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Angustia y Desaparición
                
El día se había pasado volando, para algunas personas, para otras tantas, el día parecía eterno y sin ánimos de acabar, para él americano, era uno de esos días, demasiadas cosas en la cabeza.
La persona que ocupaba sus pensamientos, se había ido hacia solo unos minutos, enojado con él y por su propia culpa, Nagi estaba junto con él preparando el desayuno, pero el americano se marcho a su cuarto.
Necesitaba despejar su mente, se dio una larga ducha, el agua tibia cayendo sobre su cuerpo, distrayendo su mente en la sensación del agua corriendo por su piel, relajando sus músculos, pero solo era un escape momentáneo, un escape muy corto, aun estaba irritado y ni el agua, lograba llevarse ese sentimiento, pero no sabía con exactitud de quien o con quien estaba molesto, si con Schuldin o con él mismo.
-El agua relaja, pero no puede alejarte de lo que a pasado, dijo la vocecita que le había hecho ver sus sentimientos por Schuldin, a hora lo traía de regreso a la tierra, -No puedes olvidar como le has tratado, todas las veces que le dijiste palabras hirientes, le arrojaste con cualquier cosa que tuvieras en la mano, o simplemente lo ignorabas, eso no se olvida, dijo esa voz con una infinita calma.
-Pero yo, solo intentaba huir de lo que sentía, dijo Brad con voz muy baja y estrangulada, como si tuviera un nudo en su garganta, las palabras que le decía esa voz, eran demasiado certeras.
-Y que lograste con eso, solo lastimar al objeto de tu afecto, le has creado heridas que jamás sanaran, dijo la voz, con esa calma y serenidad irritante.
-Yo...yo... Brad, ya no quería pensar, no quería recordar todo lo que le había hecho, cerro la llave del agua, salió del baño envuelto en una gran toalla blanca, su cabello negro húmedo, con paso lento e inseguro llego hasta su armario, la voz interna de Crawford había destrozado al frío y calculador líder de Schwarz.
Tardo una verdadera eternidad en escoger algo que ponerse, al final solo tomo una vieja camiseta verde militar y unos jeans negros, sus lentes estaba sobre la mesita de noche, a un lado de su cama, paso sus dedos entre sus cabellos aun húmedos, para acomodarlos, se tendió entre las sabanas blancas de su cama, necesitaba huir de su mente, huir de su mundo, aun que fuera por unas horas, abrió el cajo de su mesita de noche, saco un frasco de pastillas para dormir, se tomo un par y espero a que hicieran efecto.
-¿Por que me afecta tanto todo esto?, ¿Por que me tenia que enamorar de ese idiota?, le quiero y sin embargo no dejo de llamarle tan despectivamente, soy un verdadero lió, ni yo mismo me entiendo, o cera ¿qué esta es mi forma de decirle que me importa?, ¿Pero desde cuando es que me importa?, no lo sé, no lo recuerdo o quizás no me di cuenta hasta ahora, ¿Quizás sea por eso que me sentía incomodo cuando lo herían?, debo de dejar de pensar en eso, me hace daño pensar en Schuldin, pero como sacarte de la cabeza a la persona que amas, como sacarlo de tus recuerdos, cuando en casi todos ellos esta él todo esto lo pensaba Brad, mientras caía lentamente en los brazos de Morfeo, él cual lo recibió con una gran sonrisa y velo por los sueños de ese pequeño, que siempre se a rehusado en caer en sus brazos como la gente normal.
                
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La gabardina blanca de Schuldin se movía acompasadamente con el viento, caminaba con calma hacia la casa que comparte con los integrantes del grupo Schwarz, una sonrisa en su rostro, hacia cuanto que no sonreía por simple hecho de querer hacerlo, eran tan sencillo hacerlo a hora, con su alma por fin en paz.
-Solo quiero regresar a casa, tenderme en mi cama y dormir, pensaba Schuldin, mientras se detenía a esperar a que apareciera la luz verde que le cediera a él y la gran cantidad de gente que había el paso de la calle, el imponente astro rey se terminaba de ocultar en el horizonte, para dejarle el paso a una hermosa luna, un cielo teñido de negro y tachonado de puntitos de luz, la luz verde apareció, comenzó a caminar de nuevo y justo en medio de la calle se encontró con Alessandro, él cual parecía a ver aparecido de la nada, este vestía muy elegantemente vestido en color negro, su cabello sujeto por una cinta blanca en su nuca y una sonrisa cálida en su rostro, estaba hay de pie en medio de la calle como esperando la llegada de Schuldin, el pelirrojo tenia su mirada perdida en los profundos y hechizantes ojos negros de Alessandro, la gente pasaba a su alrededor, pero su contacto visual no se perdió, solo fueron segundos, que parecieron una mágica eternidad.
