
LA FANTASÍA
La fantasía, misteriosa hada A cuyo paso vagoroso,
queda, De perlas astros irisada nácar Y níveas flores, delicada estela.
Es el astro celeste que nos guía A
la dulce región de la quimera Por un albo camino que el ensueño Formó con lirios, azahar y perlas.
Un camino
ignorado para el vulgo Y que sólo conocen los poetas, Soñar es necesario para verlo ¡Y las almas vulgares nunca sueñan!
Es
la maga ideal que nos envuelve De la ilusión en el rosado velo. ¡La copa de marfil en que apuramos El néctar delicioso
del ensueño!
Es la llave de oro con que abrimos La mansión ideal de la poesía, ¡Y en la mente agitada del artista Es
un rayo de luz la fantasía!
FLOR NOCTURNA
Cuando la noche tendiendo Su
manto de gasa negra La silenciosa campiña Envuelve en sombras funéreas, Cuando allá en el firmamento Las argentinas
estrellas Semejan ígneas pupilas Que inmóviles nos contemplan, Cuando las aves nocturnas Exhalan lúgubres quejas Que
vibran en el silencio Monótonas y siniestras, Cuando el genio de las sombras De su letargo despierta, E invisible
en torno nuestro Se agita y revolotea, Entonces, entre el follaje Tímidamente encubierta, Pálida flor, entreabres, Tu
corola marfileña, Tu corola que del día Al primer albor se cierra, Para reabrirse al helado Contacto de la tiniebla, ¡Hastiada
siempre de lumbre! ¡Siempre de sombras sedienta!
¡Extraño destino el tuyo! El día te encuentra muerta, Tu
triste vida concluye Cuando la nuestra comienza. Mas cuando tu cáliz abres Nuestras pupilas se cierran... Y entonces
tal vez tu vida Más dulce y pálida sea, Allá perdida en las sombras Entre el follaje encubierta, ¡Lejos de envidias
y odios! ¡Lejos de traiciones negras!
Sigue tu vida, abre siempre Cuando la noche comienza, Y al primer albor
del día Tu cáliz de nácar, cierra, Para reabrirlo al helado Contacto de la tiniebla, ¡Hastiada siempre de lumbre! ¡Siempre
de sombras sedienta!
EN EL ÁLBUM DE LA SEÑORITA E. T.
Tus grandes ojos de
oriental pupila, Vivos fulgores sin cesar irradian, ¡Son dos trozos de lumbre desprendidos Del sol esplendoroso de
la Arabia!
Son dos fúlgidos astros cuyo brillo Apenas nubla tu pestaña negra, Son dos astros... y tienen del
abismo La atracción, el misterio y las tinieblas.
Son dos diamantes negros engarzados Bajo una frente de azahar
y nardo, ¡Una frente divina que coronan Sedosos bucles de reflejos áureos!
De tu perfil las armoniosas líneas, Por
su pureza sin igual asombran, Sin duda un ángel las formó teniendo Por modelo el semblante de una diosa.
Es tu
pequeña y primorosa boca Gracioso estuche de coral y perlas, ¡Una purpúrea flor en cuyo cáliz Lloró la aurora sus
celestes penas!
Pero a pesar del brillo esplendoroso Que irradian tus pupilas musulmanas, A pesar de tus nítidas
facciones Y de tu frente pálida, Y a pesar de tus labios purpurinos Y tus dientes de nácar ¡La ideal belleza de
tu faz no excede A la inefable y pura de tu alma!
¡ARTISTAS! Para M. E. Vaz Ferreira
Cuando
el nimbo de la gloria resplandece en vuestras frentes, Veis que en pos de vuestros pasos van dos sombras que inclementes Sin
desmayos ni fatigas os persiguen con afán; Son la envidia y la calumnia, dos hermanas maldecidas, Siempre juntas van
y vienen por la fiebre consumidas, Impotentes y orgullosas -son dos sierpes venenosas Cuya mísera ponzoña sólo a ellas
causa mal.
Alevosas y siniestras cuando tratan de atacaros; Temerosas de la lumbre, siempre buscan el misterio. Mas,
burlaos de sus iras: ¡nada pueden! y el artista Tiene un arma irresistible para ellas: ¡el desprecio!
CLAROBSCURO
Cuando sonriente, la aurora Sus áureos cabellos suelta Y
en el pálido horizonte Su faz sonrosada muestra, Y las albas avecillas De sus manos marfileñas, Van rasgando de
la noche El amplio manto de niebla, Un níveo, frágil insecto De sus ensueños despierta, Y agitando dulcemente Sus
alas leves, etéreas, Sediento en busca de flores Su vuelo ondulante eleva. Flores que recién se abran Y en sus
copas soñolientas, Le brinden savia, perfumes ¡Y una llovizna de perlas!
