29 Abril 2000 Luz Alas Estoy dotado de 140 pares de alas. ¿No me créeis? Pues deberíais hacerlo, ya que no podéis comprobarlo. Claro que cuando no se puede comprobar algo, puede elegirse entre creerlo o no. Esa elección sigue siendo vuestra, señores! Pero en todo caso debéis saber que tal elección es una cuestión de gustos, y ni por un momento debéis sentiros satisfechos por eso, que aquí la satisfacción no tiene nada que ver. La satisfacción os surge de comprobar que esa nueva creencia puede ser anexada sin violencia a su conjunto anterior de creencias. Pero, os repito, eso no significa nada. A ver, a ver. Habéis comprobado acaso cuántos aminoácidos tienen vuestras proteínas? Decídlo, que no perderéis nada confesando que no lo habéis hecho. Pero sin embargo creéis que tenéis proteínas, y que éstas están compuestas por aminoácidos, y aun os parece bien que estos se llamen como se llaman, y sean cuantos suponen, porque eso no se opone a la creencia en los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Tampoco se opone a la creencia en sus dioses ni a todo ese juego divertidísimo de los electrones con sus partículas y sus movimientos. Creéis que algunos movimientos son al azar, ¿y cómo sabéis que eso es azar? Creéis que otros movimientos no son azarosos, ¿y cómo sabéis que no lo son? Como saber, no sabéis nada excepto si esa creencia nueva puede ser integrada a las que ya teníais. ¿Y por qué no queréis entonces creer que tengo tantas alas, cada una con una posibilidad de velocidad distinta? Qué, ¿os parecen muchas? ¿Acaso no puede un hombre tener más cambios que una bicicleta?