-No te gustaría mas, ¿Ir a cenar conmigo?, pregunto Alessandro en el oído de Schuldin, le había leído la mente y se había movido tan rápido, que sorprendió a Schuldin, los delgados brazos del joven de cabellos bicolor en su cintura, guiándolo suavemente hacia el otro lado de la calle.
-Me parece bien, él alemán había contestado sin siquiera pensar, su mente estaba demasiado en calma y algo distraída como para rechazar una invitación a cenar y más si la proponía una persona tan especial para él, y aparte después de todo, solo había comido algunos chocolates en todo el día, aun no recordaba por que lo que se iba a comer en la cafetería del edificio, donde se estaba realizando el evento al que había asistido, se había desaparecido, estaba tentado a adjudicarle la culpa al muñeco amarillo de la pequeña Sakura, después de todo, es extraño ver un muñeco de felpa al que le aparecen migajas en la cara de repente, o quizás también culpar al chico de cabellos grises y gafas que se habían entrado, que si mal no se equivocaba se llamaba Yukito, no es normal que una sola persona coma tanto, pero lo que importaba a hora es que no había comida y por ende tenia hambre
-Necesitas cambiarte de ropas, dijo Alessandro en el oído de Schuldin, lo tenia abrazado por la espalda.
-¿Por que?, pregunto Schuldin, no creía ir tan mal vestido, por lo menos no tan mal, como para no poder ir a cenar a cualquier lugar.
-Ya lo veras, dicho esto Alessandro arrastro a Schuldin, a una tienda donde vendía ropa formal para caballeros, y hay lo vistió a su completo antojo, un traje gris claro, que le quedaba perfecto, camisa blanca, zapatos negros, cambio la cinta blanca que sujetaba su cabello, por un cordón dorado, que resaltaba en su cabellera anaranjada, todo elegido minuciosamente por Alessandro, sin errar en la talla de ninguna de las prendas que le tendió a Schuldin.
-Mmm..., Alessandro veía fijamente a Schuldin, como si faltase algo, después de verlo de pies a cabeza, y desde todos los ángulos posibles, exclamo, -Una corbata, te hace falta, miro por toda la gran y elegante tienda y detuvo su mirada justo en lo que necesitaba, una sencilla corbata tinta hecha de hilos de seda, Alessandro tenia un exquisito y refinado gusto en todo, recordó Schuldin.
La pieza de color tinto estaba entre los largos y finos dedos de Alessandro, se acerco hasta Schuldin, él cual extendió la mano, para recibir la prenda, pero este no se la dio, sino que el mismo se la coloco, dejo la corbata sobre su hombro, le retiro el saco a Schuldin, lo dejo colgado sobre una percha cercana, giro de nuevo hacia su pequeño, levanto con cuidado el cuello de la camisa de este, paso la corbata lentamente por el cuello de su pequeño, y realizo el nudo de la corbata con gran destreza, reacomodo el cuello de la camisa, le paso de nuevo su saco, y lo observo otro par de minutos, hasta quedar satisfecho con su minuciosa inspección.
-Estas perfecto mi pequeño, dijo Alessandro, completamente feliz, de tener a su pequeño de nuevo y tenerlo vestido a su completo gusto, pago las ropas y dejo encargada la ropa que traía puesta Schuldin cuando entro.
Salieron a la calle, los dos chicos el mayor de cabellos negros y blancos abrazando todavía por la espalda al menor de cabellos anaranjados, la barbilla del mayor apoyado sobre el hombro del menor, la respiración rítmica y pausada de Alessandro tan cercana a Schuldin, lo hacia sentir tan cálido y protegido, como cuando era un niño.
-Hueles a niños y a chocolate, donde has estado jugando mi pequeño, le susurro el mayor a Schuldin en su oído, este le contó lo sucedido durante el día, omitiendo la discusión con Crawford, la cual ya casi había olvidado o simplemente no deseaba rememorar.