Tenue, vaporoso insecto Cuyas alas
nacareñas, Del lirio tienen la albura Y la suave transparencia, Tal vez de su vara al toque El hada Delicadeza, Formólo
de una sonrisa Un silfo, un sueño, una perla. ¡Y la luz diole por sangre Una gota de su esencia!
Existe un
lúgubre insecto De alas pesadas y negras, Que espera ansioso el momento De silencio y de tinieblas En que en brazos
de la noche Duerme enlutada la tierra, Y entonces alza su vuelo De lentitudes funéreas, ¡Vuelo pesante, fatídico, De
vibraciones siniestras!
¡Tétrico, ominoso insecto! ¡Animalaña funesta! Al vivo fulgor del día Permanece inmóvil,
yerta, La helada sombra nocturna Da vida a sus alas muertas. Es que tal vez de la noche Le brinda la copa inmensa, De
la esencia del misterio El vivificante néctar, Esencia que por lo oscura Parece su propia esencia!
¡Raro,
sublime contraste! ¡Atrayente diferencia! Aquél, una estrella alada, Éste, un jirón de tiniebla; Aquél, graciosa
alegría, Éste, fúnebre tristeza; Aquél tiene la celeste, La luminosa belleza, Del astro claro, radiante, De
una sonrisa arcangélica, Éste tiene la sombría Severa magnificencia, La atracción trágica, extraña, Irresistible,
funesta, Del abismo devorante! De la sima negra, tétrica!
FANTASMAS
Célicas legiones de hadas vaporosas En
vaivén gracioso van y van pasando; Son las ilusiones tenues, sonrosadas, Son los sueños níveos, impalpables, diáfanos. Llegan
a mi oído y al pasar se inclinan. Himnos de esperanza quedo susurrando;
Son las ilusiones, Los ensueños blancos, Que
entre frescas rosas y espumosos lirios En bajel dorado, Suaves nos deslizan A través del mundo, ¡piélago encrespado! Arrojando
flores Sobre los escollos que encuentran al paso! ........................................................ Son las
ilusiones Los ensueños blancos, Son los compañeros, Los amigos dulces de los pocos años. ........................................................ Son
las ilusiones Los ensueños blancos. ......................................................... Los celestes bandos
de hadas vaporosas En vaivén gracioso van y van pasando, Himnos de esperanza Quedo susurrando, Son las ilusiones, Los
ensueños blancos. ......................................................... Pero, ¡cosa extraña! Mis risueñas hadas Las
pupilas ígneas abren con espanto. Aterrados huyen Los alegres bandos... Siento frío... tiemblo... Junto a mí se yergue Un
fantasma raro, De pupilas negras, insondables, duras, De ambarino cutis y terrosos labios. Cúbrelo un espeso, Renegrido
manto. Todo en él es frío, ¡hasta de sus ojos El fulgor extraño! Fuego incomprensible, que cegando hiela; Fuego
inexplicable, que deslumbra enfriando; Viene a mí, se inclina; sus pupilas negras Sobre mí ha fijado, Mi aterido
cuerpo Tiembla y se contrae en terrible espasmo. El fantasma oprime mi marmórea frente Con su dedo helado; Y fijando
ahora su mirada dura En mis níveos sueños que ya están lejanos, Con desprecio y odio Agitado mueve los terrosos labios. Luego
a mí se vuelve Y hacia sí me trae en estrecho abrazo; A mi oído acerca su nerviosa boca, Con acento intenso, convincente,
trágico, -¡¡Mienten!! -dice- ¡¡Mienten!! -Luego me abandona Y se va, dejando En mi frente, impresa, La invisible
huella de su dedo helado! ......................................................... ¡Pobres ilusiones! ¡Pobres sueños
blancos! ......................................................... Ha pasado el tiempo Sobre mí; los años Con
profundas huellas Marcaron su paso, Y jamás han vuelto Ni las ilusiones, ni los sueños blancos. ¡Pobres ilusiones! ¡Pobres
sueños blancos! Es que aquel fantasma demacrado y frío Era el Desengaño; Y al tocar mi frente dejó en ella impresa la
indeleble huella de su dedo helado! ........................................................... ¡Pobres ilusiones! ¡Pobres
sueños blancos!
LA DUDA
Vino: dos alas sombrías Vibraron sobre mi frente, Sentí una mano inclemente Oprimir
las sienes mías.
Sentí dos abejas frías Clavarse en mi boca ardiente; Sentí el mirar persistente De dos órbitas
vacías.
Llegó esa mirada ansiosa A mi corazón deshecho, Huyó de mí presurosa Para no volver, la calma, Y
allá en el fondo del pecho Sentí morirse mi alma!
MONÓSTROFE
Hay un tétrico fantasma
que en el cáliz de mi vida Va vertiendo amargas gotas de una esencia maldecida Que me enerva y envenena, que consume
mi razón; Y si un grito suplicante, si una tímida protesta Brotan hondos, desgarrantes de mi alma dolorida, El maléfico
fantasma impasible me contesta Con sarcástica sonrisa que me hiela el corazón.