La cena fue en un uno de los restaurantes, mas reservados y elegantes de Tokio, donde no se permite entrar a nadie sin ninguna excepción, sin una previa reservación y la vestimenta adecuada, por ello el cambio de atuendo de Schuldin, la cena fue de lo más exquisito que había probado el paladar de Schuldin, o quizás ya se había acostumbrado demasiado a la comida rápida y a la que preparaba Nagi, fue acompañada con un vino que Alessandro escogió con gran maestría, aun que como era costumbre para Schuldin y Alessandro, cuando cenaban juntos, solo este ultimo era el que comía, se bebió una copa de vino, pero no toco nada de lo que le sirvieron.
La conversación fue de lo más amena, Alessandro recordaba los viejos tiempos, lo que había hecho durante todo el tiempo que no se habían visto, Schuldin se vio a sí mismo conversando de igual manera, de una forma agradable y amable, sin sus clásicos comentarios sarcásticos o sin siquiera intentar leer la mente de su acompañante, en si la cena fue del total agrado de los dos, principalmente por la compañía y hacia mucho que no compartían un momento juntos.
Terminada la cena, un lujoso convertible color plateado, esperaba a la salido, las llaves fueron entregadas a Alessandro, él cual no le quitaba las manos de enzima a Schuldin, lo obligo a subir al automóvil amablemente, ya en camino, una luz roja los detuvo, Alessandro se giro para mirar al sonriente Schuldin.
-¿Estas feliz? Mi pequeño.
-Si, hacia mucho tiempo que no me sentía, así, la luz verde apareció, estuvieron dando vueltas por casi una hora, hasta que Alessandro realizo una pregunta muy tentadora.
-¿Te gustaría ir a mi casa?, pregunto con voz sugestiva Alessandro, sin apartar la vista del camino, la pregunta sorprendió al alemán, la confusión de su cabeza estaba a punto de volver a desatarse, Alessandro sabía eso, y no iba a permitir que eso sucediera, no perdería a su pequeño por una duda, por una confusión.
-Él no té extraña, solo a jugado contigo, esas palabras resonaron en la cabeza de Schuldin, esas palabras se escucharon como sus propios pensamientos, -Él no me extraña, Yo no lo necesito, solo deseo regresar a casa, a mi verdadera casa, pensó Schuldin, la primera frase que había escuchado en su cabeza, solo había servido para que tomara una decisión, -Al diablo Brad, no, Brad no, al diablo Crawford, es mejor que me olvide de él, ya basta de hacerme ilusiones y de cegarme con un sentimiento que no es verdadero, es momento de vivir, de ser feliz como una vez lo fui, pensó Schuldin y su rostro que hacia unos momentos presentaba duda y a hora sonreía de nuevo. 
-Y siempre debiste ser, completo mentalmente para sí mismo Alessandro, le había estado leyendo sus pensamientos a Schuldin y a hora ya estaba seguro de haber recuperado a su niño, pero aun faltaba encargarse de un asunto, a él jamás le había gustado arriesgarse y mucho menos en algo tan importante como era su vida con su pequeño y amado Schuldin.
-Si, me gustaría mucho ir, contesto Schuldin con el extraño tono de voz que usaba de pequeño, el que estaba cargado de una mezcla de sentimientos indescifrables, pero que expresaba lo justo que él deseaba dar a entender.
-Eso era lo que deseaba escuchar, y Alessandro se sonrió, acelero el automóvil directo a su casa, no tardaron mucho en llegar, la casa era casi una pequeña mansión, de estilo occidental, de esas casonas que abundan a las orillas del río Missisipi, de dos pisos, de madera, pintada en color blanco, con grandes ventanas, un gran jardín, con hierba cubriendo todos los alrededores, cortada y cuidado con esmero, flores de diversos tipos, marcando el sendero de roca que conduce a la entrada, agrandes y antiguos árboles dispersos, Schuldin en cuanto vio el lugar, se sintió
transportado de regreso en la semi-mansión, en la cual un día compartió con Alessandro durante tanto tiempo.
-¿Vamos adentro?, le pregunto Alessandro, a Schuldin, al cual tenia abrazado de nuevo por la espalda, no lo quería, un segundo mas, lejos de él, sentía que si lo soltaba por solo un momento, desaparecería como una ilusión, le quería demasiado, y si lo perdía de nuevo, no sobreviviría a eso, por ello tenia que arreglar su asunto pendiente, lo mas pronto posible.
                
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La noche ya había caído, la habitación de Crawford, estaba en completa oscuridad, las cortinas cerradas, impidiendo el paso de la escasa iluminación del exterior, había dormido todo el día, gracias a las pastillas que había tomado, aun que tuvieron un efecto demasiado fuerte, ya que no debió haber dormido casi 12 horas, despertó por culpa de un mal sueño.