VIENE...
Blandos preludios, Nievan orquídeas opalinas, pálidas; Lánguidos lirios soñolientos
riman
Estrofas perfumadas. Hay roces blancos, leves, Hay notas leves, blancas... ..................................................... Viene...
es ella, es mi musa, La suave niña de los ojos de ámbar; Es mi musa enfermiza: la ojerosa, La más honda y precoz,
la musa extraña!
Es pálida, muy pálida, en sus ojos Bate el Enigma sus pesadas alas; En las cadencias de su blanda
marcha Los misterios desmayan... Es la musa enfermiza, la ojerosa, La más honda y precoz, la musa extraña! ...................................................... Viene...
no trae lira La suave niña de los ojos de ámbar... Ella canta sin lira, Mi dulce musa extraña! Sus lánguidos arpegios, Sus
vibraciones de pasión, arranca, Con angustias que crispan, ¡A las fibras sensibles de su alma! ....................................................... ¡Ven,
canta, canta! ¡Oh, mi musa enfermiza! ¡Oh, mi musa precoz, mi musa extraña!
CAPRICHO
Al Excelso escritor
uruguayo Manuel Medina Betancort
Entre el raso y los encajes de la alcoba parisina La enfermiza japonesa, la nostálgica
ambarina, Se revuelve en las espumas de su lecho de marfil; El incendio de la fiebre ha pintado en sus mejillas -Sus
mejillas japonesas como rosas amarillas- Sangraciones de claveles, centelleos de rubí.
Vibra en llamas del delirio
la muñeca principesca, Se estremecen los marfiles de su faz miniaturesca, Su pupila enloquecida lanza chorros de fulgor; Burbujeantes
las palabras efervescen locamente Con hervores de champaña de su boca balbuciente, De su boca de topacio, moribunda,
sin frescor.
Sueña ahora de su infancia: blancas, leves las visiones Van pasando juguetonas en alígeras legiones, Con
sus vestes de albas gasas, con sus nimbos de claror; Nievan lirios, perlas, rosas, rosas blancas como espumas, Avecillas
eucarísticas, suaves copas de albas plumas, Son las aves del recuerdo, van diciendo su canción.
Cruza ahora misteriosa,
inefable, aristocrática Una pálida figura de expresión honda, enigmática, Perezosos movimientos, fatigoso, lento andar; En
sus ojos tristes, suaves, hay miradas que sollozan, Hay reproches hondos, dulces, que acarician, que destrozan, Con
la blanda inconsistencia del enojo maternal. ...................................................................... ...................................................................... Extinguióse
ya la fiebre, la enfermita no delira, Centellea en sus pupilas el sol rojo de la ira Y sus brazos se retuercen como
sierpes de marfil; Brota un nombre de sus labios entre espuma y maldiciones, Su nacáreo cuerpecito se revuelca en convulsiones, Tremular
de lirio enfermo, sacudidas de jazmín.
Es que vibra en su cerebro con malditas resonancias El recuerdo del lord
rubio de imperiales arrogancias, El altivo millonario de los ojos de zafir, El que en redes misteriosas de promesas
quebradizas, Apresó el pájaro blanco de su almita asustadiza Arrancándola a sus padres, sus ensueños, su país. ................................................................... Y
en la cárcel principesca de la alcoba parisina La olvidada japonesa, la nostálgica ambarina Desfallece sofocada por
agónico estertor, ¡Oh, mimosa susceptible, por un soplo deslucida! Devolviérale la gracia, devolviérale la vida Una
gota de cariño, un efluvio de su sol!
En sus ojos, hondos cauces, hay un algo extraño, helado, Reflectores de la
muerte, ésta en ellos se ha mirado Y es su imagen la que flota en su fondo de carey, Pero... súbito se animan, arde
en ellos la alegría, Alegría de muriente con vislumbres de sombría, La enfermita vibra toda su figura de poupée;
Sus
deditos finos, pálidos, como niños macilentos, Han tomado, y ahora oprimen con nerviosos movimientos Un marchito crisantemo;
blanco hermano del Japón! Él también sufre nostalgias, hondas, diáfanas, impías Abejillas de oro y ópalo que se clavan
lentas, frías, En el glóbulo de aromas de su raro corazón.
La enfermita las comprende, las nostalgias amarillas Del
pequeño moribundo, y le acerca a sus mejillas Y a sus labios en arranques de cariño fraternal, Es su hermano, sí, es
su hermano ese copo de albo lino, Como ella agonizante, como ella nacarino, Como ella desmayando en lujosa soledad. .................................................................. .................................................................. Duerme,
duerme la enfermita entre cirios de oro escuálidos Hay un muerto crisantemo en sus dedos finos, pálidos, Su cajita funeraria
es estuche de blancor. ................................................................... En lo alto: al regio alcázar
del Eterno, del Clemente, Entre angélicos festejos, leve, diáfana, sonriente, Llega el alma de una niña, trae el alma
de una flor!
CUENTAS DE MÁRMOL
Yo, la estatua de mármol con cabeza de fuego, Apagando mis sienes en frío y
blanco ruego... Engarzad en un gesto de palmera o de astro Vuestro cuerpo, esa hipnótica alhaja de alabastro Tallada
a besos puros y bruñida en la edad; Sereno, tal habiendo la luna por coraza; Blanco, más que si fuerais la espuma de
la Raza, Y desde el tabernáculo de vuestra castidad, Nevad a mí los lises hondos de vuestra alma; Mi sombra besará
vuestro manto de calma, Que creciendo, creciendo me envolverá con Vos; Luego será mi carne en la vuestra perdida... Luego
será mi alma en la vuestra diluida... Luego será la gloria... y seremos un dios!
-Amor de blanco y frío, Amor
de estatuas, lirios, astros, dioses... ¡Tú me los des, Dios mío!
CUENTAS DE SOMBRA
Los lechos negros logran la más fuerte Rosa de amor; arraigan en la muerte. Grandes
lechos tendidos de tristeza, Tallados a puñal y doselados De insomnio; las abiertas Cortinas dicen cabelleras muertas; Buenas
como cabezas Hermanas son las hondas almohadas: Plintos del Sueño y del Misterio gradas.
Si así en un lecho como
flor de muerte, Damos llorando, como un fruto fuerte Maduro de pasión, en carnes y almas, Serán especies desoladas,
bellas, Que besen el perfil de las estrellas Pisando los cabellos de las palmas!
-Gloria al amor sombrío, Como
la Muerte pudre y ennoblece ¡Tú me lo des, Dios mío!
CUENTAS DE FUEGO
Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia, Deshojar hacia el mal el lirio
de una veste... -La seda es un pecado, el desnudo es celeste; Y es un cuerpo mullido un diván de delicia.-
Abrir
brazos... así todo ser es alado, O una cálida lira dulcemente rendida De canto y de silencio... más tarde, en el helado Más
allá de un espejo como un lago inclinado, Ver la olímpica bestia que elabora la vida...
Amor rojo, amor mío; Sangre
de mundos y rubor de cielos... ¡Tú me lo des, Dios mío!
CUENTAS DE LUZ
Lejos como en la muerte Siento arder una vida vuelta siempre hacia mí, Fuego
lento hecho de ojos insomnes, más que fuerte Si de su allá insondable dora todo mi aquí. Sobre tierras y mares su horizonte
es mi ceño, Como un cisne sonámbulo duerme sobre mi sueño Y es su paso velado de distancia y reproche El seguimiento
dulce de los perros sin dueño Que han roído ya el hambre, la tristeza y la noche Y arrastran su cadena de misterio y
ensueño.
Amor de luz, un río Que es el camino de cristal del Bien. ¡Tú me lo des, Dios mío!
CUENTAS FALSAS
Los cuervos negros sufren hambre de carne rosa; En
engañosa luna mi escultura reflejo, Ellos rompen sus picos, martillando el espejo, Y al alejarme irónica, intocada y
gloriosa, Los cuervos negros vuelan hartos de carne rosa.
Amor de burla y frío Mármol que el tedio barnizó de
fuego O lirio que el rubor vistió de rosa, Siempre lo dé, Dios mío...
O rosario fecundo, Collar vivo que encierra La
garganta del mundo.
Cadena de la tierra Constelación caída.
O rosario imantado de serpientes, Glisa hasta
el fin entre mis dedos sabios, Que en tu sonrisa de cincuenta dientes Con un gran beso se prendió mi vida: Una rosa
de labios.
MIS AMORES
Hoy han vuelto. Por
todos los senderos de la noche han venido A llorar en mi lecho. ¡Fueron tantos, son tantos! Yo no sé cuáles viven,
yo no sé cuál ha muerto. Me lloraré yo misma para llorarlos todos. La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.
Hay
cabezas doradas a sol, como maduras... Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio, Cabezas coronadas de una espina
invisible, Cabezas que sonrosa la rosa del ensueño, Cabezas que se doblan a cojines de abismo, Cabezas que quisieran
descansar en el cielo, Algunas que no alcanzan a oler a primavera, Y muchas que trascienden a las flores de invierno.
Todas
esas cabezas me duelen como llagas... Me duelen como muertos... ¡Ah!... y los ojos... los ojos me duelen más: son dobles!... Indefinidos,
verdes, grises, azules, negros, Abrasan si fulguran, Son caricias, dolor, constelación, infierno.