En su sueño había visto, a un chico de su edad, de cabellos negros y blancos muy largos, el cual tenia abrazado a su Schuldin, este ultimo se veía sumamente bien con ese traje gris y esa sonrisa que parecía tatuada en su rostro, pero lo que había convertido su sueño en pesadilla, era haber visto, como ese tipo se llevaba lejos a Schuldin.
-No quiero que se vaya, no quiero, pensaba Crawford, sus puños fuertemente cerrados, -¿Por qué te afecta tanto una simple pesadilla?, pregunto de nuevo esa vocecita, que últimamente no le dejaba tranquilo, -Porque quizás esto aya sido una premonición y no quiero que se vaya, se contesto mentalmente a sí mismo Brad  -Ho ya veo, y ¿Para qué quieres que se quede?, solo le aras mas daño, o crees ser capaz de decirle lo que sientes, vamos, ni tu mismo te creerías esa mentira, no eres capaz de expresar afecto por nadie, eres demasiado frío e inflexible, no te permites demostrar nada y eso a sido lo que te alejo de él, dijo de nuevo esa vocecita, hablando de nuevo con su calma extrema y siempre diciendo los argumentos justos, para quebrarle la mascara de Brad, dejando a un pequeño niño en su lugar, él cual no sabe que decir para defender lo que piensa.
-Yo... yo puedo cambiar, yo puedo ser lo que Schuldin necesita, pensó con esperanzas Brad, si quizás tenia una esperanza, -Si quizás puedas, pero Schuldin quizás ya tiene a alguien más, será difícil recuperarlo, se nota que se quieren mucho, dijo la vocecita, de nuevo el comentario justo para dejar a Brad, con dudas y miedo en su cabeza.
Harto de esa conversación consigo mismo, el americano se levanto de golpe de su cama, se metió al baño a enjugarse el rostro, aun tenia expresión de dormido, pero con el agua se borro, salió de su habitación, necesitaba distraer su mente, atrofiarla con lo que fuera, llego ala sala, donde no había nadie, pero el televisor le llamaba, se tiro sobre el sillón que estaba de frente al aparato, tomo el mando a distancia y comenzó a ver que había en la pantalla.
Así estuvo toda la noche, viendo la televisión, sin realmente ver nada en ella, ningún programa le llamaba la atención, cada canal que veía le recordaba en algo a Schuldin, llego un momento en que estuvo tentado a arrojar el aparato por la ventana, pero desistió cuando cayo en cuenta que ya eran las 7:00 AM y él pelirrojo no había aparecido por la casa, de eso estaba completamente seguro, había revisado la habitación de Schuldin antes de ponerse a ver la televisión.
-¿Dónde estas Schuldin?, se pregunto mentalmente Crawford, comenzaba a preocuparse por el alemán, antes no le habría importado que este hubiera desaparecido, incluso por una semana, pero a hora, cada segundo que no sabia donde estaba se le hacia una condena eterna, pero su imagen seguía siendo la misma, él frío y calculador líder de Schwarz,
-¿Dónde esta Schuldin?, la misma pregunta que se había hecho Brad, se repetía, pero el que la hacia era Nagi, él cual bajaba con el pijama de color azul celeste y unos gatitos blancos, Brad miro a Nagi y casi se pone a reír, por recordar la maldad que le había hecho Schuldin al integrante mas joven del equipo, pero reprimió incluso el inició de su sonrisa, cuando su mente termino de procesara que le habían realizado una pregunta.
-No lo sé, aun no regresa, contesto Crawford, con su usual tono de voz, de me vale un comino que este sucediendo con Schuldin y si esta muerto mejor.
-En ese caso, solo hare desayuno para tres, sin decir nada mas se fue a la cocina a prepara el desayuno para los que estaban presentes, aun que antes tendría que limpiar la cocina, ya que Farfarello se había puesto a jugar con la licuadora de nuevo, así que había manchas de color rojo, por el piso, la mesa y en general casi toda la cocina.
De todo lo anterior hacia ya casi una semana, Crawford estaba que se moría por no saber nada de Schuldin, pero su ego aun no permitía que se notara en lo mas mínimo si la ausencia del pelirrojo le dolía, haciendo uso sé toda su fuerza de voluntad logro sobrevivir esa semana, sin salir como un loco a buscar a Schuldin por todo Tokio.