Sobre toda
su luz, sobre todas sus llamas, Se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo. Ellos me dieron sed de todas esas bocas... De
todas estas bocas que florecen mi lecho: Vasos rojos o pálidos de miel o de amargura Con lises de armonía o rosas de
silencio, De todos estos vasos donde bebí la vida, De todos estos vasos donde la muerte bebo... El jardín de sus
bocas venenoso, embriagante, En donde respiraba sus almas y sus cuerpos, Humedecido en lágrimas Ha rodeado mi lecho...
Y
las manos, las manos colmadas de destinos Secretos y alhajadas de anillos de misterio... Hay manos que nacieron con
guantes de caricia; Manos que están colmadas de la flor del deseo, Manos en que se siente un puñal nunca visto, Manos
en que se ve un intangible cetro; Pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes, En todas, todas ellas, puede engarzar un
sueño.
Con tristeza de alma, Se doblegan los cuerpos Sin velos, santamente Vestidos de deseo.
Imanes
de mis brazos, panales de mi entraña Como a invisible abismo se inclinan a mi lecho...
¡Ah, entre todas las manos
yo he buscado tus manos! Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos, De todas las cabezas yo quiero tu cabeza, De
todos esos ojos, ¡tus ojos solos quiero! Tú eres el más triste, por ser el más querido, Tú has llegado el primero por
venir de más lejos...
¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca Y las pupilas claras que miré tanto tiempo! Las
ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes, La palidez extraña que doblé sin saberlo,
Ven a mí: mente a mente; Ven
a mí: ¡cuerpo a cuerpo!
Tú me dirás qué has hecho de mi primer suspiro, Tú me dirás qué has hecho del sueño de aquel
beso... Me dirás si lloraste cuando te dejé solo... ¡Y me dirás si has muerto!...
Si has muerto, Mi pena enlutará
la alcoba lentamente, Y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo, Y en el silencio ahondado de tiniebla, Y en
la tiniebla ahondada de silencio, Nos velará llorando, llorando hasta morirse Nuestro hijo: el recuerdo.
«TU AMOR, ESCLAVO, ES COMO UN SOL MUY FUERTE...»
Tu amor, esclavo,
es como un sol muy fuerte: Jardinero de oro de la vida, Jardinero de fuego de la muerte, En el carmen fecundo de
mi vida.
Pico de cuervo con olor de rosas, Aguijón enmelado de delicias Tu lengua es. Tus manos misteriosas Son
garras enguantadas de caricias.
Tus ojos son mis medianoches crueles, Panales negros de malditas mieles Que se
desangran en mi acerbidad;
Crisálida de un vuelo del futuro, Es tu abrazo magnífico y oscuro Torre embrujada
de mi soledad.
EL ARROYO
¿Te acuerdas?...
El arroyo fue la serpiente buena... Fluía triste y triste como un llanto de ciego, Cuando en las piedras grises donde
arraiga la pena, Como un inmenso lirio, se levantó tu ruego.
Mi corazón, la piedra más gris y más serena, Despertó
en la caricia de la corriente, y luego Sintió cómo la tarde, con manos de agarena, Prendía sobre él una rosa de fuego.
Y
mientras la serpiente del arroyo blandía El veneno divino de la melancolía, Tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza,
La
coroné de un beso fatal; en la corriente Vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente Me derrumbó en tu abrazo profundo
la tristeza.
POR TU MUSA
Cuando derramas
en los hombros puros De tu musa la túnica de nieve, Yo concentro mis pétalos oscuros Y soy el lirio de alabastro
leve.
Para tu musa en rosa, me abro en rosa; Mi corazón es miel, perfume y fuego, Y vivo y muero de una sed gloriosa: Tu
sangre viva debe ser mi riego.
Cuando velada por un tul de luna Bebe calma y azur en la laguna, Yo soy el cisne
que soñando vuela;
Y si en luto magnífico la vistes, Para vagar por los senderos tristes, Soy la luz o la sombra
de una estela...
DIARIO ESPIRITUAL
Es un lago mi
alma; Lago, vaso de cielo, Nido de estrellas en la noche calma, Copa del ave y de la flor, y suelo De los cisnes
y el alma.
.........
-Un lago fue mi alma...-
Mi alma es una fuente Donde canta un jardín; sonrosan
rosas Y vuelan alas en su melodía; Engarza gemas armoniosamente En el oro del día.
.........
-Mi alma
fue una fuente...-
Un arroyo es mi alma; Larga caricia de cristal que rueda Sobre carne de seda, Camino de
diamantes de la calma.
.........
-Fue un arroyo mi alma...-
Mi alma es un torrente; Como un manto
de brillo y armonía, Como un manto infinito desbordado De una torre sombría, ¡Todo lo envuelve voluptuosamente!
.........
-Mi
alma fue un torrente...-
Mi alma es todo un mar, No un vómito siniestro del abismo: Un palacio de perlas, con
sirenas, Abierto a todas las riberas buenas, Y en que el amor divaga sin cesar... Donde ni un lirio puede naufragar.
.........
-Y
mi alma fue mar... -
Mi alma es un fangal; Llanto puso el dolor y tierra puso el mal. Hoy apenas recuerda que
ha sido de cristal; No sabe de sirenas, de rosas ni armonía; Nunca engarza una gema en el oro del día... Llanto y
llanto el dolor, y tierra y tierra el mal!...
.........
-Mi alma es un fangal;
¿Dónde encontrar el alma
que en su entraña sombría Prenda como una inmensa semilla de cristal?
LA CITA
En tu alcoba techada de ensueños, haz derroche De flores y de luces de espíritu;
mi alma, Calzada de silencio y vestida de calma, Irá a ti por la senda más negra de esta noche.
Apaga las bujías
para ver cosas bellas; Cierra todas las puertas para entrar la Ilusión; Arranca del Misterio un manojo de estrellas Y
enflora como un vaso triunfal tu corazón.
¡Y esperarás sonriendo, y esperarás llorando!... Cuando llegue mi alma,
tal vez reces pensando Que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...
Para el amor divino ten un diván de calma, O
con el lirio místico que es su arma, mi alma Apagará una a una las rosas de tu lecho!
ANILLO
Raro anillo que clarea, Raro anillo que sombrea Una profunda amatista.
Crepúsculo
vespertino Que en tu matinal platino Engarzó espléndido artista.
El porvenir es de miedo... ¿Será tu destino
un dedo De tempestad o de calma?
Para clararte y sombrearte, ¡Si yo pudiera glisarte En un dedo de mi alma!...
SERPENTINA
En mis sueños de amor, ¡yo soy serpiente! Gliso y
ondulo como una corriente; Dos píldoras de insomnio y de hipnotismo Son mis ojos; la punta del encanto Es mi lengua...
¡y atraigo como el llanto! Soy un pomo de abismo.
Mi cuerpo es una cinta de delicia, Glisa y ondula como una
caricia...
Y en mis sueños de odio, ¡soy serpiente! Mi lengua es una venenosa fuente; Mi testa es la luzbélica
diadema, Haz de la muerte, en un fatal soslayo Son mis pupilas; y mi cuerpo en gema ¡Es la vaina del rayo!
Si
así sueño mi carne, así es mi mente: Un cuerpo largo, largo de serpiente, Vibrando eterna, ¡voluptuosamente!
SOBRE UNA TUMBA CÁNDIDA
«Ha muerto... ha muerto»... dicen
tan claro que no entiendo... ¡Verter licor tan suave en vaso tan tremendo!... Tal vez fue un mal extraño tu mirar por
divino, Tu alma por celeste, o tu perfil por fino...
Tal vez fueron tus brazos dos capullos de alas... ¡Eran
cielo a tu paso los jardines, las salas, Y te asomaste al mundo dulce como una muerta! Acaso tu ventana quedó una noche
abierta,
-¡Oh, tentación de alas una ventana abierta!-
¡Y te sedujo un ángel por la estrella más pura... Y
tus alas abrieron, y cortaron la altura En un tijereteo de luz y de candor!
Y en la alcoba que tu alma tapizaba
de armiño, Donde ardían los vasos de rosas de cariño, La Soledad llamaba en silencio al Horror...
MI PLINTO
Es creciente, diríase Que tiene una infinita raíz
ultraterrena... Lábranlo muchas manos Retorcidas y negras, Con muchas piedras vivas... Muchas oscuras piedras Crecientes
como larvas.
Como al impulso de una omnipotente araña Las piedras crecen, crecen; Las manos labran, labran,
-Labrad,
labrad, ¡oh manos! Creced, creced, ¡oh piedras! Ya me embriaga un glorioso Aliento de palmeras.
Ocultas entre
el pliegue más negro de la noche, Debajo del rosal más florido del alba, Tras el bucle más rubio de la tarde, Las
tenebrosas larvas De piedra, crecen, crecen, Las manos labran, labran, Como capullos negros De infernales arañas.
-Labrad,
labrad, ¡oh, manos! Creced, creced, ¡oh, piedras! Ya me abrazan los brazos De viento de la sierra.
Van entrando
los soles en la alcoba nocturna, Van abriendo las lunas el silencio de nácar...
Tenaces como ebrias De un veneno
de araña Las piedras crecen, crecen, Las manos labran, labran.
-Labrad, labrad, ¡oh, manos! Creced, creced,
¡oh, piedras! ¡Ya siento una celeste Serenidad de estrella!
EL DIOS DUERME
A Julieta, sobre la tumba de Julio El Dios duerme su gloria a tu amparo, Julieta; Una
lanza de amor en tu brazo sonrosa; Su berceuse fue blanca, tu berceuse es violeta... Eras rosa en su lecho, eres lirio
en su fosa.
-Las serpientes del mundo, apuntadas acechan Las palomas celestes que en tu carne sospechan-.
El
dios duerme, Julieta; su almohada es de estrellas Pulidas por tu mano, y tu sombra es su manto; La veladora insomne
de tu mirada estrellas En la Noche, rival única de tu encanto.
-Y las bellas serpientes, encendidas, meditan En
las suaves palomas que en tu cuerpo dormitan-.
Y el dios despertará nadie sabe en qué día, Nadie sueña en qué tierra
de glorificación. Si se durmió llorando, que al despertar sonría... En el vaso de luna de tu melancolía Salva como
un diamante rosa tu corazón.
¡Y sálvalo de Todo sobre tu corazón!
EN EL CAMINO
Yo iba sola al Misterio bajo un sol de locura, Y tú me derramaste tu sombra,
peregrino; Tu mirada fue buena como una senda oscura, Como una senda húmeda que vendara el camino.
Me fue pródiga
y fértil tu alforja de ternura: Tuve el candor del pan, y la llama del vino; Mas tu alma en un pliegue de su astral
vestidura, Abrojo de oro y sombra se llevó mi destino.
Mis manos, que tus manos abrigaron, ya nunca Se enfriarán,
y guardando la dulce malla trunca De tus caricias ¡nunca podrán acariciar!...
En mi cuerpo, una torre de recuerdo
y espera Que se siente de mármol y se sueña de cera, Tu Sombra logra rosas de fuego en el hogar; Y en mi alma, un
castillo desolado y sonoro Con pátinas de tedio y humedades de lloro, ¡Tu sombra logra rosas de nieve en el hogar!
BOCA A BOCA
Copa de vida donde quiero y sueño Beber la muerte
con fruición sombría, Surco de fuego donde logra Ensueño Fuertes semillas de melancolía.
Boca que besas a distancia
y llamas En silencio, pastilla de locura Color de sed y húmeda de llamas... ¡Verja de abismos es tu dentadura!
Sexo
de un alma triste de gloriosa; El placer unges de dolor; tu beso, Puñal de fuego en vaina de embeleso, Me come en
sueños como un cáncer rosa...
Joya de sangre y luna, vaso pleno De rosas de silencio y de armonía, Nectario de
su miel y su veneno, Vampiro vuelto mariposa al día.
Tijera ardiente de glaciales lirios, Panal de besos, ánfora
viviente Donde brindan delicias y delirios Fresas de aurora en vino de Poniente...
Estuche de encendidos terciopelos En
que su voz es fúlgida presea, Alas del verbo amenazando vuelos, Cáliz en donde el corazón flamea.
Pico rojo del
buitre del deseo Que hubiste sangre y alma entre mi boca, De tu largo y sonante picoteo Brotó una llaga como flor
de roca.
Inaccesible... Si otra vez mi vida Cruzas, dando a la tierra removida Siembra de oro tu verbo fecundo, Tú
curarás la misteriosa herida: Lirio de muerte, cóndor de vida, ¡Flor de tu beso que perfuma al mundo!
SELENE
Medallón de la noche con la imagen
del día Y herido por la perla de la melancolía; Hogar de los espíritus, corazón del azul, La tristeza de novia en
su torre de tul; Máscara del misterio o de la soledad, Clavada como un hongo sobre la inmensidad, Primer sueño del
mundo, florecido en el cielo, O la primer blasfemia suspendida en su vuelo... Gran lirio astralizado, copa de luz y
niebla, Caricia o quemadura del sol en la tiniebla; Bruja eléctrica y pálida que orienta en los caminos, Extravía
en las almas, hipnotiza destinos... Desposada del mundo en magnética ronda; Sonámbula celeste paso a paso de blonda; Patria
blanca o siniestra de lirios o de cirios, Oblea de pureza, pastilla de delirios; Talismán del abismo, melancólico y
fuerte, Imantado de vida, imantado de muerte... A veces me pareces una tumba sin dueño... Y a veces... una cuna ¡toda
blanca! tendida de esperanza y de ensueño...
TUS OJOS, ESCLAVOS MOROS
En tu frialdad se emboscaban Los grandes esclavos moros; Negros y brillando
en oros De lejos me custodiaban.
Y, devorantes, soñaban En mí no sé qué tesoros... Tras el cristal de los
lloros Guardaban y amenazaban.
Ritmaban alas angélicas, Ritmaban manos luzbélicas Sus dos pantallas extrañas;
Y
al yo mirarlos por juego, Sus alabardas de fuego Llegaron a mis entrañas.
LAS VOCES LAUDATORIAS Para André
Hermano: a veces dudo si existes o te sueño; Coronado
de espíritus reinas en la Belleza Teniendo por vasallos la Vida y el Ensueño, Y por novia la Gloria que el crepúsculo
reza:
«Dios salve de sus ojos los dos largos estíos; »Y mariposa ebria de sol, su cabellera; »Y su boca, una
rosa fresca sobre los ríos »Del Fuego y la Armonía; y los vasos de cera
»De sus manos colmadas de rosas de cariño; »Y
su cuerpo sin sombra que reviste un armiño »De castidad sobre una púrpura de pasión.
»Y, ante todo, Dios salve el
rincón de su vida »Do el Espíritu Santo de su espíritu anida: »Ante todo, Dios salve en mí su corazón!»
El Ensueño
se encierra en su boca sedeña, El Ensueño no habla ni nada: sueña, sueña...
Y la Vida cantando a la sombra de un
lloro: «Su mirada me viste de terciopelo y fuego, »O me vierte dos copas de tiniebla y de oro »O abre en rosas mi
carne con un cálido riego.
»Su cuerpo hecho de pétalos de placer y de encanto, »Corola el cáliz negro de la melancolía, »Y
su espíritu vuela de sus labios en canto »En un pájaro rosa con un ala sombría.
»Cuando clava el divino monstruo
de su belleza »Su dentadura húmeda de miel y de tristeza, »Es un mal o es un bien tan extraño y tan fuerte,
»Que
la cabeza cae como una piedra oscura »Buscando la fantástica venda de la locura »O una honda y narcótica almohada de
muerte.»
Y el ensueño se encierra en su boca sedeña; El ensueño no habla ni nada: sueña, sueña...
Y yo te
digo: hermano del corazón sonoro, A tu paso los muros dan ventanas de anhelo, Y se enjoyan las almas de sonrisa y de
lloro Y arde una bienvenida de rosas en el suelo.
En tu lira de brazos que abrazaron el vuelo Fulgen las siete
llaves de lírico tesoro, O los siete peldaños de una escala de oro Que asciende del abismo y desciende del cielo.
¡Eres
Francia!... Tu sangre, tu alma, tu poesía Forman un lis de fuego, de gloria y de armonía Con que París corona su frente
de crisol;
Si un día la nostalgia te diera fiebre o frío Deja fluir tu espíritu como un Sena sombrío O ábrelo
como un manto de tu lejano sol!
Y el ensueño encerrado en su boca sedeña; El Ensueño no habla ni nada: sueña, sueña...
VARIOS:
LAS ALAS
Yo tenía...¡dos
alas!
Dos alas, Que del Azur vivían como dos siderales ¡Raíces! Dos alas, Con todos los milagros de la
vida, la Muerte Y la ilusión. Dos alas, Fulmíneas Como el velamen de una estrella en fuga; Dos alas, Como dos
firmamentos Con tormentas, con calmas y con astros... ¿Te acuerdas de la gloria de mis alas?...
El áureo campaneo Del
ritmo; el inefable Matiz atesorando El Iris todo, mas un Iris nuevo Ofuscante y divino, Que adorarán las plenas
pupilas del Futuro (Las pupilas maduras a toda luz!...) el vuelo...
El vuelo ardiente, devorante y único, Que
largo tiempo atormentó los cielos, Despertó soles, bólidos, tormentas, Abrillantó los rayos y los astros; Y la amplitud:
tenían Calor y sombra para todo el Mundo, Y hasta incubar un más allá pudieron.
Un día, raramente Desmayada
a la tierra, Yo me adormí en las felpas profundas de este bosque... Soñé divinas cosas!... Una sonrisa tuya me despertó,
paréceme... ¡Y no siento mis alas!... ¿Mis alas?...
-Yo las vi deshacerse entre mis brazos... ¡Era como un
deshielo!
EL ARROYO
¿Te acuerdas?
El arroyo fue la serpiente buena... Fluía triste y triste como un llanto de ciego cuando en las piedras grises donde
arraiga la pena como un inmenso lirio se levantó tu ruego.
Mi corazón, la piedra más gris y más serena, despertó
en la caricia de la corriente y luego sintió cómo la tarde, con manos de agarena, prendía sobre él una rosa de fuego.
Y mientras la serpiente del arroyo blandía el veneno divino de la melancolía, tocada de crepúsculo me abrumó
tu cabeza,
la coroné de un beso fatal, en la corriente vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente me derrumbó
en tu abrazo profundo la tristeza.
LO INEFABLE
Yo muero extrañamente... No me mata la Vida, no me mata la Muerte, no me mata el Amor; muero de un
pensamiento mudo como una herida. ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga
en la vida devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor? ¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida que os
abrasaba enteros y no daba fulgor...?
¡Cumbre de los Martirios...! ¡Llevar eternamente, desgarradora y árida, la
trágica simiente clavada en las entrañas como un diente feroz...!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera milagrosa,
inviolable... ¡Ah, más grande no fuera tener entre las manos la cabeza de Dios!